Un año que pareció una vida: las sensaciones de Boca en el ansiado regreso a la Copa Libertadores

Alianza Lima y Palmeiras serán los primeros rivales en 2018; todo lo que pasaron los xeneizes para volver al campeonato que los desvela; ganador como futbolista, Barros Schelotto busca la gloria como DT
Patricio Insua
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21 de diciembre de 2017  

Boca quedó como cabeza de serie en el Grupo 8; los xeneizes ya ganaron seis títulos
Boca quedó como cabeza de serie en el Grupo 8; los xeneizes ya ganaron seis títulos Fuente: Reuters

Guillermo Barros Schelotto sabe muy bien lo que implica la Copa Libertadores. Conoce lo que significa ganarla, como lo hizo en 2000, 2001, 2003 y 2007 (año en el que apenas jugó unos minutos en la etapa de grupos, antes de irse a Estados Unidos), dar la vuelta olímpica en Brasil y también en la Bombonera colapsada por una euforia desatada. Pero también sintió el impacto que desata perderla, como cuando el año pasado la eliminación ante Independiente del Valle en semifinales provocó la salida de los referentes Agustín Orion y Daniel Díaz, el pedido de licencia de Carlos Tevez, el cimbronazo en el cuerpo técnico, la alarma encendida en la dirigencia y la inmediata búsqueda de refuerzos. Todavía le cambia la mirada cuando se le recuerda esa serie y aun hoy sostiene que merecieron avanzar; sabe el lugar que le hubiese dado ganarla.

Boca volvió al lugar en el que siempre quiso estar. Fue un año de ausencia. De fijarse lo que hacían los otros en el terreno internacional y, domingo tras domingo, concentrarse en el ámbito doméstico. El debut será en Perú, ante Alianza Lima. Ahí empezará la verdadera competencia para los xeneizes.

Guillermo Barros Schelotto se rehusa a posicionar a la Libertadores como lo único que vale. Porque así parecen planteadas las cosas de cara a 2018: la Copa o nada. No desconoce esa medida intangible que establece como un premio menor otro título que no sea el de la Libertadores, ni que perderla orilla con el fracaso; pero parece dispuesto a plantarse contra esa lógica.

“Decir que vamos a ganar la Copa es mentirle a la gente”, aseguró hace pocos días Guillermo Barros Schelotto. Una postura todavía más contundente había sentado antes de la revancha frente a Independiente del Valle: “Boca no tiene la obligación de ser campeón. Tratamos de ser los mejores, pero no estamos obligados a serlos”. Esa posición contrasta con la que dio Juan Román Riquelme, la figura excluyente de la última conquista de América, en 2007. “Boca tiene que ganar la Libertadores. No cuenta otra cosa y tiene la obligación”, sentenció el ídolo.

Desde que es director técnico, Guillermo dirigió en dos ocasiones del mayor campeonato de América del Sur. La primera fue en 2014, cuando al frente de Lanús avanzó hasta los cuartos de final, instancia en la que lo eliminó Bolívar. La segunda fue la única en la que hasta ahora condujo a Boca, en 2016.

Hasta el final del milenio pasado, Boca ostentaba siete títulos internacionales encadenados en las Copa Libertadores 1977 y 1978, Copa Intercontinental 1977, Supercopa 1989, Recopa Sudamericana 1990, Copa Masters 1992 y Copa de Oro 1993. A partir del 2000 los éxitos fronteras afuera se multiplicaron al alzar la Libertadores cuatro veces más (2000, 2001, 2003 y 2007), quedarse en otras dos oportunidades con la Intercontinental (2000 y 2003), ser bicampeón de la Copa Sudamericana (2004 y 2005) y lograr tres veces la Recopa Sudamericana (2005, 2006 y 2008). Así, en lo que lleva el recorrido de este siglo ganó más títulos internacionales (11) que domésticos (ocho torneos y la Copa Argentina en 2012 y 2015). Esa dinámica hizo que en el escalafón xeineize nada se ubicara por delante de los certámenes continentales y, en particular, de la Copa Libertadores, que de sueño pasó a objetivo y de ahí mutó en obsesión, como cantan sus hinchas.

Ese mandato también lo siente una dirigencia que persiguió infructuosamente ese trofeo al costo de más de 50.000.000 de dólares en los mercados de pases. Ahora ya llegó Ramón Wanchope Ábila, esperan el regreso de Carlos Tevez y negocian por, al menos, tres refuerzos más. Volver a Japón, aquella movilizadora promesa de Daniel Angelici en la campaña para su primera presidencia en 2011, aún no se pudo.

El trofeo que conquistó en seis ocasiones entre 1977 y 2007 pasó a ser el centro alrededor del cual orbita Boca. La gloria y la grandeza xeneixe son anteriores y posteriores a esos 40 años. Sin embargo, la Libertadores se convirtió en la medida del éxito en la Ribera, aunque Barros Schelotto públicamente se resista a ese mandato.

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