River-Boca. Martínez Quarta, mucho más que un defensor: un sólido superclásico antes de la selección

Martinez Quarta, figura de River en el clásico
Martinez Quarta, figura de River en el clásico Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez
Juan Patricio Balbi Vignolo
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1 de septiembre de 2019  • 23:59

Lucas Martínez Quarta tiene 23 años, pero juega como si su carrera ya tuviera encima cientos de partidos e instancias decisivas. Con templanza y seguridad, a cada paso que da en el campo de juego demuestra que tiene todas las cualidades físicas, técnicas y mentales para afianzarse como u n marcador central inamovible en el River de Marcelo Gallardo, un técnico exigente que no sabe de apellidos sagrados y elige siempre a sus jugadores según su presente y no por su pasado. Ahora, y tras un gran superclásico, también dará el gran salto hacia la selección argentina por primera vez.

Dentro de un River que manejó los hilos del partido, que arrinconó a Boca sin poder lastimarlo y que se fue con la sensación de que faltó muy poco para conseguir la victoria, Martínez Quarta volvió a ser un pilar fundamental dentro de la estructura de juego. De menor a mayor, se consolidó como uno de los puntos más destacados del equipo del Muñeco y, pese a que no pudo festejar un triunfo, disfrutó de un gran domingo: tras el juego, emprenderá camino hacia Estados Unidos con la selección de Lionel Scaloni, quien lo convocó para los amistosos de la Fecha FIFA ante Chile (5/9) y México (9/9).

El defensor central, que suele jugar de marcador derecho pero esta vez lo hizo por izquierda con Paulo Díaz a su lado, no sufrió nunca el perfil cambiado, fue siempre el primer control de la pelota en la salida desde el fondo y mostró mucha claridad en la conducción desde atrás para generar superioridad numérica, demostrando que sus características lo hacen ser más que un simple defensor (en inferiores se destacó como volante central).

Además, no tuvo inconvenientes para afirmarse en el uno contra uno con los delanteros rivales (Jan Hurtado, Franco Soldano o Alexis Mac Allister), dentro del poco poder ofensivo que tuvo el Xeneize, que apostó por replegarse, esperar y ceder la posesión de la pelota durante los 90 minutos.

Por otro lado, volvió a mostrar su presencia en ambas áreas, ya que tuvo dos ocasiones de gol en menos de tres minutos. La primera, a los cuatro del complemento, fue muy clara: después de un córner despejado, la pelota volvió al área, la bajó Borré de cabeza, la punteó De La Cruz y el remate de volea de Martínez Quarta se fue cerca por encima del travesaño. La segunda, a los seis, fue un cabezazo en otro córner que Andrada logró controlar fácilmente por la poca potencia que tomó la pelota.

Eso sí, en de sus pocas malas decisiones de la tarde, pudo poner en aprietos a su equipo, ya que de un mal despeje suyo nació el ataque más concreto de Boca en todo el juego, con un disparo de Mac Allister que se fue desviado.

Pese a esa jugada aislada, su férrea tarea en el superclásico se enmarca dentro de un 2019 que trajo desde el comienzo un gran desafío: debía recuperar el nivel que había mostrado para ocupar con solidez el hueco que dejó la partida del caudillo Maidana. Es que, luego de sufrir la suspensión de siete meses por doping en 2017, su 2018 estuvo lleno de altibajos y terminó siendo suplente de la zaga Maidana-Pinola.

Pero el presente año demuestra que no solo cumplió con las expectativas, sino que las superó: de los 37 juegos del año, fue titular en 32 de ellos y potenció al máximo su rendimiento. Las buenas actuaciones llevaron a que los clubes del exterior volvieran a poner el ojo en él, al punto tal que su representante estuvo hace unos días en Italia porque Inter y Milan lo siguen de cerca. Pero, aunque el club necesita liquidez, al técnico le prometieron mantener el plantel así que difícilmente emigre si no se paga su cláusula de 22 millones de euros. Además, el mercado de pases del fútbol europeo cerrará mañana.

La imagen que repetirán en televisión y redes sociales lo mostrará con las manos en la cabeza luego de desperdiciar lo que quizás fue la chance más concreta de abrir el marcador. Pero el partido que redondeó Martínez Quarta va mucho más allá de una falla en el área rival y le permite a River saber que es una garantía tan joven como experimentada.

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