Una amistad indisoluble

(0)
28 de diciembre de 2001  

La vida los unió alguna vez en una amistad inesperada e indisoluble. Y en una rara coincidencia del destino, Racing fue esta vez el que los volvió a juntar, pero nada menos que como campeones en el recuerdo del hincha. También, algo inesperado e indisoluble.

La unión con Alfio Basile se profundizó allá por 1986, cuando el Mundial de México fue el motivo de encuentro para mirar más de un partido, compartir muchas cenas y tomar vaya uno a saber cuántos cafés. A partir de entonces, se dieron cuenta de que compartían muchos de los famosos códigos que ellos pregonan.

Pasaron largas jornadas en cafés de Buenos Aires, que hoy tienen su epicentro en Rond Point, en Palermo. Allí, la rueda de amigos, que también incluye a Osvaldo Chiche Sosa, José Leonardi, Pistola Vázquez, allegados y hasta algunos periodistas, hace que las horas transcurran entre temas como fútbol –inevitablemente–, política, mujeres...

Cuando el Coco asumió como técnico del seleccionado mayor, no dudó en llevar a Mostaza como entrenador de los equipos juveniles.

“Yo nunca podría desplazar al Coco, eso es imposible. El Coco en Racing es un monstruo”, dice Mostaza, a pesar de que se ganó su lugar.

“El mérito es de Mostaza. El se bancó la presión y armó un equipo ganador, con mística. El título me pone doblemente feliz: por Racing y por él”, arremete el Coco. Hoy sí, los dos son símbolos de la Academia.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.