Jordan Spieth llega a Augusta para exorcizar sus demonios

Tras perder de manera increíble el título en 2016, espera dejar atrás esa pesadilla
Gustavo González
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3 de abril de 2017  

Con su caddie Michael Greller, Spieth hará lo posible para dejar atrás la amargura de 2016
Con su caddie Michael Greller, Spieth hará lo posible para dejar atrás la amargura de 2016 Fuente: AP

Jordan Spieth vuelve a Augusta convencido de que cuando el Masters 2017 acabe, se disiparán finalmente los demonios que lo rodean desde su debacle en la versión 2016, cuando se perdió inexplicablemente su segundo triunfo consecutivo tras liderar la última vuelta con cinco golpes de ventaja.

El texano de 23 años sabe que el gran interés de los aficionados estará puesto sobre su actuación. “No importa lo que suceda este año –había dicho el mes pasado–. Tanto si gano la chaqueta verde como si no puedo pasar el corte o si termino trigésimo, será muy bueno dejar atrás este Masters. El campeonato permanece vivo durante un año, y atrae mucha audiencia que normalmente no sigue al golf. Cuando el torneo llegue a su fin –seré brutalmente honesto– todo habrá terminado”.

Jordan Spieth ayuda a Danny Willett a ponerse la chaqueta verde en Augusta 2016
Jordan Spieth ayuda a Danny Willett a ponerse la chaqueta verde en Augusta 2016 Fuente: EFE

Spieth será escudriñado especialmente en el hoyo 12, par 3, conocido como la Campana Dorada. Ya en los ensayos se verá si le han quedado secuelas de lo sucedido 12 meses atrás. Fue allí que puso dos pelotas en el agua y emergió con un cuádruple bogey 7, perdiendo la delantera, y acabó marcando 5 sobre el par. En el cierre de la vuelta final, su tarjeta tenía tres golpes más que la de Danny Willett, al cabo vencedor. Fue considerado uno de los más grandes colapsos en la historia del torneo, similar al sufrido por Greg Norman en 1996.

Sin embargo, Rory McIlroy, que en 2011 sufrió un drama similar, asegura que los demonios no se esfuman tan fácilmente. “Piensa que nunca más le preguntarán por ello, pero no es así”, señaló el norirlandés. “Probablemente esa sea la manera en la que él enfrenta la situación, pensando que no puede esperar a que todo termine de una vez. Pero a mí todavía me preguntan qué fue lo que sucedió en el 2011”.

En ese momento, McIlroy llevaba cuatro golpes de ventaja en la última ronda del Masters, y en tres hoyos perdió seis golpes. El sudafricano Charl Schwartzel se quedó con el triunfo y el Pato Angel Cabrera acabó séptimo, por delante de McIlroy, finalmente décimo. “Es algo a lo que hay que acostumbrarse. Sucedió y no desaparece, siempre estará allí”.

Spieth asegura que interiormente exorcizó su demonio en su primera visita al hoyo 12 en diciembre pasado. “Fue como si no tuviera ninguna chance de dejarlo así. Fue hoyo en dos. Cerré el puño, lo festejé, y salí caminando con las manos en alto, como si el fantasma se hubiera ido”, relató. “Al día siguiente competí y con un hierro 9 la pelota aterrizó un metro más allá del hoyo, muy suave, se deslizó hacia atrás y casi entra. Así que tuve dos en dos en mi primer regreso”.

En tres participaciones, Spieth ganó un Masters, el de 2015, y fue segundo en los dos restantes. Hasta la tercera ronda del 2016, completó un record de siete jornadas consecutivas liderando el score. “El foco de atención está puesto en Augusta, creo que tenemos el poder de fuego y la mentalidad como para lograr el éxito”, asegura. “Posee una gran chance de volver a ganar este año”, acepta McIlroy.

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