Un capitán con plazo en Boca: el desafío de Carlos Tevez es responderle a Alfaro antes de que lo saque

Desde que llegó a Boca, Alfaro respaldó y endulzó los oídos de Tevez
Desde que llegó a Boca, Alfaro respaldó y endulzó los oídos de Tevez Fuente: FotoBAIRES
Franco Tossi
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2 de febrero de 2019  • 23:59

Gustavo Alfaro todavía se está adaptando a Boca. Es lo que el DT les dice a su círculo íntimo en cada charla de café, en cada almuerzo o cena. Cada decisión es meditada tres veces. Sabe que no cuenta con la espalda como la tuvo Guillermo Barros Schelotto en la Ribera o como la tendría Martín Palermo en el futuro. Es día a día. Pero en este comienzo del ciclo, eligió una bandera: Carlos Tevez. Sin embargo… Si bien es prematuro criticar a un futbolista que el último semestre estuvo tan relegado, el interrogante sale solo: ¿Cuánto tiempo Alfaro sostendrá a Tevez? ¿Hay un límite de partidos en su cabeza? ¿Quedar preso de sus palabras o poner al que está mejor? "Gustavo no le pone límites de tiempo a nadie, siempre se manejó de la misma manera", le confió a LA NACION una persona cercana al técnico xeneize. Pero "no ponerle límites" no significa mucho ni poco. Es una carrera contra el tiempo

Aquellas recordadas lágrimas que Tevez expuso al dejar el campo de juego de la Bombonera, el 18 de diciembre de 2016, anticipaban cuan consciente era el propio N°10 del error que estaba cometiendo. El hincha de Boca, incrédulo, dedicó esa jornada para movilizarse a las tribunas con el único fin de sensibilizar al máximo el corazón del ídolo: a la historia había que torcerle el brazo a favor y si el equipo –puntero en ese entonces– le ganaba o no a Colón, de Santa Fe, era un factor menor. Tanta muestra de amor había sido en vano: la decisión de irse al fútbol chino estaba tomada.

Hace pocos días, Carlitos revolucionó la serenidad de Boca criticando a Guillermo Barros Schelotto, su exentrenador. También contra la contratación de Mauro Zárate, quien sigue siendo su compañero. Es cierto que el Mellizo pudo haber fallado en las formas de tratarlo durante el último tiempo, pero eso no fue el causante de todos los males de Tevez: con su aventura asiática, que constó de un beneficio económico grande en dólares y en un retroceso futbolístico inevitable, él mismo corrió el riesgo de ubicarse a unos pasos del abismo de su carrera.

Por dos aspectos simultáneos. Casi que se escapó (grabó un video desde un celular para despedirse) de un equipo que había terminado aquel año de manera impecable tras ganarle consecutivamente a San Lorenzo, Racing y River, luciendo un estilo de alto vuelo: el futbolista, que en unos días cumplirá 35 años, jugó esos días en un nivel destacado, algo que no había podido alcanzar tras retornar en plenitud desde Juventus, de Italia (venía de jugar la final de la Champions League). Era el momento justo para despegar en el terreno y ser el Tevez que los fanáticos soñaron con ver desde que le dieron la bienvenida, en 2015, con una Bombonera repleta solo para observarlo unos segundos. Él prefirió desistir de todo eso y subirse al primer avión rumbo a Shanghai, para desembarcar en una liga que lo aplomó todavía más. Previsible.

Las consecuencias son lógicas. Continúa luchando contra su edad y su físico, sin poder acordarse del sitio en el que olvidó su mejor versión. "Hace dos años que no estoy con confianza, pero hago lo posible para estar bien. Trabajo día a día para encontrar el mejor Tevez porque el equipo lo necesita", afirmó tras el empate ante Newell’s. El gran interrogante es cuánto tiempo le llevará cambiar su rendimiento. Incluso, a partir de lo poco que viene demostrando, es imposible asegurar que su nivel pueda crecer a esta altura de su carrera. "De a poco me voy sintiendo mejor", agregó. Pero eso no se comprobó en los amistosos de verano ni aquella noche en Parque Independencia ni en su ingreso en el segundo tiempo ante San Martín, en San Juan, el jueves.

