García Blanco, reflexiones sobre el deporte y la vida

Recuerdos y anécdotas de un periodista, sinónimo de boxeo, alejado de la actividad. También el fútbol, su otra pasión, surge en el repaso bajo su aguda crítica
Diego Mazzei
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28 de octubre de 2000  

Hace tiempo que su voz no resuena desde los micrófonos radiales; aquella voz y el comentario justo, en el momento preciso, que hizo historia durante tantos años con un compañero inolvidable: Osvaldo Caffarelli, desde la vera del ring del Luna Park, o de cualquier rincón del mundo, en un tiempo que costaba muy poco elegir el dial; es que el Gordo García Blanco fue -y lo es- en el imaginario social-deportivo, sinónimo de boxeo.

Hoy, a los 63 años, alejado forzosamente de los medios, García Blanco aporta sus reflexiones sobre el deporte y la vida. "Mi vida se desarrolló en Barracas, un barrio donde se jugaba mucho al fútbol, pero en el que había tres clubes de boxeo. Entonces, desde muy chico, me ligué a esa actividad. Fui un profesante del boxeo y además lo practiqué hasta que me di cuenta de que era más lindo comentar que recibir golpes", arranca nostálgico, mientras apura el primer café, otro sinónino de un porteño de ley.

"En el periodismo entré por medio de "Polémica en el fútbol". Un relator llamado Roberto Moreno me contrató y empecé mi carrera en el 59, en Radio del Pueblo; después seguí en Radio Belgrano, Rivadavia... De inmediato me hice cronista de boxeo. Durante 6 o 7 años fui todos los días al gimnasio a ver los entrenamientos."

Y sigue, con entusiasmo; y se sumerge en una infinidad de anécdotas:"Paco Bermúdez había contratado a Joe Brown (ex campeón mundial) para pelear con Nicolino Locche y me dijo que necesitaba un sparring similar al norteamericano. Estábamos tomando un café en el Luna Park y le señalo a Federico Thompson. ÔNo va a querer´, me dijo Paco. Fui a buscarlo yo mismo, se lo propuse y contestó Ô¿A qué hora vengo a entrenarme?´ Obviamente, tenía la primicia y la difundí por Radio Rivadavia toda la tarde. Al otro día había 1500 personas afuera del Luna Park. ¡Querían ver el entrenamiento!" García Blanco tiene una definición para cada nombre, para cada boxeador, y arremete como si estuviese con los auriculares puestos y el microfono en la mano. Uno por uno:

Nicolino Locche. "Era el boxeador de las mujeres;le sacó dramatismo al boxeo, le quitó la sangre. El usaba al boxeo para hacer su show. Lo que él hacía no se puede enseñar."

Cirilo Gil. "Fue el ejemplo más perfecto de la escuela de don Paco Bermúdez, el gran maestro mendocino."

Carlos Monzón. "Coincidió con mi mejor época profesional. La televisión lo ayudó a que el público lo conociera porque al principio no iba tanta gente a verlo."

Pascual Pérez. "Fue un fenómeno y eso que fue campeón cuando ya se retiraba."

¿Antes o ahora? García Blanco trata de esquivarle a la sempiterna discusión sobre qué época fue mejor. Esa controversia que él mismo califica como un "argentinismo". "Antes era mucho más difícil llegar, había más y mejores boxeadores que ahora, aunque a mí no me gusta entrar en comparaciones con tiempos pasados. Es lo mismo que pasa en el fútbol:las crónicas de cada época insisten en que antes era mejor", sostiene y se mete con la pelota, su otra pasión.

"No sé si los jugadores de antes podrían actuar en este fútbol tan friccionado y con tanta velocidad y esfuerzo físico". Suelta la frase e, inmediatamente, da una definición sobre el seleccionado que dirige Marcelo Bielsa:"No me gusta el estilo, pero se va a aburrir de ganar; y a lo mejor hasta llega a ser campeón del mundo. Pero a mí no me convence".

Y bucea por la parte futbolera de su memoria. "Tengo grandes recuerdos del Mundial del 62 (el primero que cubrí), en Chile, y el de México 70, en el que vi a Brasil, el mejor equipo que vi en mi vida.

Pero, ¿qué es el fútbol lindo?, se pregunta García Blanco. "Tanto acá como en Europa han separado la eficiencia de la estética;como si el fútbol eficiente no podría ser estético", se fastidia.

Hablará de la música como un verdadero cable a tierra en su vida. De tango, de flamenco, de jazz; aun cuando admite que vive uno de los peores momentos, en el que, asegura, el destino se empeñó en volcar sobre él un vendaval de infortunios.

Hoy no tiene trabajo García Blanco. Sus últimos destellos públicos fueron las transmisiones por Radio Nacional, como comentarista de Juan Carlos Morales. Y las apariciones como panelista de "Tribuna Caliente". El cambio de gobierno lo dejó sin lugar en la radio y un conflicto con Torneos y Competencias apuró su salida de la televisión. "Hay muchos que parecen haberse olvidado mi número de teléfono", dice dolido. Con un problema de salud que profundiza más su mal momento anímico. Es que en poco tiempo más deberá efectuarse un trasplante renal, que lo hará fuera del país. "Acá no hay medios suficientes, seguramente me iré a España. Es triste, pero es la realidad."

El Gordo García Blanco vive con su hija de 26 años y se confiesa abatido por la soledad y la melancolía: "La vida me ha castigado con una dureza inusitada en este último tiempo. Dicen que no hay mal que dure cien años, pero yo digo que no hay cuerpo ni espíritu que lo resista". Y cuando parece acorralado contra las cuerdas, respira profundo; rememora que a Ricardo Bochini lo vio hacer maravillas con la pelota y que el mexicano Finito López, campeón de los mínimos, no tiene la trascendencia que merece porque es chiquito. "A mí me deslumbra", sentencia. Casi como él -se podría decir- si hay que hablar del deporte y de la vida.

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