Sosa: tras el retiro, sólo piensa en dirigir a Belgrano

Por Enrique Vivanco De nuestra Agencia
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13 de diciembre de 2001  

CORDOBA.- El de Luis Sosa es un ejemplo fiel del jugador predestinado a querer y a ser querido por la hinchada de un equipo. Este uruguayo de 37 años, de calva brillosa y ojos claros, fue bien recibido apenas puso sus botines en la cancha de Belgrano, en el viejo barrio Alberdi.

Sus hinchas lo aceptaron, lo quisieron y hasta lo idolatraron, provocando en él una raigambre que lo ha llevado a decir que seguirá viviendo en Córdoba y que desea ser alguna vez el técnico del conjunto celeste. Lo dice hoy, a pocos días de haber dejado la actividad, luego de un breve paso por Racing, de esta ciudad. "No tenía las mismas ganas que tuve siempre. Ya me costaba ir a entrenarme. Fui honesto con los dirigentes; se los dije y, aunque al principio me quisieron convencer para que siguiera, finalmente lo aceptaron", explica.

Sosa debutó a los 18 años en Dock Sud, que entonces estaba en la primera D, luego de radicarse en la Argentina con su familia. Con casi 20 años de vigencia en el profesionalismo, su currículum muestra un andar itinerante por diez equipos, dos países y cinco provincias, con una curiosidad: actuó en todas las categorías del fútbol argentino, desde la D hasta la primera división. Su foja se coloreó, además, con las camisetas de Chacarita, Deportivo Pereira y Bucaramanga (ambos de Colombia), Chaco For Ever, Quilmes, Estudiantes, Huracán Corrientes y Racing, de Córdoba.

Todo un desafío, en un medio que engulle ilusiones con la vehemencia de una piraña. El uruguayo dio siete vueltas olímpicas al conseguir otros tantos ascensos. Su prédica en el césped no admitió dobles lecturas: pelota al ras del piso, toque inteligente y más de un gol trascendente. Para paladares negros sin distinción de banderas.

"Sí, me quisieron llevar los dirigentes de Talleres. Fue antes de mi regreso a Belgrano, hace como tres años. Les dije que no, que quería y quiero mucho al club en el que viví mis mayores alegrías como futbolista. Les agradecí el gesto, pero nunca podría traicionar a la gente que me demostró tanto afecto."

Sosa cosechó varios ascensos en una tierra indócil, repleta de los mismos problemas: deudas, bajos presupuestos, escasa infraestructura...

Muchos clubes, por sus características, por la cantidad de gente que los acompaña, asumen que tienen que estar en la B. Y eso se lo transmiten al jugador, que tiene que buscar otro trabajo para poder vivir más o menos bien.

-¿Se respeta al jugador del ascenso?

-En Estudiantes me respetaron muchísimo; en Huracán Corrientes también; lo mismo en Dock Sud. Pero en otros, no. En muchos clubes lo tienen al jugador como la última sobra. En la Argentina se hacen cursos, se estudia para todo, menos para ser dirigente de fútbol. Tienen muchísimas fallas, que no sólo le hacen mal al futbolista, sino al mismo club.

El satélite de Sosa es Belgrano. El lo mira girar a su alrededor como aquel equipo giraba en torno de él. Ya no le tiene ganas a la camiseta, sino al saco, a la corbata, al pantalón largo. "Sí, me gustaría dirigir a Belgrano. Ojalá mañana pueda hacerlo. Cuando sea director técnico, si acumulo experiencia sin haber dirigido a Belgrano, lo tomaré como una materia pendiente. La gente me lo pide en la calle."

Esos goles que aún lo emocionan

CORDOBA.- "De dos goles guardo grandes recuerdos: uno que le hice a San Martín, de Tucumán, en una semifinal del octogonal en 1991. Lo convertí en el descuento y ganamos 2 a 1", recordó Luis Sosa.

"El otro fue a Talleres, en la segunda final de la B Nacional, en la temporada 1997-98. Ganamos 2 a 1, pero como perdimos 1 a 0 la primera final fuimos a los penales. Nos ganaron, pero quedamos bien anímicamente para seguir en el octogonal, que finalmente obtuvimos. Esos dos fueron goles que me hicieron emocionar muchísimo", concluyó.

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