Una película que aún no termina: Palermo marcó y entró en la historia

Martín escribió otro capítulo: con sólo diez minutos en la cancha, anotó el 2-0 y se convirtió en el debutante más veterano en hacer un tanto en un Mundial; "Esto es impagable", señaló; "Entrá y definilo, le dije", contó Maradona; la familia fue Polokwane con la intuición de que iba a jugar.
Alejo Vetere
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22 de junio de 2010  • 21:13

POLOKWANE.- El Mundial le tenía reservada una alegría eterna. Para eso vino. Todos lo estaban esperando. Fue el gol del pueblo. Fue el gol de todos. Una felicidad genuina que se sintió igual en todo el equipo. Maradona sabía que Martín, a sus 36 años, iba a tener unos minutos en Sudáfrica y el Titán entró sabiendo que estos diez minutos podrían ser los únicos de todo el Mundial. Y los aprovechó.

El festejo del gol fue similar al que le convirtió a Perú en el Monumental, salpicado por esa sensación épica de que todo lo que hace el delantero de Boca entrará en la historia. Messi corrió y se le trepó como un niño para abrazarlo. El viejo Martín. Porque no hay duda de que los libros argentinos de los Mundiales le tendrán reservada unas páginas al hombre que forjó su propio homenaje en un plantel abarrotado de estrellas que brillan en Europa. "Esto es increíble. Es un día muy feliz para mí, estoy contento. Nunca pensé en esto, es único, impagable. Se lo agradezco eternamente a Diego, al cuerpo técnico y al grupo", dijo aún estremecido.

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Y como para no estarlo. Martín Palermo entró al partido cuando la Argentina ganaba por 1 a 0. Faltaban diez minutos para que terminara el partido. Diego tenía el cambio reservado, si la Argentina conseguía ponerse en ventaja. El Titán entró decidido a buscar su gol. No le temió al ridículo cuando intentó un giro en el área, de movimiento rústico, en el que casi le erra al balón y que terminó con la pelota apenas saliendo por el fondo de la línea.

No se desesperó cuando el seleccionado dejaba correr los minutos entreteniendo la pelota en el medio del campo. Palermo levantaba la mano, quería que la Argentina atacara para que él pudiera tener su chance de gol. Por eso se entiende que a tres minutos del final Juan Sebastián Verón, embajador de jugar al ras del piso, le tirara un centro al delantero que estaba marcado por cuatro defensores en el área. Verón no tuvo que ni analizar la situación, se dio cuenta las necesidades de Palermo. Así como Messi buscó su gol en los minutos finales –que no llegó de milagro-, el delantero de Boca jugó para él. Y no está mal. "La rotación es lo que Diego dice: acá no hay titulares. Todos peleamos un lugar, pero entre muchísimas figuras es un honor poder marcar", explicó luego del partido

El destino quiso que un disparo de Messi, que en cualquier otro contexto hubiera sido gol, sea devuelto por el arquero Tzorvas ¿Y donde cayó? En la pierna derecha de Palermo que estaba ahí. Igual que cuando marcó ante Perú, en el Monumental, aquella noche de lluvia. Estaba ahí. Para meterse en la historia, para sentirse uno más del grupo, para cumplir su sueño. Para luego confundirse en un abrazo eterno con Maradona, en el que le agradeció por entenderlo. Por haberle dado un lugar entre los mejores. Ahí está Palermo, que hace una semana decía estar deslumbrado por ver cómo jugaban sus compañeros de ataque.

Martín Palermo no dormirá esta noche. Es suicida ponerle el título de "broche de oro" a este gol mundial. Con Palermo siempre hay que dejar un lugar para lo imposible.

Entró en la historia. Palermo se convirtió en el debutante goleador más veterano en la historia superando a Georges Bregy. El suizo había convertido en el Mundial de EE.UU. ´94 ante el local también a los 36 años. Además Palermo se transformó en el goleador más veterano de la Argentina en un Mundial (36 años 277 días), superando a Diego Maradona, ante Grecia en USA ´94.

Diego y San Palermo. "Andá y definímelo, le dije", contó Diego Maradona en la conferencia de prensa posterior al choque ante Grecia. "Estabamos entre Pipita (Higuaín) y Palermo. Mancuso y Enrique me dijeron que querían a Higuaín, entonces yo dije: bueno, traeme a Martín", dijo sobre el momento previo al ingreso del delantero.

La familia, presente. Los Palermo viajaron a Polokwane con la intuición de que Martín iba a jugar. Así lo creían y así sucedió. "Mi hijo es el hombre que convierte los sueños en realidad", dijo un emocionado Carlos, el padre del goleador.

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