¿Y dónde está el piloto?

La convivencia en la cúpula del seleccionado parece insostenible; en el vuelo desde España, Bilardo viajó en primera clase, mientras que Maradona y Mancuso se pasaron a turista para evitar el contacto
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24 de diciembre de 2009  

MADRID.- Ser testigo de las últimas horas del seleccionado en Barcelona y compartir la conexión hasta Madrid con el plantel permitió respirar los mismos aires de tensión que por estas horas rodean al seleccionado y a su cuerpo técnico. El gesto adusto del entrenador, Diego Maradona, se repitió en su ladero Alejandro Mancuso, que pasó una noche larga en la que recorrió Internet para enterarse de las palabras exactas que Carlos Bilardo utilizó para ventilar la pelea interna que mantiene con él. Las excusas constantes del secretario de selecciones nacionales para no hacer declaraciones cuando ya lo había dicho todo y en forma contundente, resultó la fotografía perfecta de la tempestad que debilita la intimidad de la Argentina.

Uno de los pocos de la delegación que ayer, temprano, se vio por el hotel Rey Juan Carlos I, de Barcelona, fue Bilardo, justo antes de partir hacia Buenos Aires -el arribo estaba previsto para esta mañana-. "Ya está, ya está, ya hablé? Me llamaron para hablar de Estudiantes, pero no aguanté y dije lo que dije. El 28 de diciembre aclaro todo bien", fue el concepto que repitió ante las consultas de los enviados especiales que siguieron al seleccionado hasta aquí.

¿Qué había dicho Bilardo? "Con Mancuso hace que no hablo más de un mes, cuando me di cuenta de un montón de cosas. Es sólo buenas tardes, buenas tardes. Iba a hacer una conferencia de prensa, pero no. Voy a hablar en la radio", reconoció, entre otras cosas, anteayer en Radio Provincia.

Bilardo, palabras más, palabras menos, acusó a Mancuso de ser el que divide las aguas en la selección y el que lo separa de Maradona. Incluso, prometió sacar los trapitos al sol el próximo lunes, frente al micrófono de su programa de radio, en La Red. Prácticamente no se cruzaron en el hotel, pero de todos modos después debían compartir un largo vuelo en la primera clase del avión.

¿Qué pasó? El secretario de los seleccionados nacionales fue uno de los primeros en sentarse en ese lugar, pero curiosamente Maradona y Mancuso siguieron de largo y viajaron en clase turista (¿Maradona en turista?, no se recuerdan registros de algo así), justo en la mitad del avión y exactamente desde donde Mario Bolatti y Nicolás Otamendi se levantaron para ocupar, por orden de alguien, los lugares vacantes que habían quedado en la parte delantera de la nave.

Es evidente: la intimidad de la Argentina es tan caótica que su anarquía se vuelve previsible y se expone a la vista de todos. Aunque no lo reconozca públicamente, Mancuso sabe que está en el centro de la escena y, según cuenta gente cercana al cuerpo técnico, ya puso a disposición de Diego su renuncia en una oportunidad. Por supuesto, Maradona nunca la aceptó y le dijo "si te vas vos, yo también doy el portazo".

Puede ser que este escenario haya sido impulsado por alguien para alentar un nuevo foco de conflicto. "Con todos los que él [Mancuso] habla, son amigos míos. Son tipos que me conocen hace 25 o 30 años. Me han contado todo. ¿Sabés qué pasa? Los pibes jóvenes si no dicen: ¿Este es Bilardo? También me llamaron técnicos grandes y me preguntaron: Carlos, ¿qué pasa que no decís nada? Yo no digo nada porque con Diego hablo mano a mano, como toda la vida. Pero no puede venir un tercero, que no tiene nada que ver en este baile nuestro de 40 años de luchar contra el mundo, y decir esto, esto y esto. Si fuera Beckenbauer lo paro y le digo: "Franz, ¿por qué dijiste esto?" Acá qué voy a parar...", dijo Bilardo.

Maradona no va a permitir que le toquen a Mancuso, aunque sabe que necesita incorporar un entrenador con experiencia a su equipo de trabajo. Mientras tanto, no encuentra el equipo ni la calma. No parece darse cuenta que la armonía de grupo que todo entrenador anhela puede resentirse, en la medida que no lleguen los buenos resultados y que no apacigüen los asuntos puntuales que inquietan al plantel. Y es algo latente tanto como las deficiencias futbolísticas. Los gestos de los jugadores no hacen más que dejarlo en evidencia en la intimidad, cuando se juntan a conversar entre cuatro paredes sobre los cortocircuitos en la cúpula del seleccionado.

En lo estrictamente individual, el Maradona-técnico confirma en cada partido los defectos que podían intuirse desde antes de su designación: la falta de experiencia en el puesto, la inadecuada conformación del cuerpo técnico, su poco apego al trabajo táctico, la incoherencia en las convocatorias y la incapacidad para extraer lo mejor de varios jugadores que en sus clubes son figuras internacionales.

Si alguien pensó que los inconvenientes habían concluido para el entrenador argentino con la obtención del pasaje el próximo Mundial, se equivocó. Maradona sigue en el ojo de la tormenta y cuesta adivinar cómo hará para llevar adelante lo mejor posible la preparación para la Copa del Mundo. Queda un semestre para su gran obsesión: Sudáfrica 2010. Un tiempo importante en la vida futbolística de este seleccionado, pues deberá encontrar una base de jugadores y una idea de juego que la haga más confiable. Por ahora, sobran incertidumbre, intriga y desconfianza.

Maradona está mal parado, con pronóstico reservado sobre el futuro. La clasificación para el Mundial no le dio calma, a tal punto que algunos dirigentes cercanos a Julio Grondona están analizando todo este presente deslucido. Cuando se indaga en las charlas íntimas de la delegación argentina queda la impresión una pregunta cada vez toma más entidad: "¿Debe seguir al frente del seleccionado?"

Un integrante de la delegación, que pidió reserva al ser consultado por LA NACION, fue enfático: "Todo se agranda a partir de malos resultados, no creo que pase nada". Mientras, el que pierde es el seleccionado y especialmente la cabeza del proyecto, en este caso Maradona, que alguna vez amenazó con el recordado "veré si sigo".

  • Los números de una temporada muy pobre

    En 2009, el seleccionado argentino disputó 13 partidos: se impuso en seis encuentros y perdió siete. Convirtió 22 tantos y recibió la misma cantidad.
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