Barcelona campeón: una campaña en la que Leo fue más Messi que nunca para ganar el título

Messi y Suarez marcaron en la victoria que les dió el título
Messi y Suarez marcaron en la victoria que les dió el título Fuente: Reuters - Crédito: Miguel vidal
Siempre importante, esta vez el rosarino fue aún más influyente para obtener un torneo en el que el Barça empezó con dudas por la ida de Neymar y la llegada de un nuevo técnico; con un hat-trick a La Coruña llegó a los 32 goles
Claudio Mauri
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29 de abril de 2018  

Se había disuelto el tridente con la repentina salida de Neymar y el nuevo director técnico, Ernesto Valverde, debutada oficialmente con una doble derrota frente a Real Madrid por la Supercopa española. Por agosto de 2017, el panorama no era tan alentador ni optimista como para vaticinar que Barcelona terminaría siendo campeón de la Liga con cuatro fechas de anticipación. Si fue posible, la respuesta y la causa son las mismas que explican otros éxitos del equipo catalán: Lionel Messi . Fue la liga del rosarino, que una vez más se puso al frente, fue el líder futbolístico sobre el que se amasó una campaña sin fisuras ni baches, repleta de triunfos (26 sobre 34 partidos) y por ahora sin derrotas.

El broche le correspondió a Messi, con un hat-trick en el 4-2 a La Coruña, que descendió. Llegó a los 32 tantos en el torneo y aventaja por uno al egipcio Mo Salah, la figura de Liverpool, en la disputa por el Botín de Oro del curso 2017/18. Por cierto, ahora la prioridad de Messi no pasará por exigirse excesivamente para conquistar algún trofeo individual más, sino por ir preparando el físico y ocupar la mente con la mejor puesta a punto para el Mundial. El próximo fin de semana recibe en el Camp Nou a Real Madrid, que hasta ahora se resiste a hacer el pasillo de reconocimiento al campeón.

Seguramente Leo tendrá minutos para compartir el título con los hinchas, pero su jornada no se inscribirá dentro de las tensiones y asperezas que habitualmente suponen el clásico. Luego quedarán tres fechas que Messi dosificará entre la necesidad de mantener cierto ritmo futbolístico y el objetivo de que no resurjan las molestias en el aductor y el isquiotibial derechos que lo dejaron al margen de los últimos dos amistosos del seleccionado argentino. En función del Mundial, el calendario se le aligera por la única y fuerte decepción de la temporada: la inesperada eliminación en Roma por los cuartos de final de la Champions League.

Messi marcó diferencias a lo largo de la Liga con casi todos los rivales, y fundamentalmente con los dos que se candidatearon a disputarle el título. Al perseguidor más tenaz, el Atlético de Madrid, lo relegó con un gol de tiro libre para el 1-0 en marzo de este año. Cuando visitó en el Bernabéu a Real Madrid, dirigió la goleada 3-0 y convirtió un penal. Messi es fuerte con los más débiles y duro con los que ofrecen más resistencia. Quienes desmerecen sus estratosféricas estadísticas suelen señalar que son a expensas de adversarios pequeños y muy vulnerables, pero las principales víctimas de Messi son los equipos con más historia y potencial futbolístico de España: Real Madrid, Atlético de Madrid, Valencia y Sevilla.

Aunque su obra todavía está inacaba, ya se puede afirmar sin margen de error que la historia de Barcelona se divide en un antes y después de Messi, sin que por ello se le falte el respeto a emblemas como Ladislao Kubala o Johan Cruyff.

Barcelona encadenó el octavo doblete (Liga y Copa del Rey); tres fueron con Kubala, cuatro con Messi. Fue la novena Liga de Messi, en cuyo reinado, desde el debut en la temporada 2004/05, Real Madrid sólo pudo conquistar cuatro. Antes de la irrupción del rosarino, Real Madrid le llevaba 13 ligas de diferencia (29 contra 16) a Barcelona, que ahora acortó la brecha a ocho (33 contra 25). El rosarino redifinió todos los historiales desde que empezó a dejar huella en las canchas españolas: en el mismo lapso que atesoró 32 títulos vestido de azulgrana, Real Madrid, con el concurso desde 2009 de un Cristiano Ronaldo descomunal, obtuvo 18.

Más de una década de triunfos de Barcelona no se explican sin reparar en la influencia de Messi, que eleva tanto el listón que el doblete abrochado tras el patinazo en la Champions puede sonar a insuficiente. No habría que olvidar las épocas en que Barcelona levantó una Liga en 14 años; ahora celebró la novena en los últimos 14 años.

Messi creció y se fue haciendo ganador al lado de jugadores ofensivos de la calidad de Ronaldinho, Deco, Eto’o y Henry. Cuando adquirió galones de guía y referente futbolístico tuvo a su alrededor a Ibrahimovic y Villa. Cuando el equipo fue definitivamente suyo fomentó la evolución de Neymar y Suárez, con quien en la cancha tiene una complementación que es un derivado de la amistad que cultivan fuera de ella. Periódicamente se intercambian el papel de asistidor y definidor. Ayer fue el uruguayo el que le dio la asistencia en los tres goles.

Fue la Liga en la que Messi también le sacó lustre a los tiros libres: convirtió seis, variando dirección y potencia.

Si algo tiene de especial esta liga es que fue la última que Messi ganó en compañía de Andrés Iniesta, que hasta que ingresó en los últimos cinco minutos finales festejó en el banco los goles del rosarino con la alegría de un recién llegado. Pero Iniesta se va a China tras 22 años en Barcelona. Con Leo comparten el récord de títulos: 32. Habituado a romper marcas, seguramente no pasará mucho tiempo hasta que Messi quede como el más ganador en la historia del club.

Al margen de los trofeos, Leo va quedando como uno de los guardianes más sobresalientes del ADN de la Masía, de una forma de aprender y desplegar el juego asociado, de posición y ofensivo. Otros conspicuos intérpretes de esa esencia ya partieron. Xavi lo hizo hace tres temporadas e Iniesta prepara las valijas. En otro momento buscaron nuevos desafíos Cesc y Pedro, individualidades de peso en varios éxitos.

Junto a Messi quedan Busquets, Piqué y Alba con origen en La Masía, cuyo retroceso quedó evidenciado hace unas semanas con una formación titular que no tenía a nadie proveniente de una cantera de la que surgió un tesoro que a los casi 31 años sigue siendo renovable.

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