En este arranque de año cuenta con una ventaja que él extrañaba: el respaldo del técnico. Luego de haber pasado un semestre en el que fue considerado suplente por los Barros Schelotto (incluso han llegado a no integrarlo en la lista de concentrados). "Si Guillermo seguía, yo me iba de Boca. Si vos ves que un jugador es ídolo en el club, traes a alguien para reemplazarlo (Zárate) y al primer partido mandás a Tevez al banco, estás dando una señal de que no lo querés. Me aguanté cosas que en otro club no me las bancaría", disparó Tevez, dejando en evidencia que esa relación desde su vuelta a China se hizo tirante.

Tevez con el Mellizo Barros Schelotto: una relación que no funcionó
Tevez con el Mellizo Barros Schelotto: una relación que no funcionó Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco

Con Alfaro, al menos el comienzo, es diferente. Todos los atributos que había resignado, le fueron devueltos: cinta de capitán y camiseta N° 10. Y el DT de 56 años se encargó de endiosarlo: "Carlos es mi abanderado. Nosotros tenemos que apoyarnos en alguien de experiencia como él", había declarado el técnico en su presentación, dejando entrever el protagonismo que tenía en mente otorgarle.

Alfaro le dio confianza y, al menos por ahora, en su cabeza no hay fijada una cantidad de compromisos que sirvan de parámetros para tomar la decisión de dejarlo o sacarlo del equipo. Si llega algún momento en el que crea que su evolución no avanza, actuará. Pero la intención que prima por estos días es sostener a Carlitos en el mejor once. Tal como en estos primeros partidos oficiales, cuando se utilice el recambio, quizás, sea él uno de los afectados permanentes. Lo dicho: el físico, a estas alturas, no le permite tener una constante actividad. Y por eso no fue titular en San Juan, en la goleada ante San Martín 4-0.

Pero la idea es que siempre que sea de la partida. "Tuvimos una charla con Gustavo. Me dijo que quería que juegue todos los partidos y que los jugadores con la trayectoria como la mía se tienen que hacer cargo del momento del equipo. Nos sorprendió, estamos contentos", detalló Carlitos en Rosario. Pero, al mismo tiempo, la frase "Me dijo que quería que juegue todos los partidos" fue una forma de meter presión. Leída en el pensamiento de Tevez sería algo así como: "Si dijiste que iba a ser tu bandera, no me saques a los tres partidos si no rindo…"

¿Por qué tantos halagos? Alfaro está convencido que Tevez todavía tiene mucho para dar. Entiende que la rebeldía –y, por ende, la mejoría– de Tevez se puede producir siempre y cuando le dé un lugar de importancia en el primer equipo.

Hoy su presencia en el plantel no es tan cómoda como hace años. Mauro Zárate es una competencia peligrosa. ¿Pueden jugar juntos? Sí, pero para Alfaro los dos tienen un estilo que va acorde a la misma posición: segunda punta, detrás del N°9 en un 4-2-3-1. Y Wanchope Ábila puede ser también titular si Alfaro decide jugar con dos centrodelanteros en un 4-4-2. Tevez arranca con ventaja, pero Zárate y Ábila (cada vez que ingresan) aportan algo distinto: Zárate sumó un gol en el amistoso ante Aldosivi, una asistencia a Darío Benedetto frente a Newell’s y fue la figura en San Juan: pase filtrado para el gol de Cristian Pavón y un golazo al ángulo desde afuera del área. Wanchope no se queda atrás.

Tevez ya no es el jugador del pueblo. El hincha, también muy decepcionado por las duras declaraciones recientes y su flojo nivel, no exige su titularidad, se mantiene expectante. Es más: apoyaba a Guillermo en la decisión de no ponerlo desde el inicio.

¿Y los compañeros? Algunos lo miran de reojo, otros lo quieren. Después de ese gol que convirtió Pavón, el N° 7 prefirió ir hasta al banco de suplentes a abrazarlo a él antes que a Zárate, que firmó la asistencia.

Aunque no hay prisa y le darán algo de tiempo, Tevez corre contra reloj: primero porque siente que está transitando su último año como profesional; y segundo, porque Alfaro piensa en darle el lugar que había perdido con Guillermo Barros Schelotto. Pero deberá devolverle la confianza rápido al DT, antes de que lo saque.

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