Volvé Grondona, no te perdonamos

Andrés Eliceche
Andrés Eliceche LA NACION
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23 de febrero de 2017  • 23:59

En el final de sus mandatos, los presidentes de los Estados Unidos y también la prensa suelen centrar su atención en lo que llaman “el legado”. ¿Por qué se lo recordará a Obama después de haber transitado ocho años de gestión? ¿Hay elementos más fuertes que los simbólicos que instaló, los de ser un mandatario afroamericano de ascendencia musulmana? ¿Qué logros suyos disfrutarán sus nietos? La idea de herencia viene a cuento en estas horas de drama y comedia que atraviesa el ecosistema del fútbol argentino: el legado de Julio Grondona no puede retratarse mejor.

Sobres blancos escritos a mano con las nueva palabritas mágicas, las pretendidamente salvadoras: MediaPro, Fox/Turner, ESPN; rupturas del contrato con el Estado por el Fútbol Para Todos que sí, que no, que sí, que no, que sí; superligas que sí, que no, que sí, que no, que sí; nuevo estatuto con sociedades anónimas incluidas que sí, que no, que sí, que no… La enumeración de las idas y vueltas exhibe, sobre todo, desesperación: sin nadie que fije el rumbo, los manotazos van de un lado a otro a ver si en una de esas aparece la solución a todos los males. El problema, tal vez el mayor, es creer que esos males se arreglan con plata.

La pretensión de estos dirigentes no es nueva: Grondona les enseñó a manejar la voluntad de los clubes durante décadas a golpe de talonario. Grondona creó un sistema irrepetible: concentró el poder (y los billetes) con la hábil receta de asociarse con los poderosos de cada tiempo histórico con un olfato único, que sus admiradores no consiguieron clonar.

La semana que viene, miles de millones de pesos lloverán sobre las cabezas de la clase dirigente en forma de contrato salvador de TV con sigla nueva, y se hablará de la refundación del fútbol argentino. Más que refundados, los clubes seguirán refundidos en su mayoría, y los castigos prometidos para aquellos que “de ahora en más” no hagan las cosas bien volverán a prometerse. Mentiras.

En tanta agua podrida, algún nostálgico se lamenta por la muerte del creador, y suspira por cuánto mejor estaríamos con él. Este cronista sospecha que a Grondona no le convendría obrar un milagro; si volviera, no solo lo esperarían sus atribulados discípulos: también el FBI, con un cartelito adosado al FIFAgate que dice “Co-conspirador #10”.

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