Pity Martínez se va cómo ídolo y soñando con una vuelta a River

Pity Martínez tuvo una gran despedida de River y se ilusiona con volver algún día
Pity Martínez tuvo una gran despedida de River y se ilusiona con volver algún día Fuente: Reuters - Crédito: Suhaib Sale
Pablo Lisotto
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22 de diciembre de 2018  • 23:59

ABU DHABI, Emiratos Árabes.- La última locura del Pity Martínez con la camiseta de River será emular esta tarde el gol que sentenció la final de la Copa Libertadores con Boca en el Santiago Bernabéu. Sin embargo, antes de subirse al avión y dejar atrás el periplo del campeón de América por tierras árabes, el N° 10 dejó un regalo de Navidad anticipado, y hasta le puso moño.

Su golazo de emboquillada, que sirvió para sellar el cómodo 4 a 0 sobre el Kashima Antlers japonés y permitirle al Millonario subirse al tercer escalón del podio del Mundial de Clubes, resume toda la clase y la categoría del volante, una pieza importante del plantel que dice adiós.

"Me voy feliz, de la mejor manera, quería terminar jugando. Es emocionante. No vinimos a buscar este tercer puesto, queríamos ganar, pero por lo menos subimos al podio. Se lo merecía toda esta gente que vino a vernos desde la Argentina. Sé que hice las cosas bien en el club, soy un agradecido a River porque me permitió crecer como jugador y como persona. Sé que el día de mañana voy a volver", prometió el Pity, que en el festejo de su obra de arte, la que selló el resultado, escribió con sus manos una letra P, para dedicárselo a su hija Pilar, como siempre.

Fuente: AP - Crédito: Hassan Ammar

Tan capaz de bailar desaforado, bajo la lluvia y frente a los hinchas de River en Porto Alegre, al ritmo de la canción que lo tiene como protagonista y dice "El Pity Martínez, qué loco que está", para celebrar el agónico pase a la final, como de ponerse serio y saludar a los familiares de los cuatro hinchas de Boca fallecidos en la ruta, cuando iban a la Bombonera para presenciar la ida, el lluvioso 10 de noviembre, Martínez le reconoció a la nacion este año que había cambiado y que eso le había permitido madurar. No solamente para estar metido en las cosas superficiales del mundo del fútbol, sino que también para tomar dimensión de la trascendencia de sus actos, tanto dentro como fuera de la cancha.

"Vamos a extrañar sus pases, su cambio de ritmo, su buena onda con el grupo. Tenemos que disfrutar estos últimos partidos", le decía Exequiel Palacios a la nacion hace unos días, cuando todavía todo era ilusión grande en Al Ain. Por eso, a pesar de que comenzó como suplente, era un hecho que el Pity iba a despedirse jugando. Y lo hizo durante los últimos 21 minutos, cuando ingresó por De la Cruz.

Es una huella grande la que deja Martínez. No solamente por lo que destaca su compañero Palacios, sino porque para el hincha de River hablar de él es hacerlo del protagonista y goleador de esta racha exitosa frente a Boca. En este 2018 sentenció el 2-0 en Mendoza, por la Supercopa Argentina, el 2-0 en la Bombonera, por la Superliga, y el 3 a 1 en el Santiago Bernabéu, por la final de la Copa Libertadores. Histórico y muy difícil de igualar. "No sé si verdugo. Sí sé que trato de disfrutar estos partidos. Sabemos que ante Boca no jugamos el partido perfecto, pero cumplimos con lo que nos pidió el técnico y yo soy uno más. En todos los partidos trato de dar lo mejor. Trato de dar la cara en los partidos importantes", resumió en mayo, tras la victoria por el torneo local en la Bombonera.

Pero no fue un camino de rosas el del Pity en River. Al comienzo se le hizo muy complicado imponerse al exHuracán. No pincharse con las espinas de un grupo de fanáticos que no le tenían paciencia, y que murmuraban cada vez que tocaba la pelota. Porque para colmo las cosas no salían como había planeado y la adaptación costaba más de lo frecuente.

Martínez llegó a River en enero de 2015, a cambio de $ 40 millones que fueron a las arcas del Globo. En su primer año convirtió cinco goles en 49 partidos, sin regularidad ni actuaciones destacadas. Y en 2016, redondeó 6 en 37 juegos. Los murmullos de la Belgrano Baja comenzaron a incomodarlo. Y reaccionó, de un modo poco recomendado: en febrero de 2016, en un River-Quilmes, anotó un golazo desde afuera del área y se lo dedicó a ese grupo, llevándose el dedo índice a la boca, en un claro gesto de silencio. De decirles "miren cómo los callé". Aún hoy, Martínez lamenta esa reacción, pero fue la que le salió en ese momento. Además, ese mismo día sintió un espaldarazo grande de parte de Marcelo Gallardo, quien lo apoyó en la conferencia de prensa posterior. Ahí comenzó el despegue, que terminó siendo un trampolín para su carrera y un lugar especial entre los ídolos del club.

El golazo tras picar la pelota

El hombre que le debe su apodo a un ave característica de Mendoza llamada Pititorra decidió abrir un paréntesis en su historia con River para buscar nuevos desafíos en el Atlanta United, de la MLS estadounidense, mientras espera seguir siendo considerado como uno de los baluartes del proceso de refundación de la selección argentina.

Desde suelo norteamericano seguramente seguirá ligado a River, un club en donde tuvo la suerte de coincidir con un proyecto trazado a largo plazo y con Gallardo a la cabeza, lo que le permitió potenciarse como futbolista.

No será tampoco sencilla su adaptación a un fútbol en constante crecimiento, pero al que le falta el calor y el color y la pasión de la Argentina. Pero lo mejor que puede hacer River es soltarlo y dejarlo que vuele, con la ilusión de que algún día regrese. Como una Pititorra.

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