Sufre: Racing no gana y suma descontento

El 1-1 agónico ante Estudiantes no calmó las aguas en el club de Avellaneda, los hinchas volvieron a pedir a Merlo y hubo pintadas contra el gerenciador Marín
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31 de mayo de 2003  

Fue otra noche tensión permanente en Avellaneda. Como darse cuenta de que el campeonato, a estas alturas y con estos resultados, es una condena. Y que, a decir verdad, ir perdiendo de local potencia los pedidos por el regreso de Reinaldo Merlo como técnico y los reclamos. Esto es así: después de jugar mal, Racing igualó agónicamente 1 a 1 con Estudiantes.

Puede decirse que el gol de Maximiliano Estévez, a los 42 minutos del segundo tiempo fue como un bálsamo para los reclamos que se sentían en Avellaneda. "La camiseta de Racing se tiene que transpirar", "Traelo a Merlo, la p...." , eran los mensajes de la gente, disconforme con el juego.

Estudiantes fue a Avellaneda a cumplir un papel expectante. Sin urgencias, el equipo dirigido por Carlos Bilardo intentó adueñarse de la pelota con mejores argumentos, pero quizá le faltó continuidad. Las áreas se convirtieron en zonas poco exploradas, y el cotejo, por momentos, se hizo tedioso. Ni la voluntad de Roberto Pompei y de Ariel Zapata sacó al partido del aburrimiento

De un paso en falso de Roberto Amarilla nació el gol de Estudiantes. A los 8 minutos del primer tiempo, ante las vacilaciones del defensor para cortar un pase frontal, Ernesto Farías le ganó la posición, se acercó a Campagnuolo y asistió a Ezequiel Maggiolo, que definió en soledad en el borde del área chica.

En ese primer tiempo, la ventaja pudo ser mayor para los visitantes. Porque iban 1 a 0 cuando Mariano Pavone no pudo concretar otro contraataque propiciado por Pompei. Y porque, al cabo, fue Estudiantes el que contó con la posesión de la pelota durante casi todo el partido. Eso, a pesar de que a los 26 minutos del primer tiempo resignó peso ofensivo porque se quedó sin Farías, reemplazado luego de un choque de cabezas con Diego Milito.

Tras el entretiempo, Racing no pudo sellar las grietas defensivas entre sus dos centrales. Tan permeable fue su resistencia que Estudiantes tuvo varias situaciones en la segunda etapa. Una, luego un tiro libre de Pompei, que pegó en el travesaño, y dos veces Pavone desperdició sin marca ante Campagnuolo.

Racing buscó, pero nunca encontró el mejor camino. En parte, porque ni Mariano González ni Sixto Peralta asumieron su rol de conductores. Una cuestión que padeció Milito, solitario en el ataque por disposición del técnico Emilio Comisso.

Algo quedó claro, además del agónico empate: apenas la situación es adversa, en Racing aparece el divorcio entre los hinchas con el equipo y, más que nada, con los dirigentes.

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