Un fervor que explotó tras la angustia de los penales

Los hinchas locales superaron una noche con sustos y pudieron entregarse a la alegría
Los hinchas locales superaron una noche con sustos y pudieron entregarse a la alegría
Ariel Ruya
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25 de enero de 2002  

Sólo el fútbol y el cúmulo de pasiones que lo envuelve pueden servir para encontrar un bálsamo para la alegría en tiempos tan críticos como los actuales. San Lorenzo tuvo una razón, una oportunidad para olvidarse por un rato del malestar y entregarse a la celebración.

Sólo la pasión despojada de intereses, el fervor puro y cristalino del hincha pudo escaparles a los nervios de la convulsionada realidad del país. “Campeón”, gritaron los azulgranas, esta vez para que lo escuchen en varios idiomas.

Colofón de una incertidumbre que comenzó a la tarde, los preparativos para la euforia tiñeron de surrealismo puro la tradicional esquina de San Juan y Boedo. El ruido de las cacerolas que un grupo de vecinos hacían sonar en la puerta de un banco se confundía con el canto de varios hinchas azulgranas; el color negro de la bronca social contrapuesto con el azul y rojo de pasión futbolera.

Sí, ayer, además, hubo caravanas, de delirio que enfilaban entre ruegos al Nuevo Gasómetro, con todo el cotillón posible para darle la bienvenida al primer título internacional en la historia del club.

“Banderas 30 pesos”, vociferaba un vendedor en las adyacencias del estadio, casi acorde con el viento inflacionario que sopló este último tiempo. Los revendedores de entradas tampoco faltaron y cotizaron las populares a precios... flotantes.

Y de entrada se sintieron invulnerables los hinchas de San Lorenzo. Tal omnipotencia se palpó en un ánimo general que se ubicó en la otra punta de la desmesura. No sólo por la parafernalia dispuesta a través de globos, banderas y bombos; los cantos se olvidaron de la rivalidad con Huracán y se concentró en el “palo bonito, palo eh; somos campeones otra vez”, un hit que nunca pasa de moda.

Salió el equipo y el público estalló. Las tribunas parecían incendiarse por las bengalas, cuyo humo enceguecedor hizo pasar inadvertido que los jugadores de Flamengo portaban una bandera argentina en su salida al campo de juego.

Había sectores vacíos, es cierto. La cantidad de gente no alcanzó a la que se dio cita el año último, ante Unión, cuando se adjudicó el torneo Clausura. Sin embargo, el sentimiento se desdobló para cubrir esos huecos.

De tanto masticar despreocupación a los simpatizantes del Ciclón se le atragantó la alegría por un aguafiestas llamado Rodrigo Machado.

Hay nervios, el libro de reclamos recibe miles de firmas por penales no cobrados (inexistentes, la mayoría). La gente se excita al compás de la desesperación de los jugadores en ese ir al frente y no poder. La interjección uh es un lugar común en ese idioma universal del fútbol que lo traduce en situaciones de gol desperdiciada.

El grito bestial desde los costados se concentra en la pierna de Estévez, que empuja el empate y el alivio.

“¿Por qué hay que sufrir tanto?”, se pregunta un viejo plateísta cuando la definición por penales dejó al estadio sin aliento. Doce pasos para la gloria o el dolor, para el delirio o la angustia. Fue pura alegría, finalmente. Y los fuegos artificiales se llevaron en su colorido camino al cielo una larga noche de sustos.

Un final vergonzoso

Faltaba un penal para que San Lorenzo pudiera festejar. Inexplicablemente, los hinchas locales invadieron la cancha, lo que generó la momentánea suspensión del partido. Los jugadores y hasta Manuel Pellegrini tuvieron que intervenir para sacar a los simpatizantes.

Apuntes

3.000.000 de dólares. Sólo por ser finalista de la Copa Mercosur, en las arcas del Ciclón ingresó US$ 1.000.000. Pero al ganar anoche, a esa suma se le agregó nada menos que otros US$ 2.000.000. El 80 % del dinero acumulado en la entidad del Bajo Flores –menos los impuestos y un adelanto de 500.000 dólares, ya recibido por el ex presidente Fernando Miele– será para cubrir las deudas con el plantel.

Un Pipi español. Leandro Romagnoli, mencionado por el diario español AS como “la estrella de San Lorenzo, mediapunta y sucesor natural de Maradona (Diego)”, figura en la lista de posibles incorporaciones de Atlético de Madrid para la próxima temporada. Según AS, la semana próxima llegaría a nuestro país un dirigente español para saber cuáles serían las condiciones de la transferencia (“el precio sería accesible”, dice la nota del periódico). Los Colchoneros están en la segunda división, ya cuentan en sus filas con el ex arquero de River Germán Burgos y también pretenden al volante Cristian González, de Valencia, por quien estarían dispuestos a desembolsar –antes del Mundial de Corea/Japón 2002, que empezará el 31 de mayo próximo– más de US$ 8.000.000. Tras su frustrado pase a Bayer Leverkusen, de Alemania, el Pipi Romagnoli aguarda, esta vez, una respuesta favorable.

Otros posibles éxodos. Los dirigentes todavía no lo han confirmado oficialmente, pero, además de Romagnoli, podrían emigrar otros cuatro. Ellos son el capitán, Horacio Ameli, el guardavallas Sebastián Saja, el habilidoso zurdo Walter Erviti, y el lateral izquierdo paraguayo Claudio Morel Rodríguez, pretendido por Cerro Porteño, de su país, que se está preparando para debutar en la Copa Libertadores de 2002 (el 5 del próximo mes, ante los peruanos de Alianza Lima, por el Grupo 1 que completan Sao Caetano, de Brasil, y Cobreloa, de Chile).

No caminen, muchachos. El lugar donde se concentra el equipo conducido por el chileno Manuel Pellegrini está situado debajo de la tribuna local. Tres cuadras lo separan del campo de juego, un trayecto que habitualmente era recorrido a pie por los deportistas. Anoche, sin embargo, por primera vez una camioneta trasladó al conjunto en medio de los ansiosos simpatizantes.

Todos juntos en el palco. En el palco del Nuevo Gasómetro, junto con los directivos locales y de Flamengo, estuvieron sentadas las máximas autoridades de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF): su presidente, Nicolás Leoz (habla muy bien el portugués y conversó un largo rato con el técnico brasileño Carlos Alberto), y su secretario, Eduardo de Luca.

Por: Ariel Ruya
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