"Mono", "Esclavo", "Escoria" y "Sudaca": la protesta del equipo español que lució en su camiseta los insultos que recibe

Los dorsales de Alma de África, de la segunda división andaluza
Los dorsales de Alma de África, de la segunda división andaluza
Fernando Vergara
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28 de mayo de 2019  • 07:23

"Sudaca", "Mono", "Esclavo", "Escoria", "Inmigrante", "Negro", "Simio", "Gorila", "Gitano", "Sin papeles", "Indio" e "Ilegal". Alma de África, equipo de fútbol de la segunda división andaluza, es un ejemplo de integración en el deporte. Es un grupo de amigos de 12 nacionalidades diferentes, en su mayoría africanos, que decidió saltar al terreno de juego con una vestimenta muy especial: en lugar de llevar en la espalda los apellidos de sus jugadores, optaron por lucir los insultos racistas que reciben cada fin de semana en las canchas que visitan. Un golazo al racismo.

La equipación fue presentada en el último partido de liga que enfrentó al Alma de África Unión Deportiva contra Algaida, dos combinados amateur de Jerez de la Frontera, España. El marcador fue 6-1 para Algaida, pero lo más importante de esa jornada no fue el resultado ni los goles en contra. Nada más lejos. La idea principal fue mostrar al mundo algo que ocurre con demasiada frecuencia en las canchas de fútbol. "¿Qué somos? ¡Una familia! ¿Quiénes somos? ¡Alma de África!", fue la arenga principal del equipo.

Issa, Mourtalla, Abdelmounim, Ivan, Abdoulaye, Osaivbie, Omar, Bassirou y Amed son algunos de los futbolistas de Alma de África. Muchos de los integrantes del equipo nacieron en Marruecos, Guinea-Bisáu, Costa de Marfil, Mali, Senegal, Camerún, Nigeria, Ghana, Mauritania, Palestina y Bolivia. "Negros, vuelvan a su tierra" es uno de los insultos racistas que más veces escucharon, coinciden los futbolistas. No en su cancha (Complejo Polideportivo San Telmo de Jerez de la Frontera), sino cada vez que visitan otros estadios en pueblos vecinos. En algunas ocasiones, los agravios provienen de los propios rivales. "Muchas veces nos encerramos y lloramos en los vestuarios", cuentan los jugadores.

Por este motivo, el club realizó una acción que dio la vuelta al mundo. "Con estas camisetas hemos querido sensibilizar a la gente. Los insultos son palabras, pero esas palabras muchas veces duelen. Quisimos decir basta", explican los integrantes del equipo.

Escapando de la guerra y del hambre. En balsas, en barcos cargueros, como sea. Debajo de un camión o saltando vallas. Sufrieron golpes y heridas. Cada uno de los integrantes de Alma de África atravesó verdaderas odiseas para llegar a España. Inclusive, algunos tardaron 4 o 5 años desde que salieron de sus países de origen. Además, no faltó quien apeló al ingenio, como el camerunés Yves, que entró al país un 24 de diciembre, en la previa de Navidad. Tuvo un pensamiento inicial: "la gente iba a estar más relajada, con menos policías en la calle, era el momento exacto", dice. Tuvo éxito. Aunque algunos de sus compañeros todavía no superan el golpe que significó ver morir a sus amigos en el camino. "Tres o cuatro colegas fallecieron en el Mediterráneo. Con ellos hablábamos todo el tiempo del sueño de cruzar a otro país. Soñábamos cosas lindas. Hay familias enteras que mueren ahogadas: o te buscan o ahí en el agua te quedas", explicó el camerunés Abdou al canal español Antena 3.

Cada ejemplo es una historia de vida. Hicham, defensor nacido en Marruecos, tiene 25 años y llegó a Algeciras cuando todavía era menor de edad, agarrado de la parte baja de un camión que viajaba dentro de un ferry. En España aprovechó para estudiar y asegura que su ídolo es Lionel Messi. También aparece Amed, el único sudamericano del equipo: nació en Bolivia y sus compañeros le dicen "Gaby Mercado", por su parecido físico con el defensor argentino de Sevilla.

La llave para todos ellos resultó Jerez de la Frontera, en Cádiz. Si bien no es un municipio con un elevado porcentaje de extranjeros, es cierto que en los últimos años se produjo un incremento considerable de africanos en esta zona, principalmente jóvenes subsaharianos de diferentes nacionalidades, culturas, idiomas y religiones. "Nadie deja a su familia por gusto. Lo hacen por necesidad y ven como los suyos no logran salir adelante. Es más, ellos en su país se consideran un estorbo para su familia porque no tienen los recursos suficientes y a partir de ahí salen a Europa a buscarse la vida", sostiene Alejandro Benitez, presidente del club.

