Un legado en Boca: el juego de las diferencias entre La Volpe y Russo

La Volpe y Russo, distintos, pero parecidos
La Volpe y Russo, distintos, pero parecidos Fuente: LA NACION
Franco Tossi
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16 de enero de 2020  • 00:03

La situación no es idéntica, pero sí parecida. Se podría decir que este Miguel Ángel Russo es el nuevo Ricardo La Volpe en Boca, salvando las distancias de las ideologías e historias del pasado con el club azul y oro. Porque así como el ex arquero asumió en la dirección técnica en medio del Apertura 2006, al actual entrenador le toca hoy hacerse cargo de un equipo que tiene por delante un sprint final de siete fechas en la Superliga. Ambos se encontraron con equipos con grandes aspiraciones y probabilidades de campeonar con el certamen avanzado.

Habían pasado cinco fechas. El xeneize, por ese entonces dirigido por Alfio Basile, no solo había cosechado la totalidad de unidades sino que, además, ya le había sacado una ventaja de cinco puntos a sus seguidores: otra vez en esa etapa exitosa, el buen arranque insinuaba un nuevo título. Especial, significaría el primer tricampeonato local de la historia boquense. Pero hubo un punto de inflexión: a partir de la séptima fecha (la sexta se pospuso para más adelante), La Volpe tomó el cargo a raíz de la salida de Coco al seleccionado nacional y dirigió los últimos 15 encuentros, incluyendo aquella final ante Estudiantes, por igualdad de puntos.

La Volpe se fue sin pena ni gloria, cuando parecía que tenía todo para ganar
La Volpe se fue sin pena ni gloria, cuando parecía que tenía todo para ganar Fuente: LA NACION

Russo tiene menos margen. Serán siete encuentros, con el agregado de que la preparación es menor por el arranque establecido por Superliga para el 24 de este mes, sin contar durante las primeras cuatro jornadas con los futbolistas cedidos a sus respectivas selecciones para el Preolímpico (Capaldo, Mac Allister y Hurtado). Miguel, una y otra vez desde que retornó, sentenció que aunque el tiempo avance, las exigencias de hinchas y empleados de la institución no sólo siguen siendo las mismas sino que, además, crecen. Por eso se trata de un torneo que sería ideal obtener para que tanto el mandato dirigencial como el ciclo futbolístico tengan un inicio con el pie derecho de cara al gran anhelo: la Copa Libertadores.

Así como hay similitudes, también hay diferencias. No bien arribó, el hombre que había dirigido meses antes a la selección mexicana en el Mundial de Alemania cometió algo cercano a un pecado. Era una década de oro para Boca luego de las grandes alegrías en los ciclos de Carlos Bianchi y de Basile. Los dos, a través del esquema 4-3-1-2 que tanto respeto se ganó en la vida xeneize. Y ahí, La Volpe tocó de movida la tecla equivocada: cambió el esquema, pasando a jugar con tres centrales, adelantando a Hugo Ibarra al mediocampo y armando un doble cinco con Fernando Gago y Pablo Ledesma que no se lució, sumado a que hubo otro estilo marcado por la presión alta y el salir jugando desde abajo, aspectos que no eran características del fútbol de Basile.

El equipo, pese a que tuvo una cara más pálida en el juego, ganó mucho: de 14 encuentros, 10 triunfos. Pero tuvo caídas que lo afectaron, como el superclásico (1-3) y las que sufrió en las últimas dos fechas ante Belgrano, en Córdoba (0-1), y Lanús, en la Bombonera (1-2). Con un punto de esos seis que había en disputa, Boca era campeón, pero no lo consiguió y tampoco ganó aquella definición ante el Pincha (1-2), por lo que se quedó sin trofeo.

Por eso, Martín Palermo, unos años después, tocó el tema en TyC Sports: "Creo que se equivocó con las formas al llegar a Boca. Tendría que haber dejado la mano como venía, implementando su ideología más adelante. Se apuró en un equipo que venía de ganar todo y con una estructura de juego que estaba consolidada. Él creyó en su idea de juego y no le terminó yendo bien".

Menor intervencionismo

Russo se distancia de una situación así. Cuando muchos especulaban con que acudiría al esquema que lo llevó a la cima de América en 2007, él no acelera. Tranquilamente podría hacerlo: a diferencia del legado que tomó La Volpe, este plantel viene a un punto de Argentinos, pero sobre todo arrastra niveles personales bajos y un pobre funcionamiento de la mano de Gustavo Alfaro. Sin embargo, él mantendrá lo trabajado durante el año pasado.

Russo, tras la Libertadores de 2007, tiene el crédito abierto
Russo, tras la Libertadores de 2007, tiene el crédito abierto Fuente: FotoBAIRES

"Al llegar sobre el final de la temporada, la experiencia me dice que cuanto menos cambiemos, más nos va a beneficiar. Debemos acomodarnos, no hay que dar vuelta todo. Es un arranque, pero también un final. Es un torneo de siete fechas y tengo que pensar en corto plazo", aseguró Russo días atrás.

Por eso es que los trabajos futbolísticos de la pretemporada en el predio de Ezeiza tuvieron como protagonista al dibujo 4-4-2, el que mayoritariamente utilizó Alfaro. Aunque, claro, impregnando un detalle en el mediocampo, la zona que más le interesa mejorar: "Hablo mucho con los volantes. Hago hincapié en lo que es la pelota, el pase". ¿Cuál es? "Yo soy de la idea de que determinados volantes tienen que llevarla y romper líneas. Hay un montón de situaciones en donde necesito eso", explicó el técnico en diálogo con Radio Rivadavia. Y agregó: "A Bebelo Reynoso había que buscarle el lugar. Y yo creo que le gusta por el medio. Es un jugador que me puede cumplir en esa función que quiero".

Al parecer, en el doble cinco, Miguel no quiere dos jugadores combativos como Alfaro armó con Marcone y Capaldo en el último semestre. Por eso, también, la llegada de "Pol" Fernández: un volante que puede cumplir ese deseo del entrenador.

El nuevo Boca de Miguel Ángel Russo. Ese que adapta lo de Alfaro y le da una vuelta de tuerca a la mitad de cancha, en busca de ganar ese torneo de siete jornadas.

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