La selección: un grupo con el sistema nervioso bloqueado

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
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13 de octubre de 2016  

La adversidad no es para cualquiera, y para sobrellevarla es necesaria gente dispuesta a asumir los riesgos y estar ahí hasta las últimas consecuencias. Sobre todo si, como ocurre en este momento con la selección, se ve envuelta en un mar de adversidades.

El partido ante Paraguay puso al desnudo una serie de cuestiones que no son nuevas en relación al juego, o mejor dicho, a la falta de juego, de elaboración, de capacidad de pase del equipo. El prematuro gol guaraní agregó el punto de descontrol que faltaba y arrastró a todos a disputar 90 minutos caóticos y preocupantes, a padecer un bloqueo mental que atrapó al técnico y a los jugadores hasta llevarlos a la desorientación más absoluta.

Cuando la dinámica de un grupo se torna negativa, la sensación de vulnerabilidad crece, la confianza desaparece y los factores externos –que condicionan y mucho a esta selección– aumentan su peso. A veces, una genialidad propia o un error rival te pueden sacar del apuro, pero lo más aproximado a una receta más o menos fiable para escapar de una situación así es tener una idea clara, una identidad, saber a qué se quiere jugar. Justo aquello de lo que Argentina viene careciendo desde hace demasiado tiempo.

La derrota, la suma de malas actuaciones, el bajo nivel de varias individualidades y la tabla de posiciones de las eliminatorias abrieron el debate sobre el futuro inmediato del equipo, y es por eso que me pareció oportuno comenzar hablando de las adversidades y de quiénes están capacitados para afrontarlas. Porque noté en buena parte de la prensa y el público la tentación de iniciarlo apuntando a los futbolistas, y me parece que eso equivale a empezar la casa por el techo.

Habría que contestar, y el cuerpo técnico contestarse, varias preguntas antes de mirar hacia los jugadores. ¿Por qué se cambia tanto de un partido a otro? ¿Por qué Agüero se mueve en un lugar contrario a sus características? ¿Por qué Di María solo encuentra la opción de correr hacia adelante cuando recibe? ¿Por qué un día Kranevitter y al siguiente Banega? ¿Por qué el equipo no puede dominar un partido? ¿Por qué pierde tan rápido la pelota? ¿Por qué retrocede mal?

Hay tres puntos en los que un entrenador no puede fallar: 1) debe saber a qué quiere jugar; 2) tiene que elegir los intérpretes adecuados para esa idea; 3) debe ubicar a los jugadores en los roles que mejor desempeñan. Si estas cuestiones no se cumplen, el combo debilita al conjunto y genera en el futbolista una sensación de impotencia que se traduce en manifestaciones forzadas, antinaturales, en las que cada uno quiere demostrar su compromiso a partir de intentos individuales. En otras palabras, lo que vimos con Paraguay.

No abono el método de los cambios violentos, no me parecen razonables, aunque abunden los pedidos al respecto basados en el bajo rendimiento de algunos jugadores. Pero lo que se necesita es que el funcionamiento colectivo los proteja y los impulse a desarrollar toda su capacidad.

Por eso creo que es un momento para afirmar las convicciones antes que de pegar volantazos sin destino seguro. El fútbol nunca pierde su carácter de juego, e incluso haciendo las cosas muy bien se puede perder, porque no siempre te va a acompañar el éxito, pero lo mínimo exigible es mantener la firmeza en lo que se cree, en lo que se siente, en lo que se sabe. Y es ahí donde tiene que aparecer el técnico, como capitán de la nave, para no confundirse y empezar a actuar como lo haría un hincha.

Falta un mes para las dos próximas fechas de eliminatorias, contra Brasil y Colombia. El Patón y sus ayudantes seguramente ocuparán el tiempo en analizar a fondo lo ocurrido con el juego del equipo en estos dos partidos (y no solo en las áreas, donde manda la calidad individual en lugar de la del conjunto, lo que puede servir para cambiar el resultado un día, pero no valer como dogma o base de argumentación). Solo el cuerpo técnico conoce a fondo las claves del funcionamiento colectivo que pretende y las respuestas individuales obtenidas.

Es imprescindible plantear una idea y sostenerla en cualquier circunstancia. Solo entonces llegará la hora de preguntarse con quiénes se debe contar para llevarla a cabo. En todo caso, descabezar jugadores no me parece el camino más sensato. Menos aún para afrontar las enormes adversidades que rodean a esta selección y que ya logran bloquearle su propio sistema nervioso.ß

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