¡Un grito de corazón..!

En LA NACION, los jugadores de la Academia fueron los primeros hinchas
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28 de diciembre de 2001  

¡La Academia campeón! Sí, señores... Por fin y de una vez por todas... Hora de festejar, de desatar toda la alegría acumulada, de darle rienda suelta a la felicidad. La de sus hinchas, por todo el país, y por qué no por todo el mundo. Y la de sus jugadores, los que volvieron real lo que parecía imposible...

También La Nacion fue sede de la algarabía de este grupo que pasará a la historia del fútbol argentino por haberle devuelto la sonrisa a una hinchada que esperó tres décadas y media lo que hoy disfruta. Y si algo quedó claro durante la producción fotográfica en la que participaron Claudio Ubeda, Gabriel Loeschbor, Francisco Maciel, Carlos Arano, Javier Lux, José Chatruc y Diego Milito es que detrás de ese equipo que concretó una campaña formidable hay un grupo de amigos. De compinches que en la cancha no hacen más que demostrar el afecto y el compañerismo que también los une afuera.

Y la llegada de los jugadores del campeón alborotó la Redacción con ese espíritu jocoso que tuvo como alma mater –algo nada sorpresivo– a Chatruc. El Turco, secundado principalmente por Arano y por Lux, martirizó con cargadas constantes al resto. ¿Las víctimas? Milito, seguramente la principal. O los propios Arano y Ubeda, blancos de bromas por establecer quién de los dos debe asumir el título del “narigón” del plantel. “A Carlos y a mí no nos tomes de perfil porque nos matás...”, reclamó el capitán al fotógrafo, entre risas, pero con la misma firmeza con que se planta ante un árbitro.

El momento de las fotos fue el disparador del bullicio colectivo. “El viejo que vaya abajo”, piden varios en alusión, otra vez, a Ubeda, el más serio de todos. “No nos entran los gorritos”, se queja Loeschbor; como contrapartida, a Maciel no le desagradan los ornamentos: “Esto me viene bien para tapar el techo”, se ríe Pancho, en referencia a cierta escasez capilar que también es objeto de mofas. Ni el mayor bromista se salva de la burla: “Olé, olé, olé, olé... Chatrú, Chatrú...”, le apuntan los demás al cocinero del equipo, un grito que surgió con fuerza desde la tribuna allá por el partido con Huracán, cuando el volante se afirmó en la titularidad.

Y ni qué hablar cuando a todos se les ocurrió levantar en andas al capitán, que ya pasó los 200 partidos con la camiseta de la Academia. “Borombombón/borombombón/es el equipo/del Narigón”, sonó a coro. O, más ácido, “Cantemos todos por la despedida...”, con sorna hacia una veteranía exagerada por pura diversión.

Autógrafos, pedidos de fotos, felicitaciones al pasar cuando toca retratar al grupo en plena Redacción. También, la inquietud de algunos por los pormenores de la tarea periodística y de sus elementos de trabajo. Como el caso de Loeschbor, particularmente interesado por el monitor de edición fotográfica.

Sin abandonar el buen humor. Esa alegría interior que hoy se contagia entre jugadores e hinchas y se desparrama en el alma racinguista colectiva. Aquí y allá. Con el grito visceral de Campeón bien intenso, bien fuerte, como para que todos lo escuchen.

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