Ramón Díaz se está quedando cada vez más solo

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
Los jugadores no le responden y los hinchas dudan; la dirigencia hace mutis y la que está por llegar se reserva un margen de acción
Ramón no tiene el apoyo de antes
Ramón no tiene el apoyo de antes Fuente: Archivo
(0)
27 de noviembre de 2013  • 11:15

Quizá haya sido demasiado el peso que Ramón Díaz aceptó soportar, allá por noviembre de 2012. Se creyó más fuerte e invulnerable que lo que la realidad le está demostrando. Pretendió abarcar más de lo que podía. Llegó hace un año para quitarles presión a los jugadores, para liberarlos de angustias e inseguridades. El desafío también incluía rescatar a un Passarella que se desmoronaba por todos lados. Hoy, el Pelado está con los hombros vencidos, con síntomas de agobio y abatimiento. El plantel no le responde y el presidente se fue a Europa tras firmarle una renovación de contrato por dos años que se transformó más en un problema que en una solución.

Los jugadores no le responden, el hincha duda, la dirigencia que sale hace mutis y la que está por llegar se reserva un margen de acción

Ramón transmitió ayer la sensación de que se está quedando solo en la que es su casa, en la que tanto se lo esperó y a la que él tanto deseó volver. Pocas situaciones más desmoralizantes. El compromiso con los jugadores se fue disolviendo al ritmo de los incontables cambios de esquemas e intérpretes. La dirigencia que se va hace mutis y la que está por venir quiere reservarse un margen de acción, lo empieza a tratar como Díaz, un técnico que debe rendir cuentas, y no como Ramón o El Pelado, un prócer intocable. El hincha duda, no quiere ser ingrato con el pasado glorioso, pero tampoco pecar de complaciente o distraído con este presente tan sombrío. Herir los sentimientos es más doloroso que un flojo campeonato.

Suena muy desagradecido y tremendista que un mal semestre cuestione y ponga en la cuerda floja al director técnico que en los seis años de los dos ciclos anteriores se constituyó en el más ganador de la historia. El entrenador que fue añorado y por el que una gran parte de River suspiró durante 10 años para que un día regresara. El que durante el primer semestre pareció sentar las bases de algo muy diferente de lo que está pasando.

River lo esperó como un salvador, pero ahora se contagia de la incertidumbre y los nervios que el propio Ramón transmite. Tanta es su influencia, ya sea para lo positivo como para lo negativo. Ramón potencia todo. Se equivocó con la elección de los refuerzos, muchos de los cuales (Ferreyra, Fabbro, Menseguez) están más asociados a la amistad con su hijo Emiliano que a un nivel que haya justificado sus contrataciones. Ramón debería haber aprendido que el nepotismo lo desestabilizó de San Lorenzo, cuando incorporó a Emiliano y Michael, quienes por entonces todavía eran jugadores.

Más que mostrarlo seguro y con las ideas claras, las últimas declaraciones lo describen como alguien que perdió el control de los acontecimientos, contradictorio, perseguido. ¿Por qué acepta la renovación de un contrato y a los pocos días dice que lo pone a consideración de la futura dirigencia? Afirmar que dirigiría gratis es la respuesta más destemplada e inverosímil a la filtración de las cifras que cobrarán él y su hijo. Poco tiempo medió entre la proclamación de "caudillo riojano con huevos" y esta versión más claudicante de ayer.

Su conferencia de prensa sonó a un pedido de auxilio, a un llamado para que alguien le tienda una mano. Quizá quiera despertar a los jugadores, en dos partidos en los que no se juega nada y se juega mucho a la vez. Quizá pretenda llegar a los hinchas, con la ilusión de que el domingo en el Monumental se escuché un fuerte respaldo, como el que Bianchi recibió hace tres días en la Bombonera. El Ramón todopoderoso de hace un año está mucho más debilitado. Creyó que podría solo con todo, y ahora experimenta que esa soledad lo está aislando de River.

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.