Rivaldo v. Günes

El volante brasileño disfruta en la antesala del gran choque, mientras que el entrenador de Turquía se muestra ambicioso por conseguir un triunfo; también pidió que los árbitros no se equivoquen
Daniel Arcucci
Claudio Mauri
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26 de junio de 2002  

El conductor

Rivaldo, el hombre clave

SAITAMA, Japón.– Apareció caminando como sólo él lo hace, bamboleándose sobre sus piernas extremadamente chuecas, y habló con una sonrisa colgándole todo el tiempo de la cara. Son momentos de revancha, éstos, para Rivaldo y los está disfrutando. En definitiva, es lo que había buscado desde hace mucho tiempo, más todavía cuando empezaron a arreciar las críticas para el equipo en general y para él en particular. Entonces, era lógico que dijera lo que dijo, en la vigilia de la semifinal contra Turquía: “Por ayudar a la selección juego de cualquier cosa”.

–¿Hasta de arquero?, se le preguntó.

–Sí, de arquero también.

Y la reflexión no tenía tanto que ver con el susto que les había dado su compañero Marcos, sino con su disposición para ponerse esa camiseta verdeamarela que sigue enriqueciendo su historia. Son 17 participaciones sobre 17 Copas del Mundo y quizá con eso solo pueda entenderse cómo los brasileños acumulan récord tras récord en el libro grande de esta competencia: al gran sueño de festejar el pentacampeonato le agregan pequeñas perlas, como la posibilidad de que Cafú se convierta en el primer jugador en el mundo en disputar tres finales consecutivas o que el mismo Rivaldo se transforme en el más letal de los goleadores en serie, ya que acumula cinco tantos en otros tantos partidos y, si convierte en los dos que le restan –le queda la alternativa de la final o el encuentro por el tercer puesto–, sería definitivamente inigualable. Igual, no debería llamar la atención lo que dijo sobre el tema: “No pienso en eso; prefiero ser campeón del mundo antes que llegar a esa marca”.

–¿Pero no te atrae quedar en la historia?, se le consultó.

–Ser campeón del mundo marcaría toda mi carrera y eso es lo que queda en la historia.

Pero aquella marca lo tiene a él, hoy, compartiendo el mismo escalón del podio con el portugués Eusebio, el alemán Gerd Müller, el italiano Salvatore Schillaci y el búlgaro Hristo Stoitchkov. Si señal aun tanto más, contra los turcos, igualaría al francés Just Fontaine, que lo hizo en Suecia 58, y a su compatriota Jairzinho, que lo logró en México 70. Y con otro en la despedida se convertiría –lógicamente– en un jugador único.

Hasta aquí, con pinceladas de su talento, viene demostrando serlo. Su raid goleador, al ritmo de uno por partido, incluye como víctimas a Turquía (87 minutos, de penal, el del triunfo; 2-1), China (32 minutos, el segundo; 4-0) y Costa Rica (62 minutos, el cuarto; 5-2) en la primera rueda; a Bélgica (67 minutos, el primero; 2-1) en los octavos de final, e Inglaterra (47 minutos, el primero; 2-1), en los cuartos.

Tan contundente es lo suyo que, de a poco, empiezan a desdibujarse las sombras de aquel primer encuentro, justamente contra los turcos, que lo tuvo a él como protagonista: además de marcar el gol tras un controvertido penal a Luizão –la falta fue vista sólo por el juez coreano Kim–, provocó la expulsión de Unsal, al simular y exagerar una supuesta agresión. Volver a enfrentarse con los turcos significa para él un regreso a todas aquellas imágenes. Por eso, no llama la atención lo que dijo: “Desde el momento en el que pasó, allí quedó. Es pasado”.

–¿Imaginás que los turcos vendrán con más ganas por su sed de revancha?

–Sólo quiero pensar en que juguemos nuestro fútbol.

Volvió a sonreír y se marchó, bamboleándose sobre sus piernas chuecas. Las mismas que calzarán esos ya característicos botines blancos, con dos nombres impresos en cada uno de ellos: Rivaldinho en el izquierdo, Thamirys en el derecho. Son sus hijos. Seguramente pensará en ellos si, en las próximas horas, ingresa en la historia de las marcas futboleras más asombrosas.

Aunque él diga que el tema no le importa demasiado.

El estratego

Günes está confiado

SAITAMA, Japón.– Senol Günes disfruta de una revancha personal, pero no sale a devolver los misiles con que lo atormentó la prensa y parte de la pasional afición turca.

Ni siquiera haber conducido al seleccionado de Turquía a un Mundial después de casi 50 años de ausencia eximió al director técnico de ser acusado de blando –en esto se le achaca que comparte el poder con el capitán Hakan Sukur– y de impopular en un país que respira fútbol de manera furiosa. No tiene el carisma de sus dos predecesores, Mustafá Denizli –llevó al equipo hasta los cuartos de final de la última Eurocopa 2000– y Fatih Terim, que con Galatasaray obtuvo la Copa UEFA (el primer trofeo internacional turco en el nivel de clubes) y luego fue conquistado por el poderío económico del calcio italiano.

Pero esta campaña histórica de Turquía redimió a Günes, que incluso supera a su propia predicción, ya que antes de venir a Oriente había dicho: “Los cuartos de final están a nuestro alcance”. El listón se elevó a la semifinal que mañana sostendrá frente a Brasil. Y Günes, durante la última conferencia de prensa ofrecida en el Urawa Royal Pines Hotel, se mostró más ambicioso: “Ya usamos nuestro derecho a perder un partido en el Mundial (con referencia a la caída frente a Brasil en el debut); esta vez le tocará a Brasil, que nos ganó sin merecerlo”.

Antes de que se formularan las primeras preguntas, Günes hizo su propia introducción: “Amo el fútbol, porque tiene la capacidad de reunir a toda clase de gente, sin distinción de raza ni de religión”. Dentro de esa perspectiva, el caso de Turquía es especial, ya que es el primer seleccionado musulmán en arribar a la semifinal de un Mundial.

Günes salió en defensa de las posibilidades de su equipo: “No vinimos al Mundial de casualidad, sino porque trabajamos duro. Aprovecharemos la experiencia que acumulamos en el torneo y el hambre de triunfo frente a Brasil. El que tenga más voluntad de ganar hará la diferencia”.

El entrenador admitió que el fútbol turco siempre fue admirador del estilo brasileño y que la gente se hace hincha de los verdeamarelos en cada Mundial: “Admiro la forma de juego brasileña. Por mucho tiempo, las playas de Río de Janeiro fueron cuna de los astros del fútbol mundial, pero a partir de ahora, las playas del Mar Negro serán conocidas por la misma razón”.

El Brasil-Turquía de la rueda clasificatoria fue uno de los primeros partidos en desatar la cascada de errores arbitrales, con un penal mal sancionado en favor del conjunto de Scolari y la simulación de Rivaldo para que expulsaran a Unsal. Sobre esas situaciones, Günes expresó: “Espero que Rivaldo no haga lo mismo, porque fue algo deshonesto. Deseo que los árbitros no caigan en nuevas equivocaciones”.

El conductor no despejó la duda que se plantea por el mal momento de Sukur y el aporte de su reemplazante, Ilhan Mansiz, autor del gol de oro ante Senegal. “Tengo dos opciones y cualquiera puede ser válida”, expresó Günes, que ya habría optado por mantener a Sukur por respeto a su trayectoria y su condición de caudillo.

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