Racing ya no es la metáfora del país

Claudio Mauri
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9 de diciembre de 2001  

Uno de los pocos, si no el único, fenómeno festivo popular y masivo que hoy por hoy se puede encontrar en el país corre por cuenta del equipo de Racing y su gente. Si en los bancos hay serpenteantes colas que esperan una respuesta para su incertidumbre y desconfianza, en la cancha de Racing hubo largas hileras para satisfacer su jolgorio y expectativas con una entrada que habilite para ser testigo de lo que hoy puede ser un día histórico: celebrar un título local después de 35 años.

En un país angustiado y paralizado, Racing se moviliza con la propulsión que da la euforia. Sin que la ansiedad destruya el apotegma de Mostaza Merlo: "Paso a paso". Una frase que se hizo música para la hinchada de la Academia, sobrada en las últimas décadas de peregrinaciones infructuosas, rumbos aciagos y saltos al vacío sin red.

En los últimos tiempos existió la tentación de ubicar a Racing como la metáfora de la Argentina. No sólo porque comparte los colores de su camiseta con los de la bandera nacional. También por el sufrimiento, la decadencia, la irresponsabilidad dirigencial, las promesas incumplidas, la defraudación a la ilusión de la gente...

El Racing de estos días se despega de la cenagosa situación del país. Hizo su reconversión con beneficios tangibles. Puso en práctica su "blindaje", si por esto se entiende un equipo que nunca renuncia a organizarse para que en su campo no pase ni el aire. Con el correr de las fechas llegó el "megacanje", porque de qué otra manera se puede calificar esa mudanza de tantos años de desventuras a este presente tan promisorio. El "canje de la deuda" ya lo había realizado a principios de año, cuando el gerenciamiento recibió un pasivo depurado y a cancelar en el largo plazo. Sin necesidad de acumular riqueza o grandes reservas a la hora de contratar refuerzos, el equipo fue subiendo en la cotización, sin "devaluarse" en personalidad ni enjundia. Cuando se "bancarizó" en los segundos tiempos también lo hizo por necesidad, pero sacó réditos sin demoras con los ingresos de los suplentes Maceratesi o Torres.

Esta analogía no es más que una licencia periodística, en la que el fútbol es inescindible del componente social y la mayor de las veces actúa a modo de espejo. Sucede que en esta ocasión, el fútbol, a través del humor de Racing, es una isla dentro de una sociedad que orilla el desconsuelo.

Los hinchas de Racing no son marcianos. Les toca vivir en un país que todos los días amanece con una preocupación. Anoche se acostaron con la esperanza de que hoy o en el futuro inmediato pueden ser campeones. Pueden ser felices por un rato. El riesgo Racing es un índice del pasado.

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