Una decisión cargada de desprolijidad

Por Ignacio Turin De la Redacción de LA NACION
(0)
22 de diciembre de 2001  

Se suceden los hechos y todo vuelve al mismo lugar. Al pánico, al vandalismo y a la sangre derramada de las últimas jornadas. Aún se escuchan los pedidos por un trabajo digno, los llantos por quienes ya no están, las quejas de aquellos que perdieron todo y las risas de los que aprovecharon la hambruna de otros para robar. Nada hará olvidar las últimas horas y, en medio de esa escenografía, el fútbol perdió el rumbo...

Por la tarde, la AFA resolvió jugar la última fecha del torneo Apertura el miércoles y el jueves próximos, pero por la noche Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) desató todo su poder y con el consenso de contados futbolistas -pese a que los dirigentes de esa entidad sostuvieron lo contrario- pararon una vez más la pelota y propusieron postergar la definición del torneo hasta febrero próximo.

La medida de fuerza no obedece a una protesta por la falta de pago de los sueldos ni por la violencia que empaña fecha tras fecha a los espectáculos futbolísticos, sino a que "no están dadas por el momento las condiciones mínimas de seguridad para desarrollar las últimas fechas de los partidos correspondientes a primera Nacional B y primera A".

Distintas posiciones acaparó esta medida y mientras los jugadores y los hinchas de Racing se molestaron porque no querían extender el frustrado sueño de 35 años sin títulos, surgieron quienes entendían que no se podía armar una fiesta en medio de un velorio.

El fútbol, como principal deporte de masa, es un cotidiano generador de violencia, en el que la actitud de un inadaptado es capaz de arrastrar a inocentes al peor final... y ejemplos sobran. En estos días la situación del país no es la normal. La gente está cargada de violencia y no resultaría extraño que algún hincha -enviado o por convencimiento propio- desatara el descontrol por el que luego llorarían todos. Para no ir más lejos, sólo faltó que la radio y la televisión anunciaran anoche la postergación del cierre del Apertura para que un grupo de la barra brava de Racing se presentara media hora después a la puerta de FAA para mostrar su descontento. El tiempo, que en este momento hasta parecería haber perdido el rumbo en la Argentina, dará la razón.

Lo cierto es que el presidente de la AFA, Julio Grondona, quiere despedir el año con un nuevo campeón; que FAA se inclina por mantener la seguridad social antes que cumplir con los intereses económicos; que algunos jugadores niegan haber participado de la decisión que tomó su sindicato; que la policía, justo la policía -según informó Grondona-, dio las condiciones para controlar a los hinchas. Así está planteada la situación alrededor de una decisión desprolija, que surgió como una medida solidaria, pero que terminó enseñando las diferencias de quienes conviven en el planeta fútbol .

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.