Gimnasia, con más lucha que juego, se acerca a Boca

Mostró oportunismo con Enría, Sava y Pereyra para superar a Lanús 3 a 1; Noce le desvió un penal a Capria
Claudio Mauri
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30 de octubre de 2000  

F uera de la cancha, Gimnasia podrá hacerse el distraído y evitar marearse con pretensiones mayores a su segundo puesto, pero dentro de un campo tiene muy en claro cómo quebrar a rivales indolentes y dubitativos de la talla de Lanús. Inclusive, esta nueva victoria, que le quita comodidad al liderazgo de Boca, muestra una superación del Lobo en aplomo, ya que que pudo manejar con autoridad el desenlace del partido y quedar a salvo de esos finales que les demandaron recuperaciones frenéticas, como le ocurrió en varios encuentros de este torneo.

¿Está para ser algo más que un perseguidor de Boca? Hasta los jugadores de Gimnasia deben hacerse esta pregunta cuando apoyan la cabeza en la almohada. Los momentos anímicos suelen ser determinantes en el fútbol y el conjunto de Griguol atraviesa una etapa de esplendorosa energía positiva. Lucha mucho, juega un poco y gana seguido.

Dentro de una estructura que privilegia lo colectivo, se acostumbró a depender del desnivel de algunas individualidades, como los goles de Sava y los penales de Pereyra (entre ambos hicieron 17 de los 26 tantos). Y ayer surgió otro sostén histórico, el arquero Noce, que con tapadas cruciales fue desanimando a un Lanús de escaso fuelle.

Es evidente que un par de semanas no le alcanzaron a Veira para armar una formación confiable y convencida de lo que puede. Hay intentos por resurgir y hasta se permitió poner en apuros a Gimnasia en más de un pasaje, pero las averías en la defensa son indisimulables y en ataque desparrama pólvora, con Capria, López y Klimowicz, sin encender la mecha.

Gimnasia no se animó mucho, a pesar de que Lanús regalaba pelotas en el medio por malos pases y Alvarez era fácilmente desbordable por el sector derecho. Cuando salían de la fricción, los visitantes abusaban con la búsqueda aérea para Sava; poco entraba en juego Messera, apenas testigo de los pelotazos que viajaban varios metros por encima de su cabeza. Tras los cinco minutos iniciales, en los que hubo un cabezazo de Sava contenido por Burela y un tiro libre de Capria que devolvió el travesaño, el partido se hizo tosco, con motines de volantes y defensores que hacían estallar la pelota por la alturas.

Encima, Lanús sumó otro motivo de preocupación: la inseguridad de Burela en las pelotas cruzadas. En la ocasión en que Messera se hizo cargo de la conducción, desde el medio dibujó la mejor acción, con toque y descarga con Enría y Dueña. Fue el preludio del primer gol, que no resultó tan impactante porque a Enría le bastó meter la cabeza en un desentendimiento entre Ciglic y Burela.

Para el segundo tiempo, Veira reemplazó a Alvarez; mandó a Zubeldía de marcador de punta, a Fernández Di Alessio de 8 e ingresó Kmet por la izquierda. Un mal movimiento de Gómez le dejó a Capria el terreno despejado para su zurdazo, que se desvió en Cufré y descolocó a Noce. Parecía que crecía Lanús, pero un foul innecesario de Ciglic a Sava le permitió desnivelar enseguida a Pereyra, de penal. Al ratito, Martín imaginó una falta de Sanguinetti a Klimowicz, y Noce se empezó a recibir de figura al desviar el penal de Capria.

La lentitud y fragilidad defensiva local dieron otra muestra en el gol de Sava, de media vuelta. Con el 3 a 1, Gimnasia reguló a gusto ante un Lanús desgastado. Hizo su negocio con más oficio que luces. Su numerosa hinchada infló el pecho para volver a cantar fuerte por un triunfo. Ellos quieren que su equipo los lleve hasta el alarido del título.

Una fiel multitud en el Sur

Un presente alentador, de triunfos y sueños de campeonato, provocó que un aluvión de hinchas de Gimnasia se acercara hasta la cancha de Lanús. Y los cerca de 10.000 fanáticos platenses festejaron no sólo los tres gritos de gol del equipo de Carlos Griguol, sino también el empate en cero de Boca con Colón, que lo deja a cuatro puntos y con un partido menos.

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