Racing, un equipo nuevo que logró solidez rápidamente

Se hizo fuerte en el juego colectivo, pese a que encaró el Apertura con diez incorporaciones
Francisco Schiavo
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4 de diciembre de 2001  

Con los resultados a la vista, cualquiera hablaría de una ingeniería futbolística detallada y cuidadosamente diseñada. Se trata de Racing, cuyas desventuras de 35 años en el ámbito local están a punto de quebrarse con el título en el Apertura. El conjunto de Avellaneda impuso su liderazgo a puro coraje y con un aceitado andamiaje colectivo. Llamativas virtudes para un grupo renovado, que se completó pocos días antes del debut.

El recambio se produjo tras el Clausura 2001. La Academia esquivó la zona de promoción y se liberó de la congoja del riesgo en las últimas fechas. Varios futbolistas emigraron en junio. Gastón Sessa, Andrés Bressan, Pablo Contreras, Sergio Zanetti y Osvaldo Canobbio, entre los titulares más nombrados. Ante el éxodo, y con la amenaza del bajo promedio, el DT Reinaldo Merlo clamó por refuerzos. Los nombres se sucedieron. Aunque no con la celeridad pretendida...

En una época de ajustes y de restricciones, la institución de Avellaneda sumó diez caras nuevas. Gustavo Campagnuolo, voz de mando desde el arco; Francisco Maciel, con capacidad para ocupar varios puestos; Gabriel Loeschbor, fundamental en el juego aéreo; Martín Vitali y Gerardo Bedoya, marca y proyección, y Gustavo Barros Schelotto, una ayuda en la conducción.

El recambio cobró importancia en la campaña. Alexander Viveros, Leonardo Torres y Rafael Maceratesi ingresaron y anotaron goles importantes. Cristián Ríos fue el primero en llegar y ni siquiera fue suplente.

Merlo ensambló los engranajes en tiempo récord, casi a contra reloj. Sólo tres de los refuerzos realizaron la pretemporada en Mar del Plata: Ríos, Maciel y Torres. Sobre la marcha, amalgamó las piezas flamantes con las de la vieja guardia. Bedoya cerró la lista el 9 de agosto último, ocho días antes del comienzo del Apertura.

Nadie dejó entrever ambición en los objetivos; se habló de desterrar los miedos del descenso. Alejado de los lujos, el conjunto se fortaleció desde el aspecto colectivo. El promedio se engrosó y, con bajo perfil y sigilo, se instaló la obsesión por el título.

"El rápido funcionamiento se consiguió por la experiencia de los refuerzos", dijo Maximiliano Estévez, un hombre de la casa. Barros Schelotto opinó: "El grupo nos recibió bien y no hubo diferencias; los resultados quedaron a la vista".

Pese a la cantidad de nombres, no hubo un gasto desmesurado. Racing sólo compró a Loeschbor, en casi US$ 1.100.000. El resto llegó a préstamo. Así Racing cimentó sus pretensiones de gloria. La construcción del equipo fue veloz, aunque no por eso menos sólida.

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