Revuelo de selección: entre el operativo DT y las operaciones para ser DT

Fuente: Archivo
La designación del técnico del seleccionado está viciada por la lucha de poder entre dirigentes y campañas que postulan a entrenadores; hoy, Armando Pérez se reuniría con Russo
Claudio Mauri
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20 de julio de 2016  • 23:59

La verdad no sólo es la primera víctima en una guerra, sino también la primera sacrificada en esta tumultuosa secuencia (des) informativa que acompaña a la designación del reemplazante de Gerardo Martino en el seleccionado argentino.

Quien siga mínimamente el caso está en todo su derecho a sentirse desorientado y confundido. ¿Quién puede ser el entrenador? Se revolean nombres como José López lo hacía con los bolsos atiborrados de dólares en la vereda del convento. ¿Quiénes lo van a elegir? Debería ser el Comité de Regularización: hoy, Armando Pérez se reuniría con Miguel Ángel Russo. Pero cuidado, porque alguien puede hacer bajar su influencia desde el Gobierno, o puede tener cabida un ex futbolista del seleccionado ahora investido de dirigente con una visión más global y europeísta, como Juan Sebastián Verón, u otro dirigente con calle y barrio, que fue y vino del fútbol a la política, como Nicolás Russo, presidente de Lanús.

Una de las campanas, el presidente de uno de los clubes más importantes de la provincia de Buenos Aires, dijo anoche con tono quejoso: “No nos llamaron más ni volvimos a tomar contacto. Armando [Pérez] está manejando ese tema, así que no hay mayores novedades. No hablamos con él. Según nos enteramos, lo de Bielsa no tiene mucho fundamento, así que no me extrañaría que todos los caminos lleven a Russo. Pero a nosotros nadie nos consultó ni nos dijo nada”.

Lo seguro es que en este maremágnum nada es inocente ni desinteresado. Desde directores técnicos ávidos de tener exposición en los medios para postularse, hasta dirigentes que en esta puja de poder intentan imponer a su candidato para ganar espacio.

No tiene nada de malo que un director técnico manifieste públicamente su deseo de dirigir al seleccionado. Es una ambición lógica, para muchos una suerte de posgrado en una carrera de años por varios clubes. Algunos lo hicieron de manera desembozada, como Maradona (“dirigiría gratis”) y Caruso Lombardi (Martino no había terminado de renunciar y él ya tenía pantalla para mostrar cómo estaría integrado y jugaría su equipo), y otros apelan a una velada discreción, como Russo, Ramón Díaz, Bauza y Gallardo. Curiosamente, el único nombre que se menciona sin que se le vea un pelo ni se lo escuche ni mande emisarios de prensa es el de Bielsa. Quizá también es el único cuyo prestigio no necesita un aparato comunicacional a su servicio.

Cuánto hay de información fidedigna y cuánto de operación de prensa es una tarea de entomólogos. Es otra de las consecuencias post Grondona, que centralizaba en su figura la elección y la negociación. Un estilo que configuraba los males opuestos a los de ahora: Julio hablaba y el resto se limitaba a hacerle eco, sin debatir ni, mucho menos, contradecir. No hubo mayor demostración de absolutismo de parte de Grondona que cuando le ofreció la renovación a Bielsa tras el fracaso del Mundial de 2002. Más allá de si era una medida acertada o no, la voluntad de Grondona aplastó a una mayoría de dirigentes que estaba en desacuerdo. Ahora asistimos a un ateneo de voces que son más ruido que discurso oficial.

Todo se reduce a una ensalada de nombres, sin importar que representen estilos futbolísticos diferentes ni evaluar la conveniencia o no de continuar con la identidad de juego que buscaba Martino. Que Bielsa, Bauza y Russo formen parte de una misma paleta de candidatos refleja la dispersión.

Estamos lejos de discusiones superadoras como la que ahora se da en España, que a poco de comenzar las eliminatorias europeas debe designar técnico. El elegido tiene la misión de preservar la línea de juego que desarrollaron Aragonés y Del Bosque, un ciclo de 10 años, el mismo que lleva adelante Alemania, primero con Klisnmann y ahora con Löw, que fue confirmado hasta el Mundial. Acá no hay filosofía, sino un incendio tras otro (renuncias de Messi y Martino) y un montón de bomberos que se pisan la manguera.

cm/jt

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