Un dilema entre la pelota y los anillos

Por Ignacio Turin
Por Ignacio Turin
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22 de junio de 2002  

ULSAN, Corea del Sur.– En uno de los tantos parques públicos de esta ciudad, Choi Chongno posaba junto con su novio delante de la cámara. Ella llevaba el vestido de novia y él, smoking. Si bien el casamiento será hoy al mediodía, los novios cumplen con la tradición coreana de fotografiarse 24 horas antes de la boda. Se los ve felices, pese a que el día tan esperado no será como lo soñaron; o, quién sabe, tal vez mejor.

Es que el partido entre Corea y España por los cuartos de final del Mundial les cambió los planes. Y creen que muchos invitados no participarán de la ceremonia ni de la fiesta porque se quedarán viendo al seleccionado de Guus Hiddink. Esta es apenas una de las tantas parejas que eligieron casarse hoy porque jamás imaginaron que Corea llegaría tan lejos. Pero como la lógica no guarda casi ninguna relación con el fútbol, el problema está planteado. Para cumplir con los invitados, los novios colocarán pantallas gigantes en el salón para seguir los festejos, y otros hasta modificaron el horario de la ceremonia.

Si a los novios les complicó el día, a los estudiantes se lo alegraron, porque en muchos colegios no darán clases (sólo los domingos no hay jornada escolar).

Será un sábado atípico, con cinco millones de personas festejando en las calles de todo el país, por más que Corea gane o pierda, con colectivos y subtes que suspenderán los servicios entre las 15.30 y las 17.15, que es el horario del match; con restaurantes cerrados, porque los clientes anularon sus habituales reservas, y con aviones vacíos porque nadie quiere estar en el cielo cuando el paraíso esté en la tierra. La vida cambió en este país; la pelota lo hizo posible. Resulta increíble. Y quien no lo crea, debería preguntarle al novio de Choi, que no podrá ver el partido.

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