Prátola: un hombre que sigue aferrado a la vida

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25 de agosto de 2001  

"Con el cáncer me pusieron una piedra en el camino y me dijeron: arreglátela."

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LA PLATA.- La mirada de Edgardo Fabián Prátola se pierde en uno de los tantos picados infantiles que se juegan en el country de Estudiantes en City Bell. Parece que mira algo, pero en realidad repasa cada momento por el que transcurre la charla, hasta que ésta llega al final... y se confiesa: "Disculpame si no te miré, pero no quería emocionarme". Hace cinco meses que Prátola convive con el cáncer de recto -el 12 de marzo de este año jugó su último partido en la victoria de Estudiantes sobre Gimnasia por 2 a 1- y desde ese momento toma la vida con otra filosofía. Aquellos martes de entrenamiento fueron sustituidos por sesiones de quimioterapia y análisis médicos y los domingos cargados de pasión guardados en un rincón de su corazón.

Desde hace algunos días Prátola, de 32 años, empezó a trotar con la ilusión de volver a jugar y así dejar atrás esa sombra que lo acompaña. Está convencido de que saldrá adelante y de que su vida recuperará el color. "Aún me quedan cuatro sesiones de quimioterapia, que son muy duras, porque termino con muchos dolores. Después de cada sesión me quedo dos o tres días bajoneado, pero el apoyo de mi familia y de mis amigos me permite juntar fuerzas para salir adelante.

-Desde que te descubrieron la enfermedad, ¿encontraste diferencias con el trato diario?

-Claro que noté diferencias. No tanto en mi familia, que es muy unida, pero sí con relación a la gente que apenas conocía o que directamente no conocía. Muchas de ellas me acercaron imágenes religiosas o remeras con inscripciones. Hasta el periodismo mismo cambió.

-¿Te molesta que hoy te haga una nota porque tenés cáncer y no porque jugás al fútbol?

-Para nada y lo tomo bien. Eso sí: no me gustaría que me tomen como conejito de Indias ni que me expongan como un muñequito; por eso me negué a ir a los programas de televisión que no tienen nada que ver con el fútbol. Siempre está ese que te quiere mostrar como un bicho raro para levantar el rating. Yo soy futbolista y me gustaría que me conozcan como tal, pero no porque tengo una enfermedad. Pero se dio así. Ahora, si mi testimonio sirve para alguien que está pasando por esto y le da ánimo, bárbaro. Soy el tipo más feliz del mundo.

-¿Cuál fue el encuentro que más te impresionó?

-Un día fue a mi casa un chiquito de ocho años a llevarme una estampita religiosa y a pedirme que tenga fuerza para curarme. Ese chiquito tiene leucemia. Entonces uno se pregunta: ¿existe Dios? A mí me pusieron una piedra en el camino y me dijeron: arreglátela.

-¿Sos religioso?

-Soy católico, pero no practicante. Además, respeto a todas las personas de las otras religiones. En cuanto a mi relación con Dios, soy más de agradecer que de pedir. A él le agradezco cuando me despierto de poder disfrutar de un nuevo día y de mis hijas.

-¿Sin remordimientos con Dios?

-Lo tomo como que me puso una piedra en el camino. Si te ponés a hacer preguntas no vas a encontrar respuestas. Te podés preguntar mil cosas: ¿por qué a mí?, ¿por qué esto?, ¿por qué ahora y no cuando tenga setenta años? Mis viejos también se preguntarán: "¿por qué a mi hijo y por qué no a mí? Y no tenés respuestas. Por eso, trato de agradecer y no pedir.

-¿Alguna vez te llamaron de un hospital para ir a darles ánimo a los que pasan una situación similar?

-Una vez me llamaron para visitar a unos chicos carecientes y discapacitados; yo tenía muchas ganas de ir, pero cuando se lo comenté a mi médico me recomendó que no fuera porque iba a ver cosas muy duras que iban a empeorar mi estado anímico.

-¿Cómo te enteraste?

