Ya nada será igual para River y Boca: los posibles escenarios del día después de la final de todos los tiempos

El duelo entre Pinola y Wanchope, una de las claves de la final
El duelo entre Pinola y Wanchope, una de las claves de la final Fuente: LA NACION
Ariel Ruya
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23 de noviembre de 2018  • 22:57

La final de todos los tiempos. El partido del siglo. El encuentro entre los más grandes que marcará como nunca, un antes y un después. La definición de la Copa Libertadores más impactante de la historia. En la banquina de los excesos, tantas veces, el fútbol crea historias de fantasías, entre derroches y vacíos que no son tales. Esta vez, sí: hay bastante de todo aquello. Se acabó, al fin, la interminable espera: la cita más extraordinaria será esta tarde, a las 17, en el estadio Monumental. River y Boca, entre la gloria y el olvido, volverán a encontrarse, luego del eléctrico 2 a 2 de la Bombonera, disputado el 11 de noviembre, un día después del diluvio universal. La última Copa Libertadores en doble partido definitorio, será para uno de los más grandes del fútbol argentino. Si no hay ganador en los 90 minutos, habrá alargue. Si persiste la igualdad, penales. Tal vez, los penales más emocionantes de la historia de este deporte. ¿Qué pasará el día después? ¿Qué sucederá el día después de mañana? Nada será igual.

Marcelo Gallardo juega al misterio, Nacho Scocco está lesionado y Rafael Santos Borré, suspendido. Guillermo Barros Schelotto juega al misterio, Cristian Pavón está lesionado y Darío Benedetto y Carlos Tevez se desviven por un lugar. Más allá de tácticas y estrategias –como en la primera final, con los cinco defensores que dispuso el Muñeco, que sin embargó creó una formación audaz, y el cambio obligado de Benedetto por Pavón del Mellizo, que transformó la escena–, River y Boca se enloquecen por la Libertadores más deseada de la historia. Y, mientras, espían el futuro. Todo lo que pueden ganar, todo lo que pueden perder. Todo lo que está ahí, a tiro de gol.

Marcelo Gallardo sigue en River, Guillermo Barros Schelotto seguramente se irá de Boca. Más allá del trofeo –el triunfo xeneize trasladaría al DT al Mundial de Clubes–, el juego de opuestos no cambiaría, más allá del impacto del resultado en el ánimo y el carácter de los dos conductores. El DT millonario se convirtió en ídolo –como jugador no consiguió ese status–, y los triunfos internacionales y los exitosos cruces con Boca lo posicionan como el más influyente de la historia. El DT xeneize no logró como conductor el pergamino de ídolo que tuvo como jugador, cuando obtuvo títulos y solía celebrar con River. El Muñeco es más que el técnico de River –su aura se transmite en todos los rincones; suspendido, no podrá estar en el banco–, mientras que el Mellizo sufre un desgaste enorme, ni siquiera evitado por los dos títulos domésticos en serie.

No sería descabellado que Leonardo Ponzio (36 años, vuelve hoy) y Carlos Tevez (34, ¿jugará hoy?), caudillos y símbolos, empiecen a pensar seriamente en la despedida. El Apache lo sugirió más de una vez: este título podría ser el final de una carrera extraordinaria en sus propias vitrinas. Más allá de que el triunfo más grande y la derrota más dolorosa pueden cambiarlo todo, el principio de sus finales está a la vuelta de la esquina. Serán irreemplazables.

Hay otras historias, que no se modifican por el resultado. Pity Martínez, la figura de River, tiene todo acordado con Atlanta United y Exequiel Palacios, se dice, tiene el futuro casi asegurado en Real Madrid. Wilmar Barrios iría al mismo destino: la Casa Blanca, y Darío Benedetto, el más temible de Boca, es el principal crédito de venta xeneize. Una derrota podría cambiar los planes de Lucas Pratto, el delantero más caro de la reseña de Núñez, mientras que es un hecho que Edwin Cardona abandonará la Bombonera por disidencias y costos. Habrá, seguramente, otras figuras en la portada del día después: la copa de todos los tiempos puede tener consecuencias insospechadas. Sobre todo, para los referentes. ¿Qué será de la vida de Armani y de Andrada, indispensables en el arco, el día después? ¿Qué pasará con Maidana y Pablo Pérez, algo más que referentes? Si gana, ¿River cerrará el círculo más extraordinario de su historia? Si gana, ¿Boca recuperará la mística y dará la vuelta más maravillosa en la tierra enemiga? Si pierde, ¿River va a borrar el pasado reciente triunfal de una vez y para siempre? Si pierde, ¿Boca va a poder recuperarse, más allá de su incuestionable grandeza?

River se desvive por la cuarta Libertadores. Ganó tres: se impuso en las cinco finales jugadas en el Monumental. Boca se desvive por la séptima Libertadores, sabe cómo ganar fuera de casa: solo perdió una final de las últimas seis. Alcanzaría a Independiente, se convertiría en el Rey de Copas moderno. En la Libertadores, River le lleva ventaja a Boca en su casa: 7 victorias, 2 empates y 3 derrotas. En esta Copa, Boca no perdió como visitante: cinco empates y una victoria. La gloria y el ocaso, la historia más grande y la herida más profunda. River-Boca, como nunca antes. La historia, por única vez, no solo la escriben los que ganan; también, los que pierden. El día después de mañana ya empezó.

Por: Ariel Ruya
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