Testigos de Messi

Ezequiel Fernández Moores
Messi, siempre figura más allá de recibir premios o no
Messi, siempre figura más allá de recibir premios o no Fuente: Reuters - Crédito: ALBERT GEA
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25 de diciembre de 2018  • 23:59

¿Quiere usted saber qué es el silencio? Vaya un día al Camp Nou y vea qué sucede cuando Leo Messi tarda en levantarse después de un foul. Lo cuenta Jordi Puntí en su último libro "Todo Messi". Francisco "Lobo" Carrasco, excrack de Barcelona , le dijo semanas atrás a France Football que, si algún día Messi precisara un órgano, aparecerían donantes en todo el mundo. France Football lo relegó a un quinto lugar en la última votación del Balón de Oro. Tempranamente eliminado en 2018 de la Champions y del Mundial, Messi también quedó quinto en el premio The Best de la FIFA. Aún así, cerramos un nuevo año y Messi lidera otra vez todas las estadísticas. Goles, asistencias, chances creadas, tiros libres, pases decisivos. Todos, o casi todos, sabemos que Messi sigue siendo el mejor. Dijo un día Zlatan Ibrahimovic que si él gana alguna vez el Balón de Oro al día siguiente se lo dará a Lionel Messi . Otros creen que, en rigor, el Balón de Oro debería cambiar su nombre. Llamarse Premio Messi.

En su "no año", en el año en el que, además, iba a jugar más lejos del arco, Messi, goleador de 1,70m, volvió a marcar más que nadie y recibió su quinta Bota de Oro como mejor anotador en Europa. Pero nadie lo define como un "goleador". El día de la premiación, Carles Rexach dijo que Messi está tal vez "en su mejor momento" y que el estadio del Barca debería llevar su nombre. Rexach es el hombre que, atemorizado de que Leo se volviera a Buenos Aires, improvisó en una servilleta de papel el primer contrato entre Barcelona y un Messi de trece años. Suerte que las servilletas del bar catalán, dice Puntí en su libro, eran "de dos capas y con una cualidad única: se puede escribir en ellas con un bolígrafo". Puntí nos recuerda también que hace ya ocho años un periodista de renombre había dicho que se habían agotado los adjetivos para elogiar a Messi. Y que Marius Serrá le respondió entonces en La Vanguardia con casi seiscientos nuevos adjetivos. "Cubista", "futurista", "homérico", "mastodóntico". Fueron tantos en todos estos años, tan repetitivos, que la propia France Football se preguntó hace tres semanas si la rutina con la que nos malcrió Messi en toda una década lo ha convertido en un "genio banalizado". Si acaso no estamos trivializando su arte.

"Messi es tan grande –me dice el colega Ramiro Martín desde Barcelona– que retrata al mundo del fútbol. Primero porque no entra en el circo de responder a sus críticos, sea Maradona, Pelé o Cristiano, y así desactiva todo y responde en la cancha. Y luego porque su permanencia enfrenta la lógica marketinera que precisa siempre de algo nuevo. El es siempre el mismo: Messi, camiseta número 10 y Barcelona. ‘One man club’. Cero glamour. Por eso digo que Messi –insiste Martín– retrata e interpela al fútbol. Porque es demasiado jugador para este tiempo en que la mirada pública y publicada casi no repara en el juego, desviada como está hacia asuntos menores que ocurren fuera de la cancha". Este año, Messi expuso además como nadie antes al Balón de Oro. A aclarar que se premia al mejor del año y no al mejor. Al narcisismo también de sus propios creadores. Que ni siquiera aclaran por qué votó un periodista inexistente y de un medio inexistente. Y por qué a otro le cambiaron el orden de su votación. Y por qué hasta en Italia afirman que hubo votaciones a medida de Florentino Pérez, presidente de Real Madrid.

La exhibición del año de Messi fue en Wembley por la Champions League . Dos goles y dos palos. Pero más, mucho más que eso. "A veces –escribió al día siguiente Barney Ronan en The Guardian– solo tienes que pararte y mirar boquiabierto". Ronan describió dos planos. Por un lado, un gran juego colectivo de Barcelona. Y, por otro, Messi. Sus "momentos irresistibles de control y visión". Su "telaraña" que atrapó a toda la defensa del Tottenham. Sus pases que primero son una idea. Tan inverosímiles que dejan en ridículo a los rivales. Su gambeta con la pelota que pasa de un pie a otro como el boxeador que combina tres golpes. "Deberíamos atesorar estos momentos", pidió Ronan. Unos días antes, The Guardian había informado sobre sus más de 600 goles. Sobre su participación en el 45 por ciento de los goles de Barcelona en la última década. Con Ronaldinho y sin Ronaldinho. Con Xavi y sin Xavi. Con Neymar y sin Neymar. Con Iniesta y sin Iniesta. Con Dani Alves o con Jordi Alba.

Su primer gol oficial, contra Albacete en 2005 en el Camp Nou, fue un 1 de mayo, Día del Trabajador. Pero Messi es un artista. Un artista siglo 21, nos dice Puntí en su libro, citando a Italo Calvino. "Levedad, rapidez (relación entre la velocidad física y la velocidad mental), exactitud, visibilidad (imaginar con sentido práctico lo que es imposible) y multiplicidad (¿de qué juega Messi?)". Es cierto, en los Mundiales (tampoco recibió gran ayuda) no pudo. Y eso parece imperdonable. A Zinedine Zidane , nos recuerda Puntí, llegaron a filmarlo con diecisiete cámaras simultáneas para captar la belleza de su juego. Pero ninguna, claro, pudo contarnos "qué pasa en su cabeza mientras juega". Es talento y también es misterio. Dichoso nuestro fútbol contemporáneo, porque en 2019 seguiremos siendo testigos privilegiados. Testigos de Messi.

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