Simeone: la última batalla

Hoy, ante Estudiantes, el Cholo dirá adiós como jugador y mañana ya será DT de Racing; fueron 19 años de carrera de un caudillo que dejó una huella
Diego Morini
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17 de febrero de 2006  

Mantener inalterable durante 19 años el prestigio en el universo de la pelota no es un privilegio del que muchos gozan. Generar el respeto de propios y ajenos es un galardón que no todos pueden ostentar en el fútbol. Quien sí puede jactarse de ello es Diego Pablo Simeone, de 35 años, que hoy protagonizará el último capítulo de su extensa historia deportiva para abrir otro documento fuera del campo de juego: ser DT de su querida Academia.

"En este momento les quiero decir gracias a todos los compañeros que me ayudaron a hacer una carrera tan grande, porque sin el apoyo de ellos, los amigos y la familia, hubiera sido imposible." Esa fue una de las frases del Cholo, tras el último entrenamiento de su currículum como futbolista, en el estadio de Racing.

Reconoció que el vértigo que imprimen los acontecimientos no le están permitiendo disfrutar como quisiera esta etapa final. Incluso, confesó que en soledad comenzó a repasar grandes momentos y como flashes le llegaron las imágenes de su primer paso, aquel 13 de septiembre, cuando a los 14 minutos del segundo tiempo ingresó con su camiseta de Vélez N° 14, en la caída por 2-1 ante Gimnasia, en La Plata. Cabe aclarar que apenas un partido en tercera división le alcanzó para llegar al fútbol grande.

"La verdad es que ante Estudiantes no me importa ganar o perder, tomando bien esta frase, porque mi sueño es retirarme de la mejor manera de la cancha, dejando todo, como lo hice desde el primer partido hasta el último", dijo ayer Simeone. Y justamente la entrega y la garra fueron lo que lo caracterizaron a lo largo de su carrera, aún cuando en los comienzos su relación con el balón pasaba más por el buen trato y la distribución prolija que por el quite y el despliegue.

Fue así que escribió su récord de ser el único jugador argentino en la historia que consiguió un título de liga y una copa local, tanto en España como en Italia. Su primera conquista fue en 1996, cuando con Atlético de Madrid, donde se ganó la categoría de ídolo, obtuvo la Liga española y la Copa del Rey; y el segundo logro fue en 2000, cuando consiguió la corona italiana y la Copa local, con Lazio.

No sólo por su famosa condición de caudillo se ganó el amor de cada uno de los hinchas que disfrutó de su juego aguerrido, sino que también gritaron con cada acción ofensiva en la que participó. Porque el Cholo Simeone tiene un registro de 108 goles en primera, una marca poco común para un volante. Desde aquella primera conquista el 12 de octubre de 1987, a los 4 minutos del segundo tiempo en el éxito de Vélez ante Deportivo Español por 2 -1, hasta estos tres últimos gritos con la camiseta de Racing, el capitán de la Academia siempre tuvo una presencia importante dentro del área rival. Y el mejor registro de ello resultaron los 12 goles que marcó con la camiseta del Atlético de Madrid en la temporada 1995/1996.

También dejará la actividad su gran compañera: la camiseta N° 14, su talismán. Y lo incorporó de tal manera a su vida que, por ejemplo, cada vez que firma un autógrafo lo hace con un Simeone/Cholo/14. La debilidad se justifica por una extraña encadenación de momentos favorables donde, de un modo u otro, apareció el 14: el primer gol en Vélez se lo marcó a Español, en 1987, poco después de ingresar en la cancha con ese número en la espalda, porque aquella tarde había sido suplente; en 1988, con el N° 14 en el Sudamericano de Buenos Aires, en tiempo de descuento, hizo un gol para que el Sub 20 derrotara a Colombia y lograse la 3era ubicación que clasificó al equipo para el Mundial de Arabia Saudita.

Y hay más. Debutó en la selección mayor el 14 de julio de 1988, frente a Australia. Acompañado por este número, ganó las Ligas española e italiana con Atlético Madrid y Lazio, respectivamente, y tras 194 días de inactividad por la rotura de los ligamentos, cuando volvió a jugar, ingresó a los 14 minutos del segundo tiempo.

"Me retiro con la camiseta con la que me enamoré del fútbol", dijo Diego Simeone. Ese amor por la pelota que se mantuvo intacto desde aquellos comienzos en los que su abuela Graciana lo acompañaba a las prácticas de las inferiores de Vélez, y cuando el Cholo fue más grande mantuvo el ritual de escoltarlo hasta la esquina de Costa Rica y Uriarte, donde el Cholo se tomaba el 34 para ir a entrenarse a Liniers. Una historia que concluye hoy para darle comienzo a otra desde mañana mismo.

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