River-Gimnasia: el partido que marcó una división dentro del Monumental

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River Plate

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  • Rafael Santos Borré /
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Gimnasia La Plata

Gimnasia La Plata

  • Matías Gómez
Claudio Mauri
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2 de diciembre de 2018  • 21:30

La Conmebol condenó al destierro la segunda final de la Copa Libertadores y a River y Boca no les quedó otra que despedirse, cumplir con la Superliga y emprender un viaje trasatlántico rumbo a Madrid. Así de rocambolesco y ridículo quedó el escenario después del partido doblemente fallido del fin de semana anterior.

Con aire mustio y apesadumbrado, poco más de 30.000 hinchas -la mitad de la capacidad del estadio-se acercaron al Monumental que el sábado 24 de noviembre era una olla a presión, desbordante de pasión y expectativa. Anoche fue un cabildo abierto que marcó un quiebre, una división: una mayoría de simpatizantes repudiando a los Borrachos del Tablón, el núcleo duro de la barra brava. Una mayoría sintió que parte de la responsabilidad de haberse quedado sin la revancha de Boca estaba en el grupo violento que atacó al ómnibus que trasladaba al plantel xeneize.

El Monumental se fue vistiendo con casi todas las banderas colgadas al revés, dadas vuelta, en señal de protesta y disconformidad. Quedó una duda: ¿el mensaje también era para la dirigencia, que nunca termina de comprometerse en la erradicación de las bravas y se hace la desentendida cuando a los facinerosos de la tribuna le encuentran fajos de entradas para la reventa?

El rechazo del público hacia Los Borrachos del Tablón fue inmediato apenas se asomaron en tropel por la tribuna Sívori Alta, minutos antes del comienzo del partido que River le ganó 3 a 1 a Gimnasia. A los silbidos les siguió el cántico "Que se vayan todos, que no quede uno solo?". El remate fue un coro de insultos. También hubo agravios para el presidente Mauricio Macri y la Conmebol.

De las pocas banderas que estaban puestas del derecho se leían inscripciones descalificadoras hacia Boca y la Conmebol. La voz del estadio tuvo que pedir en un par de oportunidades que fueran retiradas, bajo la amenaza de que el partido sería suspendido.

Mientras caían los goles de Borré, la pulseada en las tribunas se mantenía. Los cánticos de una mayoría intentaban tapar los de la barra, que en un momento se defendió: "Yo no soy barrabrava, yo no soy delincuente, yo soy hincha de River como toda la gente".

Todo esto ocurría un rato después de que Boca le ganara 1-0 a Independiente en Avellaneda. Los mellizos Barros Schelotto arriesgaron un poco más que Gallardo con la formación. Como Boca hacía 15 días que no jugaba oficialmente, desde el 1-0 a Patronato, entre los titulares hubo futbolistas que muy probablemente estarán el domingo en el Bernabéu: Andrada, Buffarini, Magallán, Olaza, quizá Benedetto, a lo mejor Almendra (iba a jugar en Núñez). Mientras el técnico de River preservó a todos sus titulares, el de Boca optó por darles rodaje y ritmo a algunos.

Boca se impuso como en tantos otros partidos. Sin ser superior a su rival, pasando apuros y sacándole jugo a la riqueza de su plantel, a las alternativas y el desequilibrio de sus individualidades. En el segundo tiempo entró Cardona, que últimamente quedaba hasta afuera del banco, y desniveló con su exquisita pegada. El clásico le sirvió a Andrada para consolidarse tras la inactividad por la lesión. Si bien Rossi no desentonó en la Bombonera, el exLanús se mostró en gran nivel con varias atajadas. Descansó Tevez, que se mantiene como una carta a utilizar en algún momento de la final. Guillermo confirmó que Cristian Pavón estará buenas condiciones tras el desgarro sufrido en la ida, pero abrió el interrogante por la falta de ritmo futbolístico del cordobés.

En el Monumental se festejaron los goles de Borré, a quien ya se lo empieza a extrañar por la suspensión que lo dejará al margen contra Boca. El colombiano no solo contribuye con su eficacia y profundidad, sino que es el primer defensor a la hora de presionar la salida rival. Con un plantel más corto que Boca, más el condicionante de que el desgarrado Scocco no llegará con la recuperación y que Mora sigue padeciendo con su cadera, en Gallardo gana espacio la idea de los cinco volantes, con Pratto como única referencia ofensiva.

El Mellizo expresó que le hubiese gustado jugar en el Monumental, pero que "es comprensible la decisión de la Conmebol". Felicitó a sus jugadores por haberse evadido de todo lo se desencadenó a partir de la agresión del sábado y del caldeado clima de los días posteriores. Pasada la traumática experiencia de la pedrada al ómnibus, Boca está a punto según Barros Schelotto.

En el Monumental, la victoria fue un placebo pequeño frente a la decepción acumulada. Una sensación de despojo recorrió las tribunas. Los hinchas se quedaron sin la final en su casa y le dieron la espalda a los Borrachos del Tablón. Se abrió una grieta que los hinchas bienintencionados no deberían olvidar para tener identificados a los que sabotean al fútbol. Por ahora, la sensación es de pérdida, al menos hasta que el Bernabéu dicte sentencia. Ya nada será lo mismo, la definición entró en una fase desconocida, con ribetes inverosímiles.

Entre la noche del martes y la madrugada del miércoles, River y Boca se suben a un avión. Los espera la final menos pensada: la del destierro.

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