-Cuando me hice los estudios ya lo sabía toda la gente de La Plata, menos yo. Con Gimnasia jugué con cuatro kilos menos. Tenía que tomar laxantes para ir de cuerpo y llegó un momento en que le dije al médico de hacer los estudios. Me operé a los diez días y ahí se enteró mi mujer (Ana Laura), que estaba embarazada de ocho meses de Iara, y Micaela, de tres años. Diez días más tarde me enteré yo; mi mujer se puso a llorar. El médico me lo dijo y pensé que era boleta, que ya estaba, que no iba a poder disfrutar a mis hijas. Pensaba todo malo. Llegué a mi casa y cuando abrí la puerta estaba mi nena con mi cuñada viendo una película, y me dije: "No me puedo quedar. Tengo que salir a pelearla también por la que venía".

-¿Cómo viviste el nacimiento de tu hija?

-Fue lo único lindo de todo el año. Con la llegada de mi hija la cosa comenzó a aclarar. Algo bueno hay detrás de todo esto. Un motivo más para pelear.

-¿Se te cruzó por la cabeza la posibilidad de no tener a tu hija en brazos?

-No, porque ya era muy reciente todo. Sí pensé que no la iba a ver gatear, caminar, andar en triciclo. Esas cosas se me cruzaron y es hasta el día de hoy que también lo pienso. Pero esto es muy común, porque en cada pensamiento se me cruza algo malo.

-¿Sentís que la muerte está más cerca?

-No, no lo decía en ese aspecto. Es que tiempo atrás decías cáncer y era sinónimo de muerte. Gracias a Dios me estoy dando cuenta de lo que avanzó la medicina y de la cantidad de tratamientos que hay y de que se puede curar. A veces te tienen que dar un cachetazo para darte cuenta que las cosas tienen solución, que hay gente que piensa en el prójimo, pese a todos los quil... que arrastra la sociedad. También pensás que puede volver la enfermedad.

-¿Te encerrás y llorás?

-Me pasó, muy pocas veces, pero me pasó. No sé si lo hago para desahogarme, porque en su momento, cuando me enteré, no reaccioné y lo tomé con mucha naturalidad. Pero después aparecieron esos dos o tres momentos en los que me quebré y lloré solo, porque no quería poner mal a los que estaban a mí alrededor.

-¿En algún momento dijiste: "Basta, hasta acá llegué"?

-No, no, no, para nada. Más que por mí, por las nenas. Siempre las tengo presentes, como a mi señora. Trato de curarme por ellas. Vivo por ellas y todo lo que haga lo haré para que ellas vivan tranquilas y felices.

-¿Hoy de qué vivís? ¿Tenés contrato?

-Terminó cuando concluyó el torneo. Mi pase pertenece a una gente de México. Por pedido de Craviotto, Estudiantes me ofreció un contrato para estar ligado al cuerpo técnico, pero no quise. Me había embalado, pero pensándolo fríamente, con el tratamiento, que es un poco duro, no hubiese podido cumplir los horarios o venir en días de frío y lluvia. Entonces prefería decirle que no. Entonces le dije: "El country es mi segunda casa y me van a tener que sacar a patadas de acá", pero prefiero no comprometerme con algo escrito.

-¿Cómo te movés? ¿La gente de México te paga?

-No. El dueño de mi pase,Valente Aguirre, no me llamó nunca. No sé si está enterado de mi situación y jamás me llamó. Yo estuve allí desde 1996 hasta 1999, y Aguirre posee el ciento por ciento del pase. Después jugué una temporada en Unión y otra en Estudiantes.

-¿Y la parte económica?

-Me preocupa. Gracias a Dios pude ahorrar algo. Pienso en eso porque soy joven, y si no juego al fútbol tengo que vivir de otra cosa para mantener a mi familia. Me di plazo hasta fin de año para ver en qué puedo invertir o cómo conseguir algún ingreso. Si puedo jugar al fútbol el año próximo, explotaré mis últimos cartuchos. También tenía pensado hacer la carrera de DT, pero con lo de la enfermedad se complicó. El año que viene sí lo voy a comenzar.

No hubo más; casi no hacía falta. Prátola se fue a trotar. Con él, un hombre lleno de vida .

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