Vestigios de una noche llena de furia y descontrol

El superclásico de Mar del Plata tuvo como saldo un herido grave y cuatro policías con lesiones múltiples
Juan Manuel Trenado
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28 de enero de 2002  

MAR DEL PLATA.- Triste final en otro clásico inconcluso: un hincha herido de gravedad, cuatro policías con lesiones múltiples, algunos puntos organizativos defectuosos y una investigación que aún no tiene detenidos fue el saldo de los incidentes ocurridos anteanoche en el estadio José María Minella de esta ciudad, en el partido en el que Boca le ganaba a River por 4 a 0.

En el hospital Interzonal Dr. Oscar Allende está internado en terapia intensiva Angel Díaz, de 32 años, que sufrió serias lesiones provocadas con armas blancas, en el abdomen y en el tórax. Fue operado en la madrugada de ayer y su estado es delicado.

Además, sigue internado Juan Francisco Verón, de 27 años, que está en observación, con un traumatismo de cráneo.

También resultaron heridos cuatro policías, aunque ninguno de gravedad. Ellos son los sargentos primeros Walter Echepare y José Luis Sotillo y los cabos primeros Liliana Sánchez y Alejandra Peralta. Todos sufrieron contusiones durante los enfrentamientos con la hinchada de River y fueron atendidos en el hospital Privado de la Comunidad.

Todo comenzó cuando los hinchas de River saltaron el alambrado e invadieron la platea descubierta para robar banderas. Al advertir la situación, los barra bravas del conjunto xeneize también saltaron a la bandeja lateral y se produjo una durísima batalla que superó todas la previsiones de la policía.

Porque si bien es cierto que es difícil controlar a una marea humana tan grande, apenas había doce policías controlando el cerco que separa los sectores populares de las plateas. Toda una imprudencia.

Cuando ambas hinchadas habían invadido la platea descubierta, un grupo de no más de ocho agentes intentó detener los enfrentamientos, pero debieron retroceder ante las agresiones de los hinchas.

Los gases lacrimógenos y los enfrentamientos en varios sectores del estadio obligaron al árbitro Héctor Baldassi a suspender el encuentro, mientras Eduardo Coudet, futbolista de River, protagonizaba otro escándalo en la cancha, intentando agredir a Ariel Carreño, autor de dos de los cuatro goles xeneizes.

Ayer continuaban las investigaciones por los incidentes. Se abrió una causa penal por atentado, resistencia a la autoridad y lesiones, que tramita la doctora María de los Angeles Lorenzo a cargo de la fiscalía número cuatro.

Además de las grabaciones conseguidas por las cámaras de seguridad que posee el estadio José María Minella, se le solicitó a la empresa Torneos y Competencias todas las filmaciones de los incidentes para identificar a los agresores.

Si bien hubo doce personas detenidas que ayer al mediodía recuperaron la libertad, ninguna fue apresada por los incidentes, sino por infracciones a la ley del deporte y otras contravenciones.

El comisario Carmelo Impari reconoció ayer que el estadio no está preparado para recibir estos partidos, pero el clásico igual se jugó.

La barbarie ya es casi tan clásica como el River-Boca. La violencia se recicla inevitablemente y todo se encamina, lamentablemente, a un pensamiento negativo. El viernes próximo jugarán Independiente y Racing. Eso es lo peor. Parece que hay que prepararse para afrontar otra jornada de sufrimiento...

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