Dentro de un contexto hostil, los futbolistas se ganan la vida como pueden: en los semáforos, limpiando autos en la calle, como vendedores ambulantes o realizando trabajos de jardinería. Yves se sienta en una esquina y varios vecinos se acercan con sus autos, que tras media hora quedan flamantes. Gana algo más de 300 euros por mes y una parte se la envía a su familia en Camerún. Todo están alejados de su entorno y de su país. Luchan día a día por su vida y la de sus seres queridos. El fútbol, entre otras cosas, les devolvió la ilusión.

"Querida mamá, quiero que te tranquilices porque estoy bien. La última parte del viaje ha sido muy dura, pero ya estoy aquí. Aunque esto en realidad no tiene nada que ver con lo que nos cuentan, he tenido la suerte de instalarme en una bonita y acogedora ciudad: Jerez de la Frontera. Mamá, te va a parecer increíble, pero aquí también hay Alma de África, que es mi equipo", relata una carta de Bachir, de 23 años, futbolista nacido en Dakar, Senegal. "Mamá, te despido después de contarte todo esto porque hoy tenemos un partido. Y te repito una vez más que sigo luchando para conseguir mis sueños. ¡Un día más o un día menos para verte! Te quiero".

Alma de África nació en 2013 como un proyecto social, además de deportivo. Todos los domingos, un nutrido grupo de africanos se juntaba a jugar al fútbol en la Pradera Hípica de Jerez, hasta que Quini Rodríguez, enfermero, los vio y se puso en contacto con su amigo Alejandro Benitez, que primero ofició de árbitro y luego de entrenador. Alejandro terminó como fundador y presidente del club que hoy está federado. "Somos su puerta de entrada a Europa", remarca Benítez. Susceptibles por todo lo vivido, al principio entre los africanos nadie les creía a los españoles que tenían como único objetivo ayudar. Pero había que organizarse y juntos empezaron a cosechar alegrías.

Así surgió un proyecto para la integración multicultural con el fútbol como elemento fundamental, ayudado por su lenguaje universal, facilitador de comunicación y basado en los valores de colaboración y cooperación de sus integrantes. Así, con el solo hecho de tener el pasaporte los jugadores podían ser fichados. "Desde chico tenía un sueño muy grande: jugar al fútbol en un club federado", resalta Abdou.

Alma de África comenzó en la cuarta regional andaluza, la categoría más baja, y en su primer año ascendió. Los muchachos aparecieron en la primera página del Diario de Jerez y recibieron el premio Ciudad de Jerez 2016 a la Igualdad y la Integración. La vida comenzaba a sonreírles: varios se pusieron de novio y algunos ya se casaron. España ya formaba parte de sus vidas.

Para cada uno de ellos, el fútbol es su principal religión. Hoy, los jugadores de Alma de África se encuentran felices porque la repercusión mediática de la entidad jerezana atrajo algunos sponsors y más de medio centenar de socios, que pueden aportar al año desde 20 euros en adelante. Inclusive, recibieron una donación anónima que sirvió para comprarles botines a todo el plantel. La empresa Kelme les da la vestimenta. Y el Villarreal les mandó pecheras para entrenar y calentar antes de los partidos, además de pelotas y bolsos. Si sobra algo de dinero, se reparte entre los jugadores. Y también tienen su propia página web en la que van relatando sus historias: www.almadeafrica.com. "Formamos parte de Alma de África porque esto no es únicamente pertenecer a un club de fútbol, es compartir, promover y difundir valores como la solidaridad, respeto, igualdad, tolerancia y fraternidad. Queremos luchar y combatir cualquier comportamiento discriminatorio, educar desde el deporte, eliminar prejuicios y estereotipos, acercarnos a la realidad de muchos con los que convivimos, no mirar hacia otro lado y trabajar por un mundo sin fronteras", dicen desde el club.

La lucha de este club por la igualdad es permanente. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento que marcó un hito en la historia. "En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país", reza un fragmento. Y la parte delantera de la camiseta de Alma de África utiliza algo de esta frase, aunque le sacaron el inicio: no quieren ser perseguidos. Piden terminar con las persecuciones.

Alma de África es el club de los sobrevivientes. El descenso de categoría de la temporada pasada es apenas una anécdota. El equipo ya dejó una marca indeleble y le ganó su partido al racismo.

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