San Lorenzo tuvo jerarquía y disfrutó del récord con Boca

En el final, llegó a los 13 triunfos consecutivos con un gol de Diego Capria; Córdoba le atajó un penal a Acosta
En el final, llegó a los 13 triunfos consecutivos con un gol de Diego Capria; Córdoba le atajó un penal a Acosta
Christian Leblebidjian
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27 de agosto de 2001  

El Ciclón hace historia. Todavía quedan las imágenes interminables de los abrazos de los forzosos de Almagro. El puño en alto de Manuel Pellegrini y sus jugadores. Fue un canto a la victoria San Lorenzo. Un equipo con jerarquía que batió el récord de la mayor cantidad de victorias consecutivas en el fútbol argentino. Desplazó al Independiente de la temporada 1938/39 y sumó el decimotercer triunfo seguido. Con un valor agregado: ganarle nada menos que a Boca por 1 a 0 a sólo dos minutos del final en un choque emotivo, con la adrenalina en su máximo nivel de tanta tensión y malasuerte. Porque San Lorenzo no mereció sufrir tanto para ganar, pero así lo quiso el destino.

La historia, esa de festejar domingo tras domingo la obtención de los tres puntos, nació el 1° de abril de este año con el 2 a 0 sobre Vélez en Liniers, con goles de Romeo y Rivarola. Justo Romeo, el goleador idolatrado por los hinchas que ayer no tuvo una noche feliz, pero que cuando Diego Capria infló la red con su cabezazo se desahogó tanto como el autor de la conquista. Quizá, por los goles errados en el primer tiempo; quizá, porque en la cabeza de todos estaba el orgullo de sentirse dueños de un récord en el fútbol argentino.

San Lorenzo salió decidido a hacer pesar su paternidad en el clásico y de entrada ni siquiera dejó pensar a los xeneizes. Leandro Romagnoli apareció en su máxima expresión y los visitantes no le encontraron la vuelta; tanto fue así que Chicho Serna vio la tarjeta amarilla a los ocho minutos por una infracción al Pipi. El N° 10 local se destacó con enganches, caños y desniveló cuando se juntó con Erviti, con el objetivo de habilitar con pelotazos a Acosta y Romeo.

¿Boca? Bien, gracias. Apenas llegó con un tiro de Gaitán. El equipo de Bianchi marcó mal, no encontró el rumbo y no sólo perdió en todas las líneas; también en los rebotes. El DT xeneize se agarró la cabeza en más de una oportunidad. La primera fue a los 17 minutos, cuando Schiavi llegó tarde y le cometió penal a Romeo. Sánchez -ayudado por el línea Otero- sancionó correctamente. Tomó la pelota Acosta y pateó al palo derecho, pero la enorme figura de Córdoba empezó a ponerle candado al arco.

San Lorenzo, lejos de apichonarse , siguió atacando de la mano de Romagnoli y tuvo un rendimiento casi brillante -sólo le faltó el gol-, aunque cada remate fue controlado por Córdoba. La segunda vez que tembló el arco xeneize fue a los 28, cuando tras una gran jugada entre Romagnoli, Acosta, Franco y Romeo el balón terminó en las manos del colombiano después de que increíblemente el goleador no llegó a rematar bien debajo del arco. Los hinchas de San Lorenzo maldecían con los ojos puestos en el cielo; más aún cuando Romeo rompió el travesaño con un remate de derecha.

En el segundo tiempo, en medio de un diluvio, Boca salió herido en su orgullo y tuvo la iniciativa: surgió el Mellizo Guillermo y se proyectaron Martínez y Jorginho. A los 26 minutos se lo perdió Delgado mano a mano con Saja; después fue Guillermo el que la tiró afuera tras un centro del Chelo; el arquero de San Lorenzo se lució para sacarle al córner el gol a Omar Pérez, que había ingresado por Villarreal.

En medio de las emociones llegaron las tarjetas rojas: se fue Morel Rodríguez por doble amonestación y lo siguió Pérez (decisión apresurada de Sánchez) por foul a Michelini.

En el ida y vuelta quedó margen para el gol: Pellegrini (tardó en hacerlo, pero fue el cambio de la noche) puso al Pipa Estévez por Acosta y necesitó de dos minutos para tirar el centro de la victoria, ese que Diego Capria transformó en gol. El del éxtasis y el récord para San Lorenzo; el de la frustración para Boca.

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