San Lorenzo: qué hacer con un equipo que tocó fondo

El rostro serio de Gonzalo Rodríguez
El rostro serio de Gonzalo Rodríguez Fuente: FotoBAIRES
Fernando Vergara
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24 de mayo de 2019  • 08:00

Con el equipo en caída libre, este semestre se volvió un sufrimiento constante para San Lorenzo. Afuera de la Copa Argentina en la primera ronda contra un club del torneo Federal A, eliminado prontamente de la Copa de la Superliga, entreverado entre los últimos en el certamen local y sin entrenador tras la partida de Jorge Almirón, el Ciclón tocó fondo y la derrota contra Estudiantes, de San Luis, resultó otro golpe que no hizo más que profundizar una crisis futbolística en la que no hay atisbos de reacción, y sí una atmósfera densa.

El club está clasificado para los octavos de final de la Copa Libertadores, es cierto, pero no parece alcanza ese estímulo. En definitiva, según varias miradas de personas que viven el día por día del mundo San Lorenzo, eso se trataría de un espejismo. Porque no logra disipar el estupor que despierta uno de los peores momentos del equipo en los últimos años. En lo que va de 2019 jugó 22 encuentros, con apenas 4 victorias (Junior, Rosario Central, Palmeiras y Melgar), 11 empates y 7 derrotas. Números alarmantes. Ante este escenario, San Lorenzo sabe que no puede seguir cometiendo errores y deberá acertar en la elección del próximo entrenador y los refuerzos que lleguen a partir de junio.

¿Tomará las riendas Juan Antonio Pizzi con este panorama? Por ahora, ambas partes tendrán una reunión el próximo martes. En la cancha de Unión, en el duelo contra Estudiantes, estuvo presente Rolando Carlen, asistente y mano derecha del exdelantero. Y si bien en las últimas horas el nombre de un emblema azulgrana, Néstor Gorosito, sonó con fuerza, el propio DT echó por tierra las posibilidades. "Es un sueño volver a San Lorenzo, me moviliza, siento mucho por el club, pero yo le di una palabra a Tigre y voy a cumplirla", aseguró Pipo. Entonces, el plan B se desmoronó.

San Lorenzo sale de una frustración y entra en otra. Particularmente en la Copa Argentina se acumulan los malos resultados contra conjuntos del ascenso: en 2017 quedó eliminado en la segunda ronda ante Deportivo Morón; en 2018, contra Temperley en cuartos de final, y en esta temporada, frente al verde puntano no superó el debut. Y ahora, en el último compromiso del primer semestre retornaron las dudas, los desempeños individuales preocupantes y hasta insólitas imprecisiones.

La caída no hizo más que desnudar las carencias habituales. Apenas un puñado de segundos le bastaron al DT interino Diego Monarriz para describir el momento que transita el Ciclón. "Cuando un conjunto se acostumbra a perder aparece un efecto de contagio muy difícil de revertir. Así, ante el primer golpe, no hay reacción. El equipo entra en momentos de descontrol, sin claridad, equivocando los caminos, sin profundidad, sin ser agresivos", remarcó. La explicación ilustra la dimensión que hoy cobra la crisis de San Lorenzo. "Fue una derrota durísima, muy dolorosa. No hay excusas de nada. Perdimos contra un rival que jugó oficialmente por última vez hace 45 días. Todos tenemos que hacernos cargos de lo que pasa", agregó el entrenador.

Claro que hay que tener en cuenta que San Lorenzo acarrea una floja campaña en casi todos los frentes. Frente a Argentinos, por la Copa de la Superliga, ocurrieron varios hechos inusuales: el plantel dejó el campo de juego entre insultos y silbidos. "Que se vayan todos, que no quede ni uno solo", tronó en el Bajo Flores. Apenas Fabricio Coloccini y un puñado de otros jugadores se salvaron de las reprobaciones.

Entonces sobrevino el derrumbe. La derrota contra Palmeiras en San Pablo resultó el último partido de Almirón como entrenador azulgrana. Y del encuentro con Estudiantes, de San Luis, poco se pudo rescatar. En un semestre de bajo vuelo, la posibilidad de ver a chicos de las inferiores en la noche santafesina resultó apenas un aliciente. Matías Palacios, Alexander Díaz, Manuel Insaurralde, Nahuel Barrios y el debutante Agustín Martegani tuvieron la oportunidad de mostrarse. Desde luego, el contexto no era óptimo.

A este San Lorenzo le falta frescura, juega presionado -por sus obligaciones y por los hinchas- y los resultados no aparecen. Carece de la jerarquía necesaria como para conformar a su gente. Hubo causas y hubo fallas para llegar a este presente: la conformación del plantel, el acople de los refuerzos, la falta de confianza, el peso de las derrotas y la comparación con otras potencias económicas, como Boca, River y Racing, que parecen estar a años luz. La esperanza que tenían todos en el club de Boedo cuando llegó Almirón se esfumó en apenas seis meses. Con el equipo licenciado hasta el 17 de junio, nadie duda de que, en la mañana de ese lunes, la del flamante director técnico no va a ser una única cara nueva.

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