Se llevaron las mejores ovaciones

Christian Leblebidjian
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31 de diciembre de 2001  

Para Boca no fue un año más. Se trató de una temporada en la que tuvo que defender todo el prestigio ganado con los tres títulos de 2000 –el Apertura, la Copa Libertadores y la Copa Europeo-Sudamericana– y, más allá de anunciarse un “año de transición”, los xeneizes sorprendieron con el bicampeonato de América.

Lo consiguió por la vía de los penales después de caer con Cruz Azul por 1 a 0, en la Bombonera (había ganado por el mismo resultado en el estadio Azteca, de México), pero eso no opacó su merecido festejo. Porque fue un equipo que sin contar con un goleador definido, por la partida de Martín Palermo a Villarreal, y sin la presencia futbolística de años anteriores, logró mantener la mística en un plantel que consiguió seis victorias en siete partidos como visitante. En el camino dejó a Palmeiras y Vasco da Gama, dos rivales brasileños potencialmente catalogados como superiores antes del comienzo del torneo. Fue, además, el campeonato que consagró al ciclo Bianchi como el mejor en la historia xeneize, con seis títulos, superando al del Toto Juan Carlos Lorenzo, con cinco campeonatos en la década del 70.

La espina que les quedó atragantada a Bianchi, los jugadores y los dirigentes fue el partido que perdieron el 27 de noviembre ante Bayern Munich (1-0), en Tokio, por la defensa de la Copa Europeo-Sudamericana, la misma que habían conseguido hace un año y en el mismo escenario ante Real Madrid. Fue en tiempo suplementario y con un hombre menos por la expulsión de Marcelo Delgado. El l llanto incontenible de Juan Román Riquelme contrastó con el festejo alemán.

Hubiera sido la frutilla del postre para un ciclo al que Bianchi ya le había puesto fecha de finalización más allá de cualquier resultado o de una nueva vuelta olímpica. El entrenador decidió dar un paso al costado y no renovar su vínculo con la entidad de la Ribera por mantener diferencias con los dirigentes más importantes, incluido el presidente Mauricio Macri.

Fue por eso que eligió despedirse una fecha antes de que terminara el Apertura, en una mañana de diciembre y con el público de la Bombonera. Los hinchas le dieron la mejor de las ovaciones, con banderas y cánticos que Bianchi recordará toda la vida. Los jugadores le regalaron una goleada por 5 a 3 ante Independiente con los brillos de Riquelme y el Mellizo Guillermo Barros Schelotto.

Los hinchas entendieron el mensaje y felicitaron al grupo, desde el primer jugador hasta el último, y a Bianchi, por todo lo brindado desde mayo de 1998 a los colores azul y oro.

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