Un grupo que supo lo que quería

Andrés Prestileo
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31 de diciembre de 2001  

Cuando de la mano del flamante gerenciamiento, y ante la sorpresa de muchos, Reinaldo Merlo llegaba a Racing en enero último, comenzó un proceso que como primera meta se trazó dejar atrás la inquietud por el descenso.

Esa primera etapa se afrontó casi con el mismo plantel que acababa de rematar la temporada 2000 de la peor manera: último por primera vez en su historia y con la triste imagen final de la violencia en el clásico ante Independiente, en el Cilindro.

No sin sobresaltos, ese primer objetivo se fue consiguiendo. La campaña, superior a lo esperado, se remató el 10 de junio con un triunfo ante el Rojo como visitante. “De aquí en adelante la meta es pelear arriba”, decía el técnico semanas después. Sonaba irreal, porque aún no se había disuelto la amenaza de la Promoción y porque la conformación de un grupo con muchos recién llegados no parecía la receta adecuada. Pero Merlo sabía lo que quería: un grupo homogéneo, sin estrellas, una materia prima apta para amasar en ella una actitud compacta, granítica.

Y esa convicción surgió desde el primer partido con Argentinos. Los cuestionamientos hacia un equipo rústico no opacaron el impacto general que provocaba su presencia ganadora. Hubo una primera gran tarde: la goleada por 4 a 1 a San Lorenzo, que puso al equipo en la categoría de serio candidato. Y una segunda: la del lluvioso domingo en La Plata con el 3-2 a Estudiantes que empezó como una pesadilla y terminó templando definitivamente el alma ganadora.

Con hambre de gloria, el impulso incontenible de su gente y un River demasiado vacilante en su condición de perseguidor, Racing fue arrimándose a la gloria. Cada vez con más esfuerzo. No le hizo mella el único paso en falso, la caída ante Boca por 3 a 1 en la Bombonera. Y al equipo de Ramón Díaz no le alcanzó la arremetida final, porque en el clásico entre aspirantes dudó.

Con las energías que le quedaban y con su gente hecha una pila de nervios, Racing le dio vida a su sueño: el título, después de 35 años. Como en tantos rubros, fue pionero en otro: es el primer club del círculo mayor de nuestro fútbol en ser campeón bajo un régimen de gerenciamiento.

La fiesta se instaló entre sus hinchas y todavía perdura. A este Racing no se lo recordará como un campeón brillante, pero la trascendencia de su logro excede toda consideración técnica. Es ni más ni menos que la concreción de lo que llegó a parecer imposible.

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