Lisandro Martínez, el defensor fuera de catálogo del que Heinze puede estar orgulloso

Fuente: AFP
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8 de marzo de 2019  • 17:12

Mil veces le dijeron que no, como en tantos relatos parecidos. Mil veces le mencionaron "el temita" de la altura para poner a prueba su carácter y su fuerza de voluntad. Mil veces intentaron ponerle lógica a un deseo cuya pasión siempre fue más fuerte que cualquier razón, incluso las mejores fundamentadas. La historia es similar a todas las otras, pero a diferencia de los cuentos con finales felices, de chicos que se vuelven héroes convirtiendo goles, en ésta el protagonista decidió que podía ser desde un camino alternativo.

Entre chapuzones en el río y partidos entre amigos, Lisandro Martínez fue construyendo su sueño en Gualeguay. Una prueba malograda por una gripe inoportuna en las inferiores de Boca, esa vez como mediocampista por la izquierda, definió objetivos a futuro y cuando un nuevo test, ahora en Newell's, marcó el pulgar arriba de aprobación todo comenzó a fluir por el camino correcto. Mientras comenzaba su construcción como jugador profesional, consciente de que su lugar en el mundo estaba en la última línea, Lisandro disfrutaba como todos los hinchas de lo que se veía en la punta de la pirámide.

Martínez, en su época como juvenil de Newell´s.
Martínez, en su época como juvenil de Newell´s. Fuente: Archivo

El equipo campeón del Tata Martino daba cátedra y su máximo referente anímico era un defensor. Tras vestir las camisetas de los equipos más importantes del planeta, Gabriel Heinze decidió que su ciclo se cerrara en el mismo lugar donde había comenzado. Para Licha fue como descubrir petróleo. Observar sus movimientos, su ascendencia en el equipo y sus virtudes dentro del juego definieron el modelo aspiracional y el faro hacia dónde marcar el rumbo. Si el Gringo había triunfado sin ser un marcador particularmente espigado, entonces la ilusión ya tenía una referencia concreta.

Los vaivenes económicos de la Lepra trajeron como resultante un préstamo a Defensa y Justicia tras jugar un solo partido con el equipo rosarino. Lo que vino después es historia conocida. Una evolución constante, sin prisa pero sin pausa y un presente extraordinario coronado con el protagonismo del equipo de Varela como gran animador de la Superliga y la flamante convocatoria de Scaloni para sumarse a la selección.

Desde sus solo ciento setenta y ocho centímetros, Martínez compensa su talla baja para el prototipo del marcador central con algunas virtudes que lo distinguen. Su agresividad para la marca e intensidad lo blindan ante la magnitud física de delanteros corpulentos. Su buena lectura del juego y velocidad en los desplazamientos le permite anticipar movimientos rivales y evita el roce. Sabedor de sus limitaciones evita caer en el juego violento, pero su valentía para exponer el cuerpo si es necesario también aparece como otra referencia interesante.

Con la pelota en los pies aparecen en toda su dimensión sus destrezas técnicas. Dueño de una pegada excelente, Beccacece lo utiliza tanto como a su compañero de zaga Alexander Barboza como lanzador de pases largos (no pelotazos) en diagonal para la llegada a los espacios vacíos de extremos o mediocampistas internos. También es inicio de cualquier construcción de juego asociada, con el pase como herramienta y hasta se permite, cuando la situación lo amerita, a sumarse al ataque por sorpresa.

Su versatilidad para ocupar diferentes roles (puede ser segundo central, jugar en cualquier posición de una línea de tres e incluso lateral por la izquierda) fue valorada por el entrenador argentino, y en una convocatoria no exenta de polémicas por algunas presencias y sobre todo ausencias, su citación aprobada con unanimidad por todo el mundo futbolístico es una recompensa a un nivel fantástico y estable desde hace un año.

El salto de calidad en la exigencia internacional, muy superior al competitivo pero engañoso fútbol local, sumado a la rápida adaptación indispensable para aprovechar las escasas chances que pueden existir con la camiseta celeste y blanca, serán los obstáculos a vencer.

Si uno se guía solo viendo su figura, diminuta para el puesto que ocupa, Lisandro Martínez está lejos de llamar la atención. Hasta que empieza a jugar y a llenar el campo con su presencia. Basta con observarlo vehemente en cada cruce, agresivo en la presión y sutil en cada pase, para confirmar que se trata de un defensor fuera de catálogo. Desde sus 21 años, no caben dudas de que su camino recién empieza. El final está lejos pero el sueño al alcance de la mano. Sin saber que alguna vez fue espejo, el Gringo Heinze puede estar orgulloso.

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