Turquía fue más

El equipo que dirige Senol Günes derrotó por 3 a 2 a uno de los anfitriones de la Copa; el ganador mereció el festejo después de un muy buen Mundial
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30 de junio de 2002  

DAEGU, Corea del Sur.– Es un hecho: las paradojas y las situaciones inesperadas decidieron no abandonar el Mundial hasta último momento. Hay un partido que siempre fue señalado como el más desabrido de la Copa del Mundo: el que define el tercer puesto.

Sin embargo, esta vez entregó más contenido que la mayoría de los 62 que lo precedieron en Corea-Japón. Sobre todo en un primer tiempo al que no le faltó nada: emoción, goles –un par de ellos de excelente factura– y hasta un hecho histórico : el tanto más rápido de la historia del máximo certamen.

El honor de haber conseguido esa conquista récord –desde los pies de Hakan Sukur– significó cartón lleno para Turquía. Llegó al Mundial como un equipo del segundo pelotón, pero a ese supuesto destino prefijado le opuso personalidad y un juego interesante. Desde aquel debut en el que tuvo que sobrellevar un penal inexistente en contra ante Brasil, se abrió paso luchando y se llevó un tercer puesto histórico después de ganarle a Corea por 3 a 2.

La noche de Daegu empezó a abrírseles a los turcos mucho más rápido de lo que ellos esperaban. A los 11 segundos, Sukur ponía el

1 a 0 después de un error de Hong, y en esa primera acción ya quedaba constancia de dos características que el partido no abandonaría: una, la floja tarea defensiva de Corea; la otra, que el delantero con más cartel que trajeron los turcos por fin despertaba.

Y no sólo el hombre de Parma estaba inspirado: más aún demostraría estarlo Ilhan Mansiz, que en esa primera etapa se hizo sentir con dos goles, el último de los cuales lo rubricó con un toque exquisito por sobre el arquero Won Jae Lee.

Todo ese primer tiempo y la mayor parte del segundo fueron un compendio de emociones para comprometidos y neutrales. Los coreanos, abajo en el marcador desde muy temprano, salieron obligados a buscar el equilibrio. Los turcos, agazapados y listos para lastimar siempre que pudieran, parecían en condiciones de aumentar la cuenta en cada réplica.

A Corea comenzó a derrumbársele de golpe la gran ilusión de estar en el podio. Esos marcados cortocircuitos defensivos le impidieron coronar el sueño que forjó durante todo un mes, pero su gente despidió al equipo como si hubiera logrado lo máximo. El llanto que algunos de sus jugadores no pudieron contener en el final fue bronca pura por un cierre de campaña distante de lo que había sido el comienzo. También, por sentir que se trataba de un día especial para su gente, sensibilizada por el incidente que el país había vivido horas antes con Corea del Norte.

Pero no fue la casualidad lo que colocó a Turquía en el honrosísimo tercer puesto. A las cualidades ya citadas hay que agregarles las que le aportan un par de individualidades importantes: en el arco tiene un hombre que irradia seguridad a todos sus compañeros. Se llama Rüstü y porque no es alemán, ni brasileño ni argentino, por ejemplo, no goza de la notoriedad que debería. Si su arco fue vulnerado dos veces por los coreanos, fue por causas que le fueron ajenas: en la primera, la notable ejecución de un tiro libre por parte de Eul Yong Lee; en la última, sobre la agonía del partido, el desafortunado roce en un compañero de un disparo de Chong Gug Song, que lo descolocó.

Pero, pese a todo, Turquía se fue con la frente alta. Consiguió más de lo que esperaba, y en buena ley. Al final, merecía ese largo festejo por el tercer puesto.

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