Rumbo extraviado: los Rojos perdieron en el final

Parece lejano el comienzo a todas luces que había mostrado Independiente; anoche, cayó en el último minuto ante Banfield por 1 a 0; Bustos Montoya, el gol
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28 de febrero de 2004  

Desinflado, con signos de cansancio por el trajín de un fixture que entre Copa Libertadores y Clausura no le da respiros, Independiente parece viajar sin frenos en un tobogán con destino incierto. Aquel comienzo arrollador a puro gol en ambos torneos luce lejano. Anoche, Banfield lo devolvió a una realidad de inseguridades. Cuando la impotencia del Rojo hacía presumir un final de resultado vacío, apareció Bustos Montoya para silenciar al estadio de la Doble Visera con el 1-0.

La mirada de los hinchas tuvo un brillo esperanzador en el primer tiempo. Esperó en vano, sin embargo, por el acceso a la emoción. Independiente naufragó en su discontinuidad y Banfield tampoco consiguió hilvanar una acción desde la introducción al desenlace. Este último nunca estuvo asociado al riesgo. Hubo un ritmo acelerado, sí. Aunque ese mismo vértigo fue el que actuó como disparador del mal juego en el que cayeron los dos equipos. Ambos contaron con esquemas similares, con doble enganche, pero a pesar de intentar sumar gente en el ataque con los volantes, tanto Jairo Castillo en el Rojo como Amato en Banfield sufrieron de una gran soledad.

Independiente controló la pelota en los 15 minutos finales, pero a pesar del empeño de Ríos y Losada, el desorden y la falta de resolución para crear peligro empañaron sus intenciones.

Continuó con la misma tesitura la segunda parte, con Independiente asomado al campo de Banfield tratando de clarificar sus ideas. Losada, el más movedizo, tuvo en su poder la primera situación que sacó del asiento a los hinchas. Pero el volante cabeceó sin fe por el segundo palo un centro preciso de Manso.

Mientras que Banfield estaba cómodo con el cero a cero en el bolsillo y apostaba por alguna estocada para sorprender, Pastoriza pateó el tablero: sacó a Manso y a Losada, los dos creativos, dejó tal responsabilidad a Hugo Morales y sumó al ataque a Rivas.

Merodeaba Independiente, pero la profundidad era la materia pendiente. Al final, Castillo quiso cambiar los reproches de cierta parte de los simpatizantes rojos, pero el cabezazo del colombiano, luego de un desborde de Zurita, se encontró con la seguridad de Noce.

Pero, agazapado, Banfield dio el zarpazo cuando nadie lo esperaba. Un contraataque perfecto. Palacios desbordó, el centro lo pasó a Quinteros y Bustos Montoya cabeceó al gol. Iban 45 minutos del segundo tiempo. En la Avellaneda roja, que por un tiempo había renacido a la ilusión, sólo quedaba tiempo para lamentos y caras largas.

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