River: al menos, el sabor del triunfo

En la despedida del año del Monumental, se impuso a Olimpo por 2 a 1 sin mucho brillo; los goles los marcaron Fuertes y Cavenaghi
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25 de noviembre de 2002  

Al menos por un par de motivos, la despedida de River del Monumental en el torneo Apertura tuvo ribetes extraños. Primero por la hora: no es común que el club de Núñez se presente de mañana, aunque no hubo ojos pegados por el sueño. Pero, además, el conjunto millonario quedó, después de muchos años, como un simple espectador de un final para otros. Y éste es el hecho principal.

Con más gente de la esperada por la rebaja en los precios de las entradas (y un nutrido grupo de simpatizantes bahienses), el equipo dirigido por Manuel Pellegrini consiguió un triunfo ante su gente después de dos derrotas consecutivas, ante Boca y Lanús, por 2 a 1 ambas. Por ese mismo score superó al humilde Olimpo. Y que quede claro: hubo gente, hubo aliento, hubo aplausos, pero la luz la puso solamente el sol.

La mañana fue propicia para que varios padres llevaran a sus hijos sin temores a la cancha. Entonces, mientras afuera se intentaba pasar la posta de generación en generación, adentro los jugadores de River dieron respuestas rápidas: a los tres minutos, Víctor Zapata y Fernando Cavenaghi presionaron sobre la izquierda, se llevaron la pelota, Zapata mandó un centro bajo con un puntinazo exigido y Esteban Fuertes entró solo por el medio para anotar.

River tuvo cierto dominio de la pelota, pero no le fue sencillo generarle claras situaciones de gol a un limitado Olimpo, que sólo se arrimaba con tiros desde lejos.

Por eso los locales no tenían demasiados problemas y se manejaban con tranquilidad. Celso Ayala estuvo cerca después de un córner, pero Vivaldo lo tapó. Eso fue a los 20. A los 30, Jersson González le dio un buen pase al otro González, Luis, quien con un magistral centro permitió que Cavenaghi estirara la diferencia.

En el segundo tiempo se le complicó el panorama a River. En Olimpo entró Felipe Desagastizábal y le dio mucha más movilidad al ataque bahiense durante algunos minutos. Y, como River, tuvo una posibilidad apenas iniciada la etapa, pero no la pudo concretar. Silvio Carrario cabeceó, tapó Comizzo, le quedó a Desagastizábal, llegó justo Lucho González y finalmente Comizzo atrapó el balón.

Mientras D’Alessandro provocó una gran atajada de Leonardo Aguirre (reemplazó a Vivaldo, lesionado) con un tiro libre, Olimpo se perdió el gol con Mannara y Bustamante, hasta que a los 25, este último cabeceó al gol un centro de Desagastizábal.

Después River aguantó y sacó el resultado. Se despidió bien de su gente por el resultado. Pero nada más.

Bastante gente, sin hostilidades

Durante la semana última, por una iniciativa de la Subcomisión del hincha, los dirigentes de River aceptaron rebajar los precios de las localidades para promover una mayor asistencia de público, teniendo en cuenta que el equipo ya había quedado fuera de la lucha por el campeonato.

Así, las populares costaron cinco pesos y la platea más cara, 20.

Hubo unas 20.000 personas en Núñez, que dejaron una recaudación de $ 60.112, en un clima que estuvo lejos de la hostilidad de hace dos semanas, cuando River cayó ante Lanús.

Esta vez, hubo aliento permanente y también reconocimiento para los jugadores.

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