San Lorenzo ganó en el último minuto y dejó a Central hundido en una seria crisis

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Rosario Central

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San Lorenzo

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  • Nicolás Reniero
Pablo Casazza
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17 de marzo de 2019  • 17:40

Explota de la indignación el Gigante de Arroyito tras la caida. "Que se vayan todos", gritan los hinchas ante otra decepcionante actuación de Rosario Central. Insultos, reclamos y algunos proyectiles son parte de esa misma despedida.

Esa es una de las fotos de la tarde. Otra es la San Lorenzo, que sin merecerlo, se marcha con una sonrisa de oreja a oreja. Y rompe una mala racha. Esa que le da aire a Jorge Almirón .

El fútbol suele tener mas lógica de la prevista y se rompe para hacer que el juego sea inesperado. Porque dos de los peores equipos del campeonato mostraron la realidad de su presente. Harapientos y deslucidos.

Cuando todo iba a un empate, un cero a cero que los calificaba, San Lorenzo aprovechó su única oportunidad. una contra a los 47 del segundo tiempo puso arriba a San Lorenzo. Escapada de Salazar y definición de Reniero ante Ledesma. Un golpe de knock out.

Era desde el principio un desafío de técnicos en la cuerda floja. Almirón y sus cuestionamientos sobre su paso casi desde el inicio de su proyecto en el Bajo Flores. Ferrari, en su sexto partido. Sí, el mimado del presidente auriazul Rodolfo Di Pollina ya está en el centro del huracán. De hecho, se especula con una reunión de la comisión directiva en las próximas horas para definir su futuro.

Ferrari dirigió seis partidos, tres por la Superliga, con dos empates y una derrota sin marcar goles, mas el empate y derrota por la Copa Libertadores. Además del golpe inicial de quedar afuera de la Copa Argentina como campeón defensor ante Sol de Mayo. Todo adverso.

Rachas. Malas rachas. La de Central, con diez partidos sin ganar en la Superliga, con cinco empates y cinco derrotas. La del azulgrana terminó después de siete empates y seis derrotas, aunque siga en el fondo de la tabla.

Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera

Durante gran parte del partido el aburrimiento fue protagonista. ¿Se puede jugar tan mal? Uno no podía, otro no sabía, y en el plano de querer, se chocaban con una incapacidad alarmante. El otro fue casi un espejo. Un yin y un yan de la pobreza futbolística, alarmante, insípida y por momentos lejos del alto rendimiento que presupone la primera división. En parte, hay lógica: se cruzaron el vigésimo y el último.

Apenas cuatro momentos de zozobra tuvo el primer tiempo. Dos entradas de Duvan Vergara con dos entradas francas que resolvió mal, y dos del visitante traducidas en borbollones en el área rival sin destino.

Mejoró el visitante en el complemento. El ingreso de Fertoli cambió el esquema al menos en los primeros minutos. Fue solo un espejismo. La ambición las dejó en Buenos Aires. La mejor del partido para el local estuvo en los pies de Zampedri y las manos de Torrico.

Nada pasaba. Ninguno podía. Nada sucedía hasta que pasó. El gol, el derrumbe y el enojo. El festejo casi de desahogo de San Lorenzo, y la frustración de Central, cada vez más sumergido.

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