Una mancha difícil de limpiar

Carlos Beer
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9 de mayo de 2003  

No es fácil ser árbitro. Menos en la Argentina, calificado como uno de los torneos más difíciles del mundo por los propios referís. Menos aún en estos tiempos, cuando los jugadores caminan por la cornisa de lo permitido en la búsqueda de sacar ventajas. Y peor todavía hoy, cuando los últimos sucesos han dejado a los hombres de negro en una situación incómoda, indeseada e impensada. Quieran o no, los jueces cargan sobre sus espaldas el peso de todas las miradas del ambiente del fútbol. Es la ley de la selva que rige en el fútbol... y en la vida misma.

¿Cómo saldrán los referís a dirigir este fin de semana? ¿Con qué ánimo? ¿Pensarán dos veces antes de sancionar un penal dudoso? ¿Tendrán recomendaciones especiales de la Escuela de Arbitros? En definitiva, ¿de qué se hablará el lunes, con la fecha de primera y del ascenso cumplidas casi en su totalidad?

La situación es demasiado grave. Por un tiempo, quién sabe hasta cuándo, quedará herida la credibilidad de los que tienen que impartir justicia en las canchas. En una sociedad necesitada de buenos ejemplos, la honestidad del fútbol también quedó contra la pared. No fue sólo lo sucedido en Comodoro Rivadavia, el sábado último, con el árbitro Luis Bongianino, que rechazó un intento de soborno. Lo preocupante es que hasta uno de los hombres que conduce a la mitad de los referís, Guillermo Marconi, titular del Sindicato de Arbitros de la República Argentina (Sadra), fue más allá: "En el fútbol hay nichos de corrupción que hacen de esto una industria", expresó. Ayer, en diálogo con LA NACION, lo ratificó y hasta fue más allá: "Hay un staff profesional de sobornadores. Tengo nombres, pero no lo puedo probar".

Mientras, afloran las internas y la Asociación Argentina de Arbitros emitió ayer un comunicado en el que se dice: que la AAA "pone a disposición de la justicia ordinaria y de los tribunales deportivos a la totalidad del plantel de árbitros de nuestra entidad a efectos de profundizar la investigación".

En la AFA no hubo palabra oficial. Existe un total respaldo al arbitraje argentino. Se sabe. Pero tal vez los referís, y hasta el ambiente futbolero, necesitaban esa señal de confianza. Porque no es fácil ser referí en la Argentina. Y menos en estos días...

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