Selección argentina: un momento delicado para conectar con los hinchas

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
Fuente: Reuters - Crédito: Juan Medina
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25 de marzo de 2019  • 23:59

El historiador Yuval Noah Harari recurre al ejemplo del fútbol en su libro " 21 Lecciones para el siglo XXI " cuando habla de la posverdad. Describe que los humanos ven difusa la línea entre ficción y realidad cuando se sumergen en ciertas acciones, incluso para divertirse. "No se puede jugar a juegos o leer novelas a no ser que suspendamos la incredulidad al menos por un instante. Para gozar realmente del fútbol hemos de aceptar las reglas del juego y al menos olvidar durante noventa minutos que son simplemente invenciones humanas (.) El fútbol puede empezar solo como diversión, pero después puede convertirse en algo mucho más serio (.) Puede ayudar a formular identidades personales, consolidar comunidades a gran escala e incluso proporcionar razones para la violencia. Las naciones y las religiones son clubes de fútbol que han tomado esteroides.".

Harari, sin embargo, sostiene en sus textos que los grandes relatos (mitologías, religiones, ideologías, creencias), aún sin ser reales ni comprobables, son útiles para que los seres humanos desarrollen su espíritu de colaboración. Saber que otros piensan, votan y leen lo mismo que nosotros es un gran atajo para unirnos en una misión, sin necesidad de conocernos previamente. Es la narrativa de los hechos la que nos amalgama. ¿Qué otra cosa es entonces esa la alianza masiva de corazones que propone el fútbol con millones de desconocidos enlazados por una misma camiseta?

Esta enésima nueva etapa de la Selección no logra dar con un relato que aglutine. Lo intentó la AFA con el fallido video celebratorio hacia Messi. No tanto por la ausencia de Maradona (olvido desde la perspectiva del espectador, omisión deliberada desde la visión del "creador"), sino porque esa apelación a genios y bendiciones por haber nacido en este país, ya no produce el impacto de otros tiempos. Esa comunicación que marca que haber nacido en la Argentina genera condiciones especiales y extraordinarias en las personas, a los más jóvenes no les llega como una experiencia convocante. Los nuevos fanáticos y fanáticas quieren un propósito por el cual abrazar la gesta de un equipo. Hay más posibilidades ahora de agruparlos con las historias y el crecimiento del fútbol femenino que con los laberintos de señales intrincadas que la AFA emite con la selección mayor.

Son momentos delicados para conectar de un modo sincero con los fanáticos del seleccionado. Están enojados. Siguen enojados. Rusia 2018 todavía está ahí, sin disolverse. Ese universo de hinchas que son convocados en redes sociales para marcar un pulgar arriba, devuelve uno para abajo. No quieren saber nada con una camiseta nueva a la que además ven totalmente blanca por televisión. No les gustó el video que pone a Messi como un superhombre porque con la Argentina se lo intuye frágil y demandante de protección. Nada termina de sanar: no porque Argentina haya sido eliminada a los cachetazos en el último Mundial, sino porque nada indica que se vaya en la dirección contraria.

Así, estos amistosos que ya vienen con partes médicos precocidos, son oportunidades desperdiciadas. Ofician como tenedor libre para que el opinionismo se debata encima y se desconfíe de Messi como futbolista, con una militancia que asusta en gente que vive hablando de fútbol. La AFA luego de Rusia pasó a business a Scaloni y lo dejó con su inexperiencia en la oficina principal. Dirigir un seleccionado suele ser el punto de llegada para los técnicos y no el de partida. Podríamos suprimir toda incredulidad, pero la AFA equivoca el relato.

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