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La deuda en San Lorenzo de Almirón, aquella kryptonita de Gallardo que necesita reactivarse

Crédito: @San Lorenzo
Román Iucht
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15 de marzo de 2019  • 17:24

El grito de Román Martínez era el desahogo en carne viva. La expresión elocuente de la angustia contenida durante una docena de partidos en los que San Lorenzo solo fue capaz desde los resultados de coleccionar empates y derrotas, y desde el juego, apenas sombras y dudas.

Es verdad que Jorge Almirón es un entrenador que en el devenir de su profesión ha tenido tantos altibajos como la mayoría de sus colegas. En este negocio, salvo contadas excepciones, se pierde más de lo que se gana. Cuando acompañan los triunfos se construye currículum, cuando llegan las derrotas se aprende y se hace una autocrítica más profunda. El actual técnico del Ciclón no escapa a la media aunque son escasas las voces de aquellos jugadores que han pasado por sus manos que no destaquen sus cualidades. En eso hay unanimidad. Por su propuesta y poder de seducción para llegarle al jugador y su exigencia para mejorar las cualidades del futbolista, todos realzan su capacidad.

Más allá de su trabajo en Defensa y Justicia, el medio local recuerda dos procesos previos a este presente en Boedo, con finales opuestos. Su paso por Independiente fue ciclotímico e irregular. Su equipo podía tener actuaciones fantásticas y a la semana siguiente caer en una depresión futbolística inexplicable. Su mejor versión fue la de Lanús. Lejos de demoler lo que ya estaba bien edificado, recibió un equipo al que los mellizos Barros Schelotto habían consagrado en la Copa Sudamericana y le puso su sello, sin imponer su ego por delante de un funcionamiento que ya venía aceitado. Ganó un torneo local de forma inobjetable y se transformó en la "kriptonita" de Gallardo, superando a River en la Supercopa Argentina y en la recordada semifinal de la Libertadores de 2017.

Fuente: FotoBAIRES

Tras un paso en falso en el fútbol colombiano en Atlético Nacional de Medellín, Almirón sonaba en todos lados. Algunos lo postulaban como heredero de Sampaoli en el seleccionado, otros lo imaginaban como el sucesor de Guillermo en Boca. Lo cierto es que en vez de esperar a lo potencial, el técnico aceptó la propuesta de San Lorenzo y tomó el timón de un plantel sin grandes nombres. Luego de un par de partidos para conocer el paño, sin resultados auspiciosos, el diagnóstico entregó una lectura de los recursos disponibles y en consecuencia, el pedido de refuerzos.

Construido en el fútbol mexicano como una rama del árbol que plantó Ricardo La Volpe, los equipos de Almirón tienen una idea de juego. Tenencia de la bola para encontrar espacios, juego interior y llegada con los mediocampistas, defensores con buena técnica y agresividad para romper líneas y delanteros que amplíen el campo y lleguen a zonas de fuego. Para poner en práctica los postulados teóricos, llegaron algunos nombres desconocidos a los que dirigió en su estadía en el fútbol colombiano y otros acordes con las flacas arcas que en la actualidad ponen a San Lorenzo claramente por detrás del poderío que ostentan no solo Boca y River, sino también Racing e Independiente.

La dirigencia le aceptó todo, incluso algunas decisiones polémicas como marginar a Nicolás Navarro del arco privilegiando a Monetti, solo por el hecho de jugar mejor con los pies. Nombres como Loaiza, Rentería, Juan Salazar y Gustavo Torres desembarcaron en Boedo junto a Fértoli, Peruzzi, Damián Pérez y Castellani. No solo ninguno ha funcionado sino que el detalle es que el equipo no responde a la pretensión del técnico. El triunfo ante Junior cortó una racha de quince partidos sin ganar pero hay muchísimo trabajo por hacer. Aparecieron el carácter y la rebeldía que hicieron agua en la Bombonera cuando todo colapsó, pero las formas siguen mostrando a un equipo espeso, sin cambio de ritmo ni desequilibrio individual.

Su San Lorenzo por ahora "juega para tocar" exponiendo su tenencia casi siempre inocua, en vez de "tocar para jugar" y así lograr asociaciones cuya consecuencia sea la progresión en el campo, la verticalidad y la sorpresa. Solo Román Martínez, entre los recién llegados -pero viejo conocido del técnico-, y Marcos Senesi, de los heredados, parecen haber incorporado los conceptos. El mediocampista mostró su clase y además aportó goles, mientras que el defensor es el mejor ejemplo pero el único hasta ahora de la idea agresiva y audaz que se pretende desde afuera. Rompe líneas con la pelota al pie y se anima permanentemente.

Crédito: @San Lorenzo

Quebrada la inercia de los malos resultados el desafío es encontrar estabilidad en el juego para enhebrar una cadena de victorias. Almirón tiene crédito y ahora un poco más de margen. El tiempo determinará si el desahogo del festejo ante Junior puede ser el principio de algo o simplemente un grito en el medio del desierto.

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