Pura resignación en la victoria de Quilmes

Batió a El Porvenir 1 a 0, pero no le alcanzó; el público, conforme
Francisco Schiavo
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28 de diciembre de 2001  

El aplauso escondía resignación. No había bronca en el ambiente, pero sí lamentos por un campeonato que, esta vez, no se perdió en el último escalón sino con sucesivos tropiezos anteriores. El público de Quilmes reconoció la labor de los jugadores de su equipo, que cumplieron con su tarea y vencieron a El Porvenir por 1 a 0; aunque el esfuerzo no alcanzó para concretar el sueño de primera.

El cometido que se proponía Quilmes requería convicción y, por otro lado, algo de suerte en otro estadio. El primer aspecto lo cumplió, porque el impulso inicial tuvo una rápida recompensa con el gol de Lucas Sparapani, a los cuatro minutos del primer tiempo. En ese primer cuarto de hora, el equipo de José Maria Bianco mostró lo mejor de su repertorio, sustentado en algunas buenas actuaciones individuales, y dejó sin reacción a El Porvenir (dirigido por Caruso Lombardi, que revisó su renuncia y seguirá en el cargo).

Pero no fue, por cierto, más que un arrebato que duró muy poco. Porque cuando en el sur de la provincia de Buenos Aires se escucharon los ecos del primer gol de Olimpo, desde Bahía Blanca, marcó el fin de la ilusión quilmeña.

De allí en adelante, el encuentro estuvo signado por la mediocridad y la intrascendencia. Y las diferencias que había al comienzo del encuentro entre los dos equipos se desdibujaron. En Quilmes, apenas se destacaron Sparapani, que condujo con corrección, y Lupidio, que aunó criterio y sorpresa por el sector izquierdo. Eso sumado a algunos pocos destellos del Chori Domínguez, que volvió a jugar tras estar cinco meses inactivo.

El final, se dijo, fue de resignación. Pero también de conformidad, porque el esfuerzo requerido se cumplió. Esta vez, no había nada para recriminar.

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