River ganó 2-0 con un descollante Nacho Fernández, el "sordo" que escucha a Gallardo a la perfección

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Talleres de Córdoba

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River Plate

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Juan Patricio Balbi Vignolo
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30 de marzo de 2019  • 19:30

Sus compañeros le dicen "Sordo" porque tiene problemas de audición y en futuro deberá operarse, pero Nacho Fernández escucha a la perfección lo que Marcelo Gallardo quiere de él. Alguna vez el entrenador de River lo definió como el "cerebro" del plantel. Y la ecuación es simple: si juega bien, el equipo juega bien. Si juega mal, el equipo juega mal. La noche de ayer en Córdoba, siendo el guía del triunfo por 2-0 ante Talleres para prácticamente asegurar el lugar en la Copa Libertadores 2020, tan solo fue una nueva confirmación de que puede hacerse cargo del engranaje futbolístico. Pedir la pelota no le pesa.

Por primera vez sin Juan Fernando Quintero, quien fue operado hace 10 días tras su rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, la furiosa reaparición de Nacho se da en el momento justo. No solo porque demostró un alto nivel para ser la llave de la creación de juego, sino porque le aportó una cuota goleadora inesperada: marcó su segundo doblete en River -el anterior había sido en el 6-0 a The Strongest de Bolivia en la Copa Libertadores 2016- y suma así 15 festejos (sólo tres en torneos locales) en 128 partidos.

Así, hizo delirar a los 15 mil hinchas millonarios que asistieron al triunfo bajo una intensa lluvia y rompieron sus manos para aplaudirlo, al igual que a Franco Armani, quien sostuvo al equipo con apariciones claves, especialmente en el segundo tiempo tras la expulsión -injusta- de Nicolás De La Cruz por doble amarilla.

El 1-0 fue una gran jugada colectiva con el sello Gallardo. Salida larga de Armani, pivoteo de Pratto con la cabeza, devolución de taco de Borré, deliciosa asistencia de Pratto en profundidad y definición de derecha de Nacho Fernández al ángulo. Un gol para enmarcar, potenciado por la posterior avivada de Nacho para el 2-0.

El volante recibió una falta de Enzo Díaz sobre la banda derecha y, mientras el árbitro Silvio Trucco anotaba la amonestación, se levantó rápidamente y ni siquiera acomodó la pelota para rematar de zurda. Con una gran precisión, dejó sin reacción al adelantado arquero Guido Herrera y emuló la pegada de Juanfer para no extrañarlo tanto.

Ciudadano ilustre de Dudignac, su pueblo de menos de tres mil habitantes ubicado a 300 kilómetros hacia el Oeste de la provincia de Buenos Aires, cada vez que visita a su familia se encuentra con una gigantografía suya que se contrapone con su reservada personalidad.

De perfil bajo, ni los micrófonos ni los flashes son aliados del volante de 29 años que atraviesa su cuarto año en Núñez y, más allá de los altibajos, tiene confianza plena del cuerpo técnico: consideran que no hay otro jugador de sus características, capaz de unir líneas, jugar al espacio y hacer circular la pelota con precisión para que sus compañeros se muevan a su ritmo. Y, además, siempre dice presente en los clásicos o partidos definitorios.

Zurdo, su físico particular le da una impronta diferente al clásico mediocampista ofensivo: mide 1,82 metros y pesa 67 kilos, pero lejos está de ser un impedimento para él. Su vocación es mostrarse constantemente para ser el cerebro en la zona neurálgica del campo. Anoche, brilló con su fútbol, sacó a relucir una potencia goleadora que nadie tenía en los planes y reafirmó que tiene todas las condiciones para ponerse al equipo al hombro. River lo necesita.

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