Triste despedida: Vélez y Chilavert dijeron adiós

El conjunto de Liniers cayó por 4 a 2 frente a Maracaibo y quedó eliminado; el encuentro marcó el retiro del arquero paraguayo
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23 de abril de 2004  

MARACAIBO, Venezuela (Especial).– El dolor fue doble. Una noche en la que los motivos para la tristeza se potenciaron para el hincha de Vélez. La experiencia por estas tierras lo dejó con las manos vacías y el corazón herido. El rotundo 4-2 que le propinó Maracaibo lo eliminó de la Copa Toyota Libertadores y precipitó el adiós de su gran ídolo, José Luis Chilavert. El arquero paraguayo, que había anunciado que su regreso a Vélez se circunscribía sólo al certamen continental, recibió el adiós como un cachetazo, de la peor manera: con cuatro estiletazos que lo descubrieron la contracara de la imagen de ganador que siempre supo dar.

Vélez arrancó el partido ilusionado. Lejos de recurrir a la especulación, asistió al movedizo Batalla con las escaladas de Ladino y Jonás Gutiérrez por los costados para apoyar los intentos ofensivos de Zárate y Valdemarín. Le discutió de igual a igual el dominio de la pelota a Maracaibo y merodeó en varias ocasiones el área rival. Sin embargo, sus intenciones se diluían en los momentos en los que se exige precisión. Entonces, a la hora del recuento hubo que hilar muy fino para encontrar situaciones de riesgo.

Como había ocurrido en el encuentro de ida, en Liniers, Maracaibo no da puntada sin que Rodrigo Riep dé el visto bueno. Precisamente el zurdo mediocampista argentino fue el encargado de modificar los planes de Vélez enseguida. A los 11 minutos, abrió el marcador con un remate cruzado que dejó a Chilavert con un vuelo estéril, tras una asistencia a fondo del escurridizo Cásseres.

Vélez dispuso de varias pelotas detenidas, pero las ocasiones se polarizaron en dos variantes que no le dieron resultado: los tiros libres de Chilavert (fueron dos, uno pasó cerca; el otro dio en la barrera) y la búsqueda aérea del grandote De Souza. Para colmo, el defensor uruguayo se marchó a los vestuarios por doble amonestación cuando el primer tiempo se terminaba.

Y el conjunto argentino se salvó un instante más tarde, cuando el árbitro, Carlos Chandía, ignoró un claro penal de Ladino a Colliard.

Maracaibo no contó con otras oportunidades para desnivelar y Vélez tuvo la más clara en los pies de Valdemarín, pero remató alto cuando entraba en velocidad en el área habilitado por un taco de Batalla.

Si el zapatazo de Riep fue un balde de agua fría, el segundo tiempo recibió a Vélez con un mazazo letal. Cásseres tomó a la defensa adelantada y definió por encima de la previsible salida de Chilavert. Otro ataque aislado de Maracaibo que no encontró resistencia en la retaguardia del conjunto dirigido por Carlos Ischia.

Encima, dos minutos antes del 2 a 0, entre Pellegrino y Fuentes se molestaron para definir a la red, muy cerca del arco, un centro preciso de Batalla.

Con la eliminación tan cerca, Ischia envió paulatinamente refuerzos con vocación ofensiva a la cancha: Bravo, Gracián y Bianchi. Pero la definición siguió parapetada en el debe para Vélez. Zárate se encontró dos veces con los notables reflejos de Dudamel, que le ahogó un mano a mano y un tiro libre.

Pero el destino estaba sellado desde hacía rato para Vélez. Y llegaron dos goles casi copiados. Llegada por la derecha, centro atrás y definición cruzada con un Chilavert derrotado y de esfuerzo estéril. Definido por los dos mejores jugadores del partido: Cásseres y Riep, respectivamente.

La debacle futbolística de Vélez fue inexorable. Una reacción a puro instinto y cabezazo le dio el doble descuento mediante Pellegrino y Fuentes. Pero los venezolanos tenían demasiado handicap. Y Chilavert ni siquiera tuvo tiempo para digerir su triste despedida. Los sofocones provocados por los venezolanos no cesaron hasta el final. Hasta ese final amargo, que le arrebató a Vélez el sueño de Copa y su más preciado ídolo.

Riep también se acordó de Diego

MARACAIBO (Especial).– Ya había mostrado su talento en Liniers, en el encuentro de ida, cuando hasta se dio el lujo de retirarse aplaudido por la platea de Vélez. Rodrigo Riep volvió a ser el hombre fundamental para el funcionamiento de Maracaibo. Riep es argentino y realizó todas las divisiones inferiores en River Plate.

Anoche, convirtió dos de los cuatro goles del conjunto venezolano y todas las acciones pasaron por sus pies.

Tras convertir el primer tanto, el zurdo mediocampista tuvo una emotiva forma de celebrarlo: mostrando una remera negra con la leyenda "Yo soy el Diego", que contenía la firma de Maradona (se la alcanzó un utilero). El respaldo al astro del fútbol argentino no se quedó allí, pues en la tribuna, una bandera blanca también brindó su apoyo: "Fuerza Diego, en mi corazón", fue el mensaje.

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