River hizo un colchón de puntos con los que venían de la Copa

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
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19 de mayo de 2014  • 23:44

Todo campeón se construye sobre los méritos propios y va creciendo entre las hendijas que dejan los demás. Debe estar alerta y preparado para aprovechar las claudicaciones adversarias. De River ya se hizo una profusa recopilación de sus virtudes: el convencimiento de que podía conseguir el título aun cuando el equipo no daba máximas garantías, el hallazgo de la columna vertebral (Barovero, Maidana, Ledesma, Cavenaghi), el recambio que aseguró una alta prestación (Chichizola, Kranevitter, Villalba), el héroe providencial (Ramiro Funes Mori y su cabezazo en la Bombonera), el ojo y la templanza de Ramón para no desorientarse en los momentos de dudas y cuestionamientos a su trabajo.

River se fue haciendo fuerte en lo suyo mientras sacó rédito de un contexto general que lo favorecía en relación con rivales que podían establecerse como competidores directos por el título. Hay un dato concluyente: River cosechó los 15 puntos contra los cinco equipos que simultáneamente disputaron la Copa Libertadores. Es cierto, fueron todos partidos de local, condición en la que sustentó su campaña al obtener el 73% de los 37 puntos que lo terminaron consagrando.

En un torneo con 19 fechas encorsetadas en 98 días por los apuros que impone la agenda del Mundial de Brasil, River estuvo más entero físicamente que esos cinco conjuntos que no escaparon de ese postulado que históricamente no tiene excepciones: ningún equipo puede sostenerse exitosamente en el doble frente Libertadores-torneo local. Es uno u otro, con la amenaza siempre latente de quedar a mitad de camino en los dos. Y eso que en este semestre no se completa el programa de la Copa, que dejó las semifinales y las finales para después del Mundial.

Una de las victorias clave de River fue la de la 5a jornada porque le permitió reponerse de dos derrotas seguidas (ante Godoy Cruz y Colón). Venció 1-0 a San Lorenzo, resultado que quedó corto porque no expresó las amplias diferencias que hubo entre uno y otro. Esa tarde, el Ciclón fue una sombra, apenas si pudo levantar las piernas. Piatti, Mercier y Ortigoza (expulsado) deambularon lejos de la pelota. Menos de 72 horas antes, San Lorenzo había tenido que exigirse más de la cuenta para superar a Independiente del Valle (Ecuador). Bauza reconoció tras el clásico: "Nos costó jugar porque veníamos de hacer un gran desgaste. Cuando estamos descansados, somos un equipo peligroso".

Lanús también era, a priori, uno de los candidatos, pero debió estar muy pendiente de la Copa por un comienzo irregular, que comprometió seriamente su clasificación a los octavos de final. Fue al Monumental tres días después de exprimirse para encarrilarse con un 2-0 a Deportivo Cali. Y se volvió con un 0-2.

Cuando River le ganó 1-0 a Newell's, los rosarinos completaban una serie de tres cotejos en ocho días. A Vélez lo recibió en plena debacle, con un pie en el avión que lo llevaba a Asunción en una llave ante Nacional que también fue frustrante. Con un discutido penal de Lunati, River se impuso 1 a 0 a Arsenal, cuya prioridad por esa época (principios de marzo) era la de superar por primera vez en su historia la etapa de grupo de la Libertadores.

River no tenía con qué otra cosa distraerse ni gastar energías en otra competencia que no fuera el torneo Final. Fresco y despejado, se hizo de un colchón de puntos vitales contra rivales a los que el calendario apenas si les dio respiro.ß

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