Señores, Messi ya es un hombre

Por Juan Pablo Varsky Para LA NACION
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29 de mayo de 2009  

Es el futbolista más desequilibrante del mundo. A sus 21 años está "condenado al éxito". Su gambeta es la más temida por los rivales. Conduce la pelota a gran velocidad y no pierde precisión. La lleva atada a su botín izquierdo. Cambia de dirección, amaga, se frena, vuelve a arrancar. Parece que se la van a sacar, pero casi siempre la conserva. Hace muchos goles: de penal, de tiro libre y, sobre todo, de jugada. En las definiciones, elige el lugar. Nunca les rompe el pecho a los arqueros y, si puede, los gambetea, algo infrecuente en el fútbol de hoy, en que la moda es patear fuerte y al bulto. Tiene muchos más pases gol que cualquier otro acusado de individualista".

Este texto no es original, pero no ha perdido vigencia. Fue publicado en este mismo espacio el 15 de septiembre de 2008. Dos días antes, Lionel Messi había comenzado su temporada 2008-09 con Barcelona en el empate 1 a 1 contra Racing de Santander. Por primera vez, había usado la camiseta número 10 blaugrana. Todos los reflectores ya le apuntaban a él tras la partida de Ronaldinho a Milan. Considerado la piedra fundamental del nuevo proyecto, el club había intentado por todos los medios, aún los judiciales, que no fuera a los Juegos Olímpicos. El presidente Joan Laporta estaba jaqueado por una crisis institucional, potenciada por el final del ciclo Rijkaard. Aquella transformación del club, generada por su llegada en 2003, corría el riesgo de interrumpirse abruptamente.

Vale la pena hacer un poco de historia. En junio de 2003, Laporta gana las elecciones y, como primera decisión importante, elige contratar a un crack mediático como Ronaldinho. El equipo debía girar alrededor del brasileño. Los galácticos de Real Madrid habían ganado la Champions 2001/02 y la Liga 2002/03. Zidane, Ronaldo, Figo, Raúl y Roberto Carlos dominaban el país. Su presidente Florentino Pérez decide duplicar su apuesta. Despide a dos símbolos del club como el defensor Fernando Hierro y al DT Vicente del Bosque. Contrata a David Beckham, el futbolista en actividad más famoso del mundo. No había necesidad deportiva de sumarlo, pero fue una decisión de puro marketing. En ese verano europeo de 2003, el planeta fútbol comenzó a cambiar. A partir de ahí, Real Madrid recorrería el camino de la decadencia y Barcelona se convertiría en el mejor del mundo.

Tres años más tarde, en París, el convencido Barça levantaba la Copa de Europa y el confundido Real Madrid buscaba nuevo entrenador. Sin embargo, en mayo de 2008, los roles habían vuelto a invertirse: el Madrid celebraba su segunda liga consecutiva y los "culés" buscaban entrenador.

La derrota ante Manchester United en la semifinal de la UEFA Champions League había marcado el final de una exitosa era. En Barcelona, todo era un enorme signo de interrogación. Antes de irse, el brasileño Edmilson había admitido la falta de armonía en el vestuario. Ante este escenario, muchos catalanes pedían la llegada de un técnico con mano dura, capaz de "poner en caja" a estos futbolistas. El portugués José Mourinho llenaba el formulario. La promoción de Josep Guardiola como entrenador del equipo no generaba un respaldo unánime entre socios e hinchas. En este contexto, Leo Messi asumió la responsabilidad de ser la estrella indiscutida del equipo. No ejerció de líder. Ese lugar les correspondió a Puyol, a Iniesta y a Xavi, que venían de ser campeones de Europa con la fascinante selección española.

En este notable ejercicio 2008-09, demostró de qué está hecho. La rompió toda, hizo goles de todos los colores (38), ganó la Triple Corona e iluminó al mundo. Messi siempre registró perfectamente lo que representaba esta temporada para él. No sólo estuvo a la altura de su talento sino también de nuestras exigencias. Este Messi juega mejor que hace un año. Juega más simple. Ya no siente la obligación de gambetearse a todos los rivales cada vez que agarra la pelota. No tiene problemas en hacer un pase de dos metros si la jugada se lo pide. Esta temporada 2008/09 ha sido clave en su formación futbolística. Hizo mejor al equipo y el equipo lo hizo mejor a él.

Pero hay algo más, vinculado con su físico, antes tan frágil. Tras tres años con alguna lesión muscular, terminó limpito. Jugó casi sesenta partidos sumando su club y la selección. Y podrá descansar un mes entero tras los partidos de eliminatorias. No pudo hacerlo en los cuatro años anteriores. En 2005, el Mundial Juvenil de Holanda. En 2006, el Mundial de Alemania. En 2007, la Copa América. Y en 2008, los Olímpicos. Le vendrá muy bien el reposo antes de la temporada previa a Sudáfrica 2010. Si la Argentina se clasifica, tendrá a su estrella sin desgaste acumulado.

Desde los 13 años, conoce la filosofía y el estilo de Barcelona. Toque, pase, circulación de pelota y mano a mano en los metros de la verdad. Tras brillar en infantiles, cadetes, juveniles, Barça C y Barça B, debutó profesionalmente el 16 de octubre de 2004 ante Espanyol. Usó el número 30, luego el 19 y ahora el 10. En el fútbol, no sólo se trata de las condiciones técnicas individuales, sino también de que el equipo las valore y permita expresarlas. ¿Habría sido el crack que es si hubiera caído en otro equipo? Permítanme dudarlo. Y el Barça ha sido el club ideal para Messi. Por eso, Charly Rexach le redactó un contrato en una servilleta. Había comprobado que el chaval era bueno de verdad.

El rosarino fue uno de los siete titulares en la final de Roma surgidos de esa fábrica de cracks llamada "La Masía": Valdés, Puyol, Piqué, Xavi, Busquets, Iniesta y él. Por supuesto, agreguemos a Guardiola, que ya había levantado la Copa como futbolista en 1992. No saben el valor que esto representa, en términos de identidad y pertenencia, para un club como Barcelona. Ha habido otros equipos campeones, pero ninguno tan catalán como éste.

"Este profundo vínculo con el Barça le ha quitado identidad con el fútbol argentino. Messi es el único jugador de la selección que no tiene hinchada que lo respalde. Es el único futbolista de la historia del seleccionado que no ha jugado minuto alguno en un club argentino. Esta insalvable asimetría de origen provoca que algunos hinchas lo apunten como problema y no como solución."

Este texto tampoco es original pero sigue vigente. A buena parte del público argentino, aún le cuesta disfrutar de Messi. Se está perdiendo de algo bueno en serio. Y a Messi aún le cuesta jugar en la selección como en Barcelona. Sigue sintiendo la obligación de hacer la jugada mágica cada vez que la agarra. Toca menos pelotas que en su club. El Barça lo invita a jugar. El seleccionado lo obliga a resolver. Ojalá Maradona logre con Messi exactamente lo mismo que Bilardo logró con él como futbolista. Es decir, rodearlo con futbolistas complementarios que potencien sus virtudes. Luego le tocará al propio Messi hacer mejores a sus compañeros.

Si bien no se puede hablar de táctica sin nombres propios, Maradona podría fijarse en el armado y en las características de los futbolistas de Barcelona para encontrarle los mejores intérpretes. Por ejemplo, un lateral derecho que le pase todos los tiros cuando juega de extremo. Mediocampistas con pase y llegada. Un nueve de área que mantenga a los centrales ocupados. Quizá deba quedarse fuera del equipo una figura rutilante. No sería la primera vez: Borghi jugó muy poco en México ‘86. Y ese Bichi era extraordinario…

"Si al Barça le va bien, será el gran responsable. Si le va mal, también. A los 21 años en la mayoría de edad, el futbolista más desequilibrante del mundo tiene que hacerse hombre". El final de aquella nota de septiembre de 2008 queda muy desactualizado. En mayo de 2009, Lionel Messi ya es un hombre. Y juega al fútbol mejor que todos los demás.

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