Un adiós sospechado

Martín Castilla
(0)
15 de mayo de 2003  

Dicen quererse para un recorrido que va más allá del 30 de junio próximo, el día que vencerá el contrato de Américo Gallego como técnico de Independiente, pero lo concreto es que ya se están diciendo adiós. Los plazos se aceleraron inesperadamente. Primero, los dirigentes le pidieron que definiera su posición antes del 30 de este mes actual. Pero después del encuentro ante Talleres, del sábado último, el presidente, Andrés Ducantenzeiler, le exigió una respuesta para anteayer como fecha límite. El entrenador nunca modificó su posición original -de esperar la confirmación de refuerzos- y su deseo de continuar llegó tarde, según el pensamiento de los que toman decisiones.

De una primera impresión sólo queda la sorpresa por un corte que puede parecer abrupto. De otra más minuciosa y profunda, un desgaste cuyas causas también sorprenden, y sugiere que la relación que ayer se quebró entre Américo Gallego e Independiente (o entre el entrenador y el presidente Ducatenzeiler y su entorno) tiene costados al menos nebulosos.

Los dirigentes de Independiente siguen fríamente el camino que marca su tesorería, alicaída por estos días y sin el aporte monetario de Daniel Grinbank, que participó activamente del armado del equipo campeón. Aducen una actitud austera a la hora de buscar incorporaciones, y para Gallego, guiado por el temor de que no llegarían jugadores de jerarquía, eso significa un mal presagio.

Ayer, cuando la cuestión subió de temperatura, la postura del Rojo, lejos de caminar hacia un armisticio, se endureció. A los dirigentes no les gustó nada que Gallego hablara antes con los medios y que lo hiciera justo después de la negociación en la que estuvo ausente, pese a ser el principal invitado. En definitiva, la respuesta de Gallego no llegó a tiempo y una dirigencia extremadamente pegada a los formalismos ya no lo tiene en cuenta para la temporada que viene.

El tiempo dirá si la falta de paciencia de la comisión directiva del Rojo responde a otros intereses o un supuesto plan B para cambiar de entrenador. No puede negarse que la profunda diferencia de dinero que existe entre las partes para concretar la renovación propició este escenario o que las palabras de Grinbank, quien aseguró que el ciclo de Gallego estaba concluido, hicieron huella en el pensamiento de los dirigentes. Para muchos, por estas cuestiones que se presumen irreconciliables, el destino quedó marcado para siempre